DENTRO DE UN COLEGIO DE DISCAPACIDAD AUDITIVA

"Las mascarillas son una barrera para los sordos, necesitamos unas adecuadas"

Las personas con discapacidad auditiva se encuentran estos meses con otro aislamiento: las mascarillas no les permiten leer los labios ni entender a sus interlocutores

Foto: Una profesora imparte clase con una mascarilla no homologada en el Ponce de León. (Cedida)
Una profesora imparte clase con una mascarilla no homologada en el Ponce de León. (Cedida)

A simple vista, el recreo en el colegio Ponce de León, en Usera, no se diferencia del de cualquier otro centro madrileño. Los más pequeños corretean por las canchas deportivas mientras los adolescentes charlan en corrillos. A algunos, se les oye hablar tras las mascarillas; otros, se comunican mediante gestos. Porque en este centro de integración, un tercio del alumnado es sordo.

Esto ha supuesto una dificultad añadida al ya complicado curso escolar: “La mascarilla es una barrera de comunicación. Los chicos lo han pasado muy mal estos tres meses sin venir. Y lo siguen pasando, porque se sienten doblemente aislados dentro del aislamiento que produce ya esta situación”, explica su directora, Montserrat Pérez.

"Lo han pasado muy mal estos tres meses sin venir. Y lo siguen pasando, porque se sienten aislados"

Para una persona sorda, es fundamental ver los labios y la expresión facial. “Si solo vemos la expresión de las cejas, eso puede llevar a equívocos: no sabes si te estoy regañando o escuchando. Si no ven la cara apoyada por los restos auditivos o el lenguaje corporal, la comunicación se ve cortada”, añade tras una mascarilla rígida transparente.

Es la única solución que han encontrado, pero no es la ideal. Además de empañarse y ser demasiado rígida para llevarla ocho horas seguidas, no está homologada por Sanidad como mascarilla quirúrgica. “No protege más que una higiénica. Pero dentro de lo que hemos ido probando estos meses, es lo mejor que hemos encontrado. Esta misma mañana, me ha llamado otra empresa que fabrica otro modelo. Le he dicho que nos la mande y la vemos, pero necesitamos que Sanidad establezca algún tipo de requisitos para saber cuáles son seguras, porque mucha gente necesita una que proteja como una quirúrgica”.

"Necesitamos que Sanidad establezca los requisitos para saber cuáles son seguras"

Mientras habla, a su lado tiene lugar una obra de teatro para los más pequeños con motivo del Día Internacional de la Sordera en la que, precisamente, se aborda la situación de un sordo que no puede entender lo que le dice alguien con mascarilla. Es una estampa conocida por alumnos y profesores estos últimos meses. “Aquí vienen muchos menores cuyas familias no saben el lenguaje de signos. Se han pasado meses sin poder comunicarse bien con alguien, porque aunque durante el confinamiento intentamos llegar a todos y hemos hecho muchas veces de intermediarios, no siempre lo hemos conseguido”.

Derribando muros

Hasta hace 16 años, este centro, sito en una de las zonas confinadas de la capital, era un ‘gueto’ exclusivo de personas sordas. Ahora, solo un centenar tiene esta discapacidad de los 450 que van a clase a diario, desde Infantil hasta ciclos superiores. “Hicimos la integración a la inversa, incluyendo a los oyentes en el cole”, cuenta la directora.

De primero a cuarto de Primaria, la integración ha consistido literalmente en tirar muros. En lugar de tener una clase para alumnos con sordera y otra para personas oyentes, las han ido uniendo en aulas más grandes donde dos profesores imparten la clase de manera simultánea en los dos idiomas. Así, cada alumno sigue al que quiere. “Esto ahora nos ha venido bien, porque no hemos tenido que ajustar espacios ni ratios en muchas clases para mantener las distancias”, añade la directora del centro concertado, gestionado por la Fundación Montemadrid.

Salvo en el caso de inglés, los dos profesores que imparten clase a la vez son siempre los mismos para toda la clase. Así, el trasiego de un aula a otra no se convierte en un vector de contagio. La clase de música, por ejemplo, se realiza de manera 'online' dentro del mismo centro: en un aula, la profesora se conecta, y en otra, la siguen los alumnos.

Una profesora da una clase 'online'. (Cedida)
Una profesora da una clase 'online'. (Cedida)

“Creo que tenían muchas ganas de volver, sobre todo en Secundaria. Están un poco descolocados y en semipresencialidad es más complicado que se centren y sigan bien la clase”, cuenta Vicente, profesor de tecnología y matemáticas.

Muchas familias no conocen la lengua de signos y el colegio es el único lugar donde se comunican de manera fluida

Siguiendo el protocolo marcado por la Comunidad de Madrid, algunas de las clases se imparten en semipresencialidad, lo que supone una mayor dificultad para los alumnos con discapacidad auditiva. “Estamos adaptándonos para poder volver a la presencialidad total ya en octubre. Además de porque no todos tienen internet, porque la parte emocional y social es muy importante. Trabajamos mucho la comunicación, el trabajo en equipo, y todo eso se ha visto cortado de golpe”, añade.

El equipo de psicólogos, que no para de atender a familias con todo tipo de problemáticas desde que se cerraron las clases el curso pasado, está ahora centrado en reforzar los problemas de comunicación que afrontan tanto dentro como fuera del colegio. “Y aquí al menos todos saben lengua de signos. Los alumnos con sordera en institutos normalizados, sin recursos ni intérpretes, lo están pasando peor”, añade Pérez.

Montserrat Pérez, directora del colegio Ponce de León. (Cedida)
Montserrat Pérez, directora del colegio Ponce de León. (Cedida)

Cerca de un millón de sordos

El centro Ponce de León no está solo en esta petición. Una iniciativa en Change.org ha recopilado casi 100.000 firmas pidiendo también una mascarilla apta para personas con discapacidad auditiva. "Si homologan las mascarillas accesibles, podrán usarlas ya tanto mi familia como mis amigos (y ojalá muchas más personas), y yo podré volver a comunicarme con ellos. Nos ayudaría muchísimo a miles de personas sordas", considera Marcos, impulsor de la propuesta. "Es comprensible que al principio del todo no contaran aún con la homologación, la evolución del covid ha sido imprevisible para todos y homologar requiere sus pasos. Lo entendemos, pero esa excusa ya no nos vale. Ya llevamos meses de obligatoriedad de uso de mascarillas y seguimos igual".

En España, según una encuesta del INE de 2008, hay 1.064.000 personas con algún tipo de sordera, de las cuales solo un 3% utiliza la lengua de signos para comunicarse. La mitad del total son personas mayores, un colectivo que preocupa especialmente a la Confederación Española de Familias de Personas Sordas (Fiapas). “Las alarmas están puestas en los centros de salud y hospitales, donde hay mucha gente mayor con problemas auditivos que se ve incomunicada con las mascarillas”, explica Carmen Jáudenes, su directora. “No solo porque no pueda leerse la expresión, también porque reducen el volumen y distorsionan el habla, lo que es un problema para las personas que todavía tienen restos auditivos”, añade.

Tras probarlas con logopedas, ninguno de los modelos de mascarillas para sordos que hay ahora mismo en el mercado les convence. Ni las rígidas que llevan en este colegio, ni las que incorporan una ventana de plástico que deja ver la boca, ya que sus costuras permiten pasar las partículas de aire. Por eso se suman a la petición a Sanidad de homologar unas mascarillas que no aíslen a los sordos, además de más material e información accesible en lugares públicos para que no tengan que ir acompañados de amigos o familiares cada vez que necesitan hacer una gestión, como está ocurriendo desde marzo. “Tenemos que ponernos en su lugar”, reta Jáudenes. “Pensar que si los 'normoyentes' encontramos dificultades a la hora de relacionarnos estos días, cómo sería si, además, no oyéramos. Es una cuestión de empatía”.

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