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“Máxima tensión” en la Generalitat: Mas veta al secretario de seguridad que eligió Puig
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LAS ‘FAMILIAS’ DE CONVERGÈNCIA SE DECLARAN LA GUERRA

“Máxima tensión” en la Generalitat: Mas veta al secretario de seguridad que eligió Puig

Algunas instancias del Gobierno catalán parecen los reactores de la central de Fukushima. Es decir, son potenciales focos de inestabilidad. Dos motivos provocan la conmoción en

Foto: “Máxima tensión” en la Generalitat: Mas veta al secretario de seguridad que eligió Puig
“Máxima tensión” en la Generalitat: Mas veta al secretario de seguridad que eligió Puig

Algunas instancias del Gobierno catalán parecen los reactores de la central de Fukushima. Es decir, son potenciales focos de inestabilidad. Dos motivos provocan la conmoción en las filas de Convergència Democràtica de Catalunya (CDC): en primer lugar, el presidente autonómico Artur Mas ha limitado el poder del sector soberanista que le aupó a la cúspide del poder; en segundo lugar, hay familias nacionalistas que se han declarado la guerra. La animadversión es tal que, según fuentes consultadas por este diario, las relaciones entre el equipo de Presidencia y el de Interior se encuentran en el punto de “máxima tensión”. Y el asunto adquiere especial relevancia si se tiene en cuenta que el Ejecutivo no ha cumplido todavía sus primeros 100 días de vida.

En otras palabras, la Generalitat afronta en estos momentos problemas que, objetivamente, debieron superarse tras el resultado cosechado en las elecciones autonómicas del 28 de noviembre. No ha sido así. Prueba de ello es que el cargo de secretario de seguridad del Gobierno está todavía vacante. “No es un cargo cualquiera -señala a El Confidencial una fuente solvente-. Tiene más peso político del que parece. Y su importancia se puede calibrar por dos factores: primero, que los secretarios de Seguridad y de Prisiones son los únicos, aparte de los consejeros, que viajan con escolta. Y segundo, que estos dos cargos suelen despachar directamente con el presidente de la Generalitat”. Esta fuente subraya que el responsable de Seguridad “es el que marca las directrices de la política de seguridad del Gobierno, además de llevar el día a día de las operaciones de los Mossos d’Esquadra”.

En la pasada legislatura, el secretario de seguridad era Joan Delort, un hombre que se había forjado en las instancias gubernamentales con Convergència pero que fue mantenido, e incluso ascendido, por el Tripartito. Solía hablar frecuentemente con el ex presidente José Montilla. Cuando el líder de ICV, Joan Saura, se hizo cargo del área de Interior y nombró secretario general del departamento al ex portavoz ecosocialista Joan Boada, éste intentó controlar el área policial. Le fue imposible. Delort y él ya habían tenido sus más y sus menos en el Ayuntamiento de Gerona, donde coincidieron años antes, pero el apoyo de Montilla se lo impidió.

Con la llegada nuevamente de CiU, había posibilidades de que Delort continuase, pero finalmente fue el segundo de Artur Mas, Felip Puig, quien se hizo cargo de Interior. Puig ambicionaba una consejería económicamente potente: su mirada estaba puesta en la que hoy lleva el nombre de Territorio y Sostenibilidad (la antigua Política Territorial y Obras Públicas), de la que ya se había hecho cargo en los últimos años de gobierno de CiU, a principios de la pasada década. Sin embargo, una oportuna comida entre Mas y algunos empresarios de la construcción acabaron con las esperanzas de Puig de acceder a ese sector, según fuentes consultadas por este diario.

El número dos de CDC incluso amenazó con irse dando un portazo. Y que el secretario general adjunto del partido que acaba de ganar las elecciones abandone con malas formas hubiera conllevado un pésimo comienzo de legislatura. Por ello, al final le convencieron para que aceptase la Consejería de Interior.

El pulso de Felip Puig

Una de las primeras decisiones tomadas por Puig fue la de anunciar que el nuevo secretario de seguridad sería Xavier Crespo, alcalde de Lloret, un hombre de su total confianza. Tanto, que el entonces alcalde envió una carta a todos los trabajadores del ayuntamiento anunciando la buena nueva y despidiéndose. E incluso pidió al Parlamento catalán que le diesen de baja como diputado, ya que el cargo de secretario de seguridad no es compatible con el acta parlamentaria.

Según algunas de las fuentes, “Artur Mas no puede ni ver en pintura a Xavier Crespo”, señala a El Confidencial una fuente interna de Convergència. Una de estas fuentes subraya que el anuncio de Puig de nombrar al alcalde de Lloret “fue un pulso a Mas. Quería marcar su territorio, decir que allí manda él. Y por eso se apresuró a hacer públicos enseguida sus nombramientos y, especialmente, dijo que Crespo iba a ser el próximo secretario de seguridad”.

Otras fuentes internas del partido apuntan a que en el organigrama de Mas figuraba como nuevo consejero de Interior Francesc Homs, que ahora es secretario general de Presidencia. Y Homs iba a recuperar para el departamento a altos cargos que había tenido el último consejero convergente, Xavier Pomés. Puig, sin embargo, “se negó a aceptar ni un solo nombre de la etapa de Pomés, ni un solo nombre que pudiese formar parte del equipo de Homs, por lo que propuso su propio equipo. De ahí nació la batalla entre Presidencia e Interior que nadie sabe cómo acabará”.

Lo cierto es que el pulso le salió dislocado a Puig. De Presidencia salió la orden de que el alcalde de Lloret no llegase a la Administración autonómica y el consejero tuvo que ceder. Delort, que durante unas semanas fue responsable de seguridad en funciones, fue finalmente destituido y pasó a ser asesor del Departamento, pero el cargo institucional que ocupaba quedó vacío.

La batalla interna entre pesos pesados de Convergència se ha saldado, pues, con una victoria del presidente Mas, pero también es cierto que ha provocado que el distanciamiento entre Artur Mas y Felip Puig sea cada día mayor. El actual consejero de Interior estaba acostumbrado a ser el hombre fuerte de Convergència, primero como portavoz parlamentario y después como secretario general adjunto. Eran los tiempos de buena sintonía con el líder de la formación, Artur Mas. Pero las autonómicas, por paradójico que pueda sonar, catalanas acabaron con esta luna de miel.

Algunas instancias del Gobierno catalán parecen los reactores de la central de Fukushima. Es decir, son potenciales focos de inestabilidad. Dos motivos provocan la conmoción en las filas de Convergència Democràtica de Catalunya (CDC): en primer lugar, el presidente autonómico Artur Mas ha limitado el poder del sector soberanista que le aupó a la cúspide del poder; en segundo lugar, hay familias nacionalistas que se han declarado la guerra. La animadversión es tal que, según fuentes consultadas por este diario, las relaciones entre el equipo de Presidencia y el de Interior se encuentran en el punto de “máxima tensión”. Y el asunto adquiere especial relevancia si se tiene en cuenta que el Ejecutivo no ha cumplido todavía sus primeros 100 días de vida.

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