LOS HECHOS SUCEDIERON EN DICIEMBRE

"Es que no veas cómo vienes...": el supuesto abuso de 'La manada militar' de Antequera

La soldado denuncia la violación por dos compañeros de cuartel. "Sospechamos que fueron más", subraya su abogado. El Togado Militar presiona para que el caso se aleje de la vía civil

Foto: Entrada a Bobadilla estación, lugar donde se produjo la violación denunciada por la Policía. (EFE)
Entrada a Bobadilla estación, lugar donde se produjo la violación denunciada por la Policía. (EFE)

Un cóctel de cervezas (cañas y quintos) y también copas sirvió de preámbulo a la violación que denuncia la soldado. El sargento y el cabo mayor se acercaron a la militar "más de lo debido". Le acariciaron la pierna. Ella se sorprendió. Otra mano le tocó su muslo. Dio un manotazo y empezaron a decirle al oído: "Es que no veas como vienes". La denunciante, policía del Ejército español, malagueña de 35 años, destinada en el acuartelamiento aéreo de Bobadilla (Antequera), cree que le echaron algo a la cerveza, que fue drogada.

El abuso sexual de 'La manada militar' de Antequera se produjo en la madrugada del 10 de diciembre y empezó de esta manera. Celebraban la festividad de la patrona Virgen de Loreto del Ejército del Aire. La fiesta empezó al mediodía y a las 16 horas se fueron al pub Gabana de Bobadilla Estación para continuar con la diversión "y tapear algo", según consta en la denuncia presentada en Antequera el pasado 12 de diciembre. La soldado dio positivo en un test de detección de sustancias. Se ha extraído el ADN de nueve soldados para cotejarlo con el de la denunciante.

Se dio cuenta de que la cerveza tenía "un sabor amargo". Fue al baño, dejó el botellín en la barra y al volver le confesó a un compañero que se había sentido muy incómoda. "Como un cacho de carne". Esta frase está escrita en el atestado en mayúsculas. A partir de ahí, solo recuerda haber ido al baño del acuartelamiento de madrugada, donde se da cuenta que tiene "las medias puestas y se las quita".

Sin relaciones sexuales consentidas

El caso tuvo un antecedente: septiembre de 2017. Uno de sus compañeros, la cogió por el pasillo, la empujó hacia su habitación y empezó a besarla. A la soldado no le desagradó. Continuó besándola. Llegado el momento de las relaciones sexuales completas, el soldado la tiró sobre la cama, entró otro compañero y ella aprovechó para salir de la habitación. La militar dijo, de manera expresa, que no quería tener relaciones sexuales.

Vista del bar de Bobadilla, perteneciente a la localidad malagueña de Antequera. (EFE)
Vista del bar de Bobadilla, perteneciente a la localidad malagueña de Antequera. (EFE)

El soldado fue en su busca. La volvió a empujar a la habitación. Ella aceptaba los besos, pero no más. Se produjeron tocamientos. Él insistía. Se bajó los pantalones e intentó el sexo anal con la soldado, que no se dejó. La militar tenía la regla, manchó la cama y el suelo y él le recriminaba que lo hubiera llenado "todo de sangre".

La militar pidió que no contase nada a nadie, que no quería que su reputación resultase dañada, ya que era "muy vergonzoso para ella"

La denunciante no quiso entonces dar conocimiento de los hechos. No lo hizo por vergüenza "y por lo que pudieran pensar el resto de sus compañeros sobre su persona". Incluso llegó a decirle a quien le empujó e intentó relaciones sexuales no consentidas, "que no contase nada a nadie, que no quería que su reputación resultase dañada, ya que era muy vergonzoso para ella".

El abogado de la militar, Javier Rincón, director del bufete Rinber Abogados, explica a El Confidencial que la militar fue atacada al menos por dos compañeros, "pero sospechamos que serán más". La soldado lleva un par de semanas de baja laboral y no quiere "saber nada del cuartel". Ha necesitado la asistencia y tratamiento de un psicólogo; e incluso también una sesión de hipnosis. También estaba previsto que se le realice una extracción capilar en el hospital Costa del Sol de Marbella "para poder determinar la existencia de sustancias inorgánicas en el cabello". El test detectó restos de semen en su pijama y medias.

Ampliación de la denuncia

El pasado 16 de enero la soldado se dirigió a la comisaría de Antequera para ampliar la denuncia del 11 de diciembre. Aseguró que estaba recuperando la memoria de lo que sucedió aquella madrugada. Entre "esos vagos recuerdos" consta cómo con la luz de la habitación encendida un hombre de tez morena la movía mientras la cogía del brazo "y le decía cosas".

Había otro hombre que estaba con la respiración muy profunda. "Notaba el contacto en su costado izquierdo y su cara, resultándole muy desagradable, pudiendo corresponder con un moratón en su pecho izquierdo así como la inflamación en su labio superior", explica la denunciante, que cree recordar que la habitación se encontraba a oscuras y que esta segunda persona era "más grande que la anterior".

El juzgado sigue practicando pruebas y dos testigos declararán en Sevilla. "El Togado Militar intenta torpedear nuestra defensa"

Fuentes cercanas a la investigación consultadas por El Confidencial subrayan que por el momento la única detención que se ha realizado en este caso está relacionada con la agresión sexual denunciada el pasado mes de septiembre. "Hasta ahora no ha habido medidas cautelares contra ninguno de los que estaban allí esa noche", explican estas fuentes.

El Juzgado Togado Militar está presionando, según Rincón, para que el caso se circunscriba al ámbito militar y no al civil. El abogado de la víctima presentó el pasado jueves un escrito solicitando la inhibición del juzgado de Sevilla en favor del Togado Militar de Málaga. El juzgado sigue practicando pruebas y dos testigos declararán en Sevilla.

"Aquí hay un claro problema de competencias que intenta resolver el Togado, que no va a permitir muchas pruebas. Las penas son bastante más leves que si fuera por lo civil. Lo que quieren es torpedear nuestra defensa", subraya el director de Rinber Abogados.

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