ASÍ VUELVE LA VIDA TRAS DOS MESES DE COVID-19

"Tenemos 120 reservas": lista de espera y EPI en la reapertura de chiringuitos de Málaga

Los pescaítos vuelven a las terrazas y restaurantes de la ciudad andaluza. Hay temperaturas veraniegas y los camareros están equipados con mascarillas y guantes en algunos casos

Foto: Adolfo, gerente del restaurante El Balneario (Baños del Carmen de Málaga), junto a otros operarios, este martes. (Toñi Guerrero)
Adolfo, gerente del restaurante El Balneario (Baños del Carmen de Málaga), junto a otros operarios, este martes. (Toñi Guerrero)

En realidad el primer día, el auténtico Día D, tras el estado de alarma. Ya se sabe que un lunes no es el mejor día para probar pescado. Tampoco el célebre pescaíto andaluz y mucho menos en Pedregalejo (Málaga), uno de los paraísos de este manjar popular que cuenta con los espetos de sardinas como plato autóctono y favorito.

En este coqueto barrio marinero, hay lugares tan míticos como el Balneario, en los Baños del Carmen, que todavía no han abierto. Adolfo tiene 77 años y es el gerente. Se encarga de coordinar todo el montaje de la reapertura. “Me moriré en los fogones”, remarca. El termómetro marca 25 grados.

Están cambiando el suelo del interior. El anterior tenía 50 años. En esta obra, al picar, se han dado cuenta del anterior, de hace casi un siglo. Se nota que el local ha estado dos meses sin utilizar. Han tenido que limpiar a fondo todo. La suciedad, el salitre y los vientos han puesto de su parte.

“Ya tenemos reserva para 120 personas. Teníamos muchas ganas de abrir”, asegura. La plantilla es de 60 personas y 30 se incorporarán ya este jueves en este lugar que presume de una de las mejores vistas de la bahía de Málaga, privilegiado rincón de uno de esos atardeceres que no se olvidan.

Espetero de Pedregalejo, con protección anticovid-19. (Toñi Guerrero)
Espetero de Pedregalejo, con protección anticovid-19. (Toñi Guerrero)

Pepi Galdeano se pasó media vida junto a su hermana Francis al frente del restaurante El Lirio, cerrado en 2017 tras 90 años de historia, un drama para todos los clientes, amigos, una hermandad fraterna que se reunía en su terraza para disfrutar de sus exquisiteces. El Lirio ahora se llama La Calle Burguer y por ahora solo sirven cervezas y refrescos. En un par de días, empezarán a servir sus hamburguesas.

“Ayer por la tarde sí vi a mucha gente. Hoy espero que no haya problemas”, explica Pepi, que está mirando la vida desde una casita de dos plantas, su hogar anexo al antiguo Lirio. A 500 metros de aquí, avanzando el paseo marítimo El Pedregal en dirección a El Palo, el atardecer de este lunes se convirtió en un remolino de público, sobre todo adolescentes y veinteañeros, casi ninguno con mascarilla y sin respetar la distancia de seguridad.

"Ya era hora de que abrieran"

“Claro que echo de menos El Lirio, pero también estoy muy a gusto, muy relajadita”, asegura esta mujer feliz asomada a la ventana, antes de dar el parte de los restaurantes de la zona que ya están funcionando. “Los Espigones no abre. El Caleño no lo sé. La Peña de Pedregalejo está cerrada y El Cabra, tampoco. El Maricuchi y el Morata sí han abierto”.

José y Priscila, de unos 40 años, son vecinos de la zona. Intentan evadirse un rato de su realidad. Les han afectado los ERTE. “Lo estamos pasando bastante mal. Ya era hora de que abrieran. Esperamos que se solucione lo de nuestra empresa antes de Navidad”, explican.

Familia tomando pescaíto en el restaurante Morata de Pedregalejo. (Toñi Guerrero)
Familia tomando pescaíto en el restaurante Morata de Pedregalejo. (Toñi Guerrero)

El Morata es otro de los clásicos. En una mesa media docena de personas pertenecientes a la misma familia canta el cumpleaños feliz. El chaval acaba de cumplir 16 años. Le han regalado unas zapatillas deportivas y tres camisetas. Enseña una roja de Calvin Klein. Han almorzado varios platos de rosada con alioli. El espetero viene a la mesa con las sardinas. Viene con pantalla protectora y guantes.

“Teníamos muchas ganas de que volviéramos a salir, pero hay que seguir teniendo mucho cuidado”, explica un familiar del cumpleañero. Antonio, que se encarga de la caja, es el dueño del Morata. “Estamos muy liados, porque estamos empezando”. Las dos personas en la cocina y las tres que atienden la terraza (con el espetero también) se han incorporado.

Una señora quiere pagar las dos cañas que se ha tomado. “Me alegro de veros”, dice ella. “No, no me las pongas. Que ya me las he tomado y he pagado. ¡Gracias!”.

—¿Esto va a la plancha o frito?

Espetero del restaurante Maricuchi de Pedregalejo. (Toñi Guerrero)
Espetero del restaurante Maricuchi de Pedregalejo. (Toñi Guerrero)

Andrés es el dueño del Maricuchi, en servicio desde 1994. Está jugando con su nieto, Juan, que en agosto cumplirá tres años. Juan Antonio Carretero es el hijo de Andrés. Lleva una mascarilla verde, de la Legión. “Estos meses han sido muy malos, muy ‘aburrío’. Ha sido desesperante. Lo que ha pasado aquí no se lo iba a imaginar nadie, y sin cobrar un euro”.

"Es un rollo poner una terraza al 50%, pero yo creo que van a venir unos meses muy buenos. Todo está reservado para estos días"

Sus camareros no han cobrado todavía el ERTE. Son seis en plantilla (tres en cocina y tres atendiendo), sin contar su padre y él. Siempre cierran un mes desde después de Reyes a principios de febrero. Este año también lo hicieron, pero en 2021 no lo harán para recuperar lo perdido. Antes cerraban los lunes y no lo van a hacer este año. Tiene pensado un plan de turnos y las mesas ya están separadas conforme a la norma.

“Hay que aprovechar los meses de verano. Yo creo que van a venir unos meses muy buenos. Todo está reservado. Es un rollo poner una terraza al 50% y a mucha gente le tengo que decir que se levante porque hay muchas familias que quieren comer también y ese es el problema. Y a clientes nuestros de toda la vida no les puedes decir que se levanten”. En Maricuchi, las coquinas y los calamares están en su punto.

El Cabra y el nuevo local Frida Pahlo, en Pedregalejo. (Toñi Guerrero)
El Cabra y el nuevo local Frida Pahlo, en Pedregalejo. (Toñi Guerrero)

A la altura de El Cabra aparece Emilio, un pintor de bares, como él mismo se define. No quiere fotos. “A ver si sigue así tranquilito, que no haya tantas aglomeraciones”, reclama el hombre. Junto al restaurante La Paloma, que aún no está abierta, se erige un nuevo local se llama Frida Pahlo y lleva como segundo ‘apellido’ Martes 13. Pedro Trillo, de 36 años, enseña el lugar, que no será refugio de pescaítos, sino de comida fusión, “vanguardista”.

“Esto es una incertidumbre total. La normativa cambia y veremos a ver cómo sale todo”, dice Trillo, que está muy orgulloso de la pintura en la pared en homenaje a la artista mexicana que se ve desde la esquina de la calle Menita, donde el olor a sardina se entremezcla con este Mediterráneo ya feliz en transición hacia la 'nueva normalidad'.

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