Contra el silencio inquisitorial que pretenden imponer Iglesias y Podemos
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EDITORIAL

Contra el silencio inquisitorial que pretenden imponer Iglesias y Podemos

Podemos y su manual del buen populista: atentar contra la prensa libre, erosionar su reputación, amedrentar a sus profesionales y amenazar a sus editores y propietarios

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Imagen: Learte

Todos los populismos autoritarios, sean del signo que sean, pretenden el mismo objetivo: reventar desde dentro los derechos y libertades en los Estados de Derecho con sistemas representativos y constituciones liberales. El procedimiento de destrucción de los principios de la democracia se sujeta siempre al mismo esquema: la erosión de las libertades desde el poder. Es lo que ha hecho Donald Trump en los Estados Unidos o Vladímir Putin en Rusia, y lo que perpetran Nicolás Maduro en Venezuela y Viktor Orban en Hungría.

Ocurre también en España a través de la acción corrosiva contra las libertades que impulsan determinados dirigentes de Podemos. En particular Pablo Iglesias, vicepresidente segundo del Gobierno, Irene Montero, ministra de Igualdad, Pablo Echenique, portavoz de su grupo parlamentario en el Congreso, y otros dirigentes de la organización que han creado y apadrinan un libelo digital denominado 'La última hora' que, dirigido eufemísticamente por una colaboradora directa de Pablo Iglesias, en compensación, seguramente, por otros favores personales, utilizan como punta de lanza para arremeter contra la libertad de prensa, que es la esencial en una democracia, y contra los profesionales de la información que la sirven.

El libelo digital de Podemos es meramente un instrumento de pretendida intimidación a los medios y de linchamiento a periodistas que —como El Confidencial y sus profesionales y, singularmente de entre ellos, el jefe de investigación José María Olmo— publican verazmente informaciones críticas que ponen en cuestión la solvencia y la autenticidad democrática de la organización morada.

Los ataques son aún más graves al provenir de un panfleto bajo el control de un partido en el Gobierno, sometido a las filias y a las fobias, de su máximo líder, el vicepresidente segundo


Esta arremetida contra la libertad de prensa —artículo 20 de la Constitución— y contra el secreto profesional de los profesionales de la información que la protege —artículo 20.1 d y 24.2 de la Constitución—, tratando de desvelar sus fuentes con manifiesta mendacidad, sería menos grave si no proviniera de un panfleto bajo el control de un partido en el Gobierno de España y sometido al criterio de oportunidad, a las filias y a las fobias, de su máximo líder, que es el vicepresidente segundo del Ejecutivo.

Pablo Iglesias, secundado por la camarilla en la que se ha convertido la dirección de Podemos, reclama y proclama el derecho a insultar, señala aviesamente a periodistas que le cuestionan o critican, utiliza información oficial a la que por su cargo tiene acceso para suministrar documentación falsa, mercancía editorial averiada y torticera, a través del libelo que formalmente dirige su amiga Dina Bousselham, y que se ha convertido en una plataforma de difamación en la que el anonimato de las presuntas informaciones que se publican y el sectarismo desaforado de los escribidores que colaboran componen un ejemplo de aparente periodismo que realmente es de naturaleza tabernaria y bronquista destinado a, mediante el ataque brutal, personalizado y falso, inducir al silencio temeroso a medios y periodistas.

Es conocida la auténtica obsesión de Pablo Iglesias por el control de los medios de comunicación. En su concepción, los ciudadanos no militan en partidos sino en el seguimiento de radios, televisiones y periódicos de tal manera que el control de estos se convierte en un objetivo estratégico de sus políticas mediante la coerción sobre sus profesionales independientes —señalándoles pública e inquisitorialmente— y propiciando fórmulas que cortocircuiten la libertad de prensa.

El líder de Podemos y sus adláteres cumplen así con la primera instrucción del manual del buen populista: atentar contra la prensa libre, erosionar su reputación, amedrentar a sus profesionales y amenazar a sus editores y propietarios. Y así se comporta un partido que ostenta cinco ministerios en un Gobierno presidido por el secretario general del PSOE y cuyo líder es el vicepresidente segundo, que es miembro de la Comisión delegada para Asuntos de Inteligencia que coordina los servicios de información, logrando así, en buena parte, lo que le exigió en 2016 a Pedro Sánchez: que el CNI dependiese de una vicepresidencia que él ejercería. Lo ha conseguido.

Es preciso que contra este populismo destructor de Podemos se produzca una reacción mediática, política y social. Está en juego la prensa libre y el entendimiento cabal de la democracia

El libelo de Podemos encaja a la perfección en la categoría de los instrumentos de desinformación que el Gobierno de coalición se ha propuesto combatir mediante la Orden del Consejo de Seguridad Nacional de 30 de octubre pasado que creó una Comisión Permanente que ahora tiene una espléndida ocasión de comenzar a actuar en defensa de libertad de expresión y de la veracidad informativa. Es preciso que contra este populismo destructor de Podemos que atenta, no solo contra las libertades de expresión y prensa sino también contra los fundamentos del sistema constitucional de 1978, se produzca una reacción mediática, política y social porque lo que está en juego con el ataque a la prensa libre y a los periodistas independientes es el entendimiento cabal de lo que significa una democracia. Y hoy son los medios, luego pueden ser las empresas, más tarde otros partidos políticos y, al final, las demás libertades de los ciudadanos.

Por lo que a este diario se refiere —con 20 años a sus espaldas y más de 170 trabajadores, comprometido con el derecho a saber de nuestros lectores y con las mejores prácticas deontológicas de la profesión periodística— nada de lo que diga o haga Pablo Iglesias y Podemos a través de su libelo digital le detendrá en su línea de comportamiento: publicaremos toda información veraz por comprometida que sea para cualquier poder público o de otra naturaleza. Y lo haremos solos o en compañía de los que deseen que en nuestro país no se cumpla el principio formulado por Edmund Burke según el cual "para que el mal triunfe solo se necesita que los hombres buenos no hagan nada".

Es el momento en nuestro país de situarse en el lado correcto de la historia: contra la intimidación, contra el linchamiento, contra la prepotencia y por la libertad de expresión que es la madre de todas las demás en una democracia digna de tal nombre. El Defensor del Pueblo debería, por eso, ser coherente con su misión porque la intromisión intolerable proviene desde los dirigentes de administraciones públicas. No seremos, en fin, sumisos al silencio gregario que Iglesias y Podemos, a través de su libelo digital, pretenden imponer. Y podrán comprobarlo por si aún no lo tuviesen claro.

Pablo Iglesias