Nos divorciamos más mayores y con menos bronca: 6 gráficos que resumen 40 años
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TEMIERON UNA AVALANCHA DE SEPARACIONES

Nos divorciamos más mayores y con menos bronca: 6 gráficos que resumen 40 años

Este año se cumplen cuatro décadas desde que los españoles pueden decidir poner fin a sus relaciones matrimoniales, aunque la norma ha ido evolucionando a la par que la sociedad

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“Hemos conseguido derribar una importante barricada”. Con esas palabras, el ministro de Justicia Fernández Ordóñez anunciaba hace ahora 40 años la aprobación de la Ley 30/1981 que permitía, después de cuatro décadas de dictadura, poner fin a los matrimonios mal avenidos.

Las palabras del ministro de la UCD hacían referencia a las presiones y polémicas que rodearon la medida, sobre todo desde los sectores más conservadores. Como ocurriría después con el aborto o el matrimonio homosexual, consideraban que, de regularse, una avalancha de parejas iría al juzgado a dar por terminada su convivencia. Algunos expertos llegaron a cifrar la hecatombe en 500.000 parejas rotas. Sin embargo, al año siguiente de aprobarse la norma, solo 21.000 parejas habían acudido a los tribunales (menos de 10.000 en 1981, aunque se aprobó en julio).

“Los partidos de la derecha fueron los que más se opusieron, porque consideraban que atentaba contra nuestro modo de vida, influenciado por el catolicismo, y alegaban que todos lo iban a hacer. Obviamente, no fue así”, apunta Mariló Lozano, presidenta de Aeafa (Asociación Española de Abogados de Familia). Hasta ese momento, solo la Iglesia podía dar por finalizada una relación matrimonial. “Por aquel entonces, había solo 60 o 70 abogados de familia en toda España, y la Iglesia amenazó con no dejarles ejercer en los tribunales eclesiásticos si llevaban casos de divorcios”.

La tasa de divorciados ha pasado del 0,6% en el 81, cuando se aprobó la ley, al 8,4% de hoy

Del 0,6% de personas divorciadas o separadas que había en 1981, ahora representan el 8,4% de la población adulta, según el barómetro del CIS. No solo la sociedad ha cambiado desde entonces, también la regulación para divorciarse se ha ido adaptando al pulso social. De hecho, el ascenso en el número de parejas divorciadas fue muy gradual debido a que la ley del 81 era, a pesar de su polémica, todavía restrictiva en muchos aspectos: o se alegaba una causa para pedir el divorcio (adiciones, maltrato, incumplimiento de las obligaciones maritales…), o se demostraba una separación en la convivencia de entre uno y cinco años, según el supuesto.

"La causa más recurrente era la infidelidad, pero tenía que demostrarse. Por eso, muchos recurrían a detectives o a testigos, para tener pruebas", añade Lozano, quien reconoce que con el tiempo se relajaron los condicionantes. "Llegó un momento en que los jueces sustituyeron la causa por un ‘cajón de sastre’ que fue lo que se llamaba la ‘falta de afecto marital’. Ahí ya hubo menos problemas, aunque todavía había jueces que se negaban sin una causa objetiva".

Por ese motivo, hasta el año 2005, el número de separaciones superaba siempre el de divorcios. Pero la aprobación de la conocida como ‘ley del divorcio exprés’ cambió esa tendencia. La medida introducida por Zapatero acabó con la motivación para pedir el divorcio y con el paso previo de separación, lo que hizo que se revirtiese la tendencia, como puede verse en el gráfico anterior.

Además, al eliminar el condicionante de la causa, se redujo drásticamente la litigiosidad, tendencia que se mantiene en los últimos años. Desde 2013, primer año en el que este dato está disponible, los divorcios de mutuo acuerdo han subido de un 75% a un 79% en 2019.

La psicóloga María Hurtado ha estudiado los primeros casos que llegaron a los tribunales cuando se aprobó la ley del divorcio. “El porcentaje más alto fueron mujeres víctimas de violencia de género. Muchas no se atrevían a dar el paso de dejarles, era algo que se consideraba privado, del hogar, y se vieron respaldadas con la ley”, explica la coordinadora de AGS Psicólogos.

Aunque la sociedad ha cambiado mucho desde entonces, hay tendencias que se mantienen. Desde hace dos décadas, el segundo tipo de pareja que más se divorcia es la que lleva entre cinco y nueve años de matrimonio, entre un 20% y un 24% de los casos. Solo les superan los que llevan más de 20 años juntos (hay que tener en cuenta que aquí la muestra es mucho mayor, al incluir más parejas y más población).

“En esa fase es cuando se acaba la etapa del enamoramiento y ya se ha pasado a la convivencia, donde muchas parejas empiezan a buscar un modelo en común y con ello las obligaciones y la gestión de las parcelas individuales, que a veces entran en conflicto”, explica la psicóloga.

El segundo grupo que más se divorcia son las parejas de entre cinco y nueve años de relación

A la hora de dar el paso, lo más común es que sea de mutuo acuerdo, aunque si las dos partes no quieren, la mujer está ligeramente por encima a la hora de interponer la demanda. “Lo que vemos es que suelen estar empatados, pero las motivaciones sí cambian. En los hombres, ves que muchos lo hacen cuando tienen otra relación, son más acomodaticios. Las mujeres sí lo dejan más porque ya no aguantan”, explica la abogada.

En cuatro décadas, el estigma del divorcio se ha ido diluyendo poco a poco. Quien decide poner fin a su matrimonio ya no es señalado por las calles de su pueblo, ni es testigo de cuchicheos en los pasillos de su oficina. “El clásico ‘a saber…’ ya no se dice cuando ven a un divorciado en la gran mayoría del país. Hemos normalizado completamente algo que era impensable y ahora el problema a nivel judicial es más bien cómo coordinamos la variedad de familias reconstruidas, con hermanos de distintos matrimonios, pensiones, vivienda conyugal...”, explica la abogada.

Además, antes de pasar por el altar, lo más habitual ahora es tener más de una pareja, lo que también ha retrasado la edad media a la hora de casarse y, por tanto, de divorciarse. “Hace 40 años, la idea que se tenía es que una pareja era para toda la vida. Pero ahora tenemos tres de media: la mentalidad ha cambiado”, explica la psicóloga.

Las leyes en materia de divorcio siguen adaptándose a estas nuevas realidades. Este septiembre, sin ir más lejos, entrará en vigor una nueva medida que regulará, entre otras cuestiones, el uso y disfrute de la vivienda donde vive el progenitor con la custodia. En caso de que entre a vivir en ella la nueva pareja del progenitor que disfruta de la custodia, se deja sin efecto el disfrute del hogar que un día fue común. "Es un conflicto que se dio sobre todo durante la crisis, y que provocó una jurisprudencia que ahora se va a regular con la ley", apunta Lozano. La propia profesión de abogado de familia nació con la primera ley del divorcio, y, a día de hoy, abarca todo tipo de materias, no solo ligadas a las separaciones, también herencias, filiaciones o adopciones.

“Desde que entró en vigor hace 40 años, el divorcio es la noche y el día”, concluye la abogada. “Ahora ha llegado a la mayoría de edad, y como diría la canción… ¡Cómo hemos cambiado!”.

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