el antecesor murió el pasado mes de abril

Justicia y el CNI se resignan a que el islam en España siga en manos de exiliados árabes

Ayman Adlbi, de 74 años, será elegido el sábado presidente de la Comisión Islámica de España pese a la oleada de críticas de responsables y comunidades musulmanas de el país

Foto:  Ayman Adlbi, nuevo presidente de la Comisión Islámica de España. (EFE)
Ayman Adlbi, nuevo presidente de la Comisión Islámica de España. (EFE)

Riay Tatary, médico, de origen sirio, imán y presidente de la Comisión Islámica de España (CIE), falleció el 6 de abril en Madrid, a los 72 años, a causa de la covid-19. Su sucesor, dentro de 24 horas, al frente del máximo órgano de representación de los musulmanes es prácticamente su doble.

Ayman Adlbi, médico de 74 años, de origen sirio, será, casi con certeza, elegido el sábado presidente de la CIE. Es el único candidato al cargo y, el 5 de julio, ya fue designado presidente de la Unión de Comunidades Islámicas de España (UCIDE), la federación musulmana con más peso en los órganos de dirección de la CIE.

La sustitución de Tatary por Adlbi al frente de la CIE demuestra el inmovilismo en esa institución creada hace casi tres décadas

Ambos, Tatary y Adlbi, estuvieron vinculados con Vanguardia Islámica, una corriente afín a los Hermanos Musulmanes, que luchó a brazo partido contra el régimen sirio de Hafez el Assad, el padre del actual presidente Bachar el Assad. Ambos se exiliaron en España a principios de los 70 aunque Tatary estudió primero en Oviedo y Adlbi lo hizo en Granada. Ambos son reacios a hablar con la prensa. Tatary afirmaba no tener móvil y Adlbi no responde a las llamadas.

Hay, sin embargo, alguna diferencia entre los dos septuagenarios sirios. Adlbi es el creador del Método Andalusí para aprender árabe, una lengua que él mismo enseñó en España y en algunas ciudades de Europa. Desde los puestos que desempeñó en UCIDE se volcó en la asistencia social a los musulmanes y, como imán, en el fortalecimiento de su espiritualidad, señalan algunos de los que se codearon con él estos años.

Ayman Adlbi.
Ayman Adlbi.

La sustitución de Tatary por Adlbi al frente de la CIE demuestra el inmovilismo en esa institución creada hace 28 años para velar por la aplicación y el desarrollo del Acuerdo de Cooperación que el Estado concluyó entonces con los representantes de los musulmanes. Por primera vez veían reconocidos sus derechos en un acuerdo que fue considerado como un modelo en Europa.

Hace tres décadas los musulmanes eran pocos en España, en su mayoría sirios, palestinos y jordanos que habían venido a estudiar, muchos de ellos aprovechando las facilidades que les otorgó el régimen de Franco, y se quedaron en el país que les acogió. También había entre ellos un puñado de españoles conversos como el psiquiatra malagueño Mansur Escudero que fundó y presidió Junta Islámica.

Treinta años después hay unos dos millones de musulmanes en España, sobre todo en Cataluña, Andalucía, Madrid y Valencia. La mayoría de ellos, algo más de un millón, son marroquíes o españoles de origen marroquí porque han adquirido la nacionalidad tras al menos diez años de residencia. También hay un buen número de paquistaníes, argelinos y senegaleses. Todos ellos apenas tienen peso en la CIE.

Ratbi, empresario del sector de la alimentación halal, es uno de los muchos que ha levantado su voz en vísperas de la elección del nuevo presidente

Los amos son los sirios “que poseen el poder y el dinero”, escribió el jueves en su página de Facebook Said Ratbi, de origen marroquí y miembro de la Junta directiva de la CIE. “Sus ministros son egipcios, palestinos, jordanos que cobran, trabajan y ocupan los ansiados cargos en los que se les obliga a velar por los intereses de sus amos”, añadió. “Los peones son un grupo de pobres marroquíes que carecen de capacidad en la toma de decisiones”. “La mayoría de los musulmanes no se identifican con la CIE ni depositan confianza ni expectativas en ella”, concluyó

Ratbi, empresario del sector de la alimentación halal (saludable a ojos del islam), es uno de los muchos que ha levantado su voz en vísperas de la elección del nuevo presidente de la CIE. Él no es uno de los tradicionales opositores al poder que ostentan en ella los árabes de Oriente Próximo, pero ante la sustitución de Tatary por su calco ha roto su silencio.

Entre la legión de nuevos disidentes críticos figura también Mohamed el Ghaidouni, que dirige la UCIDE en Cataluña. Diagnostica que “la enfermedad de la CIE es la falta de reconocimiento de los mecanismos democráticos del país en el que vivimos (…)”. En el otro extremo de España las comunidades musulmanas del campo de Gibraltar insistían en un comunicado que en las elecciones del sábado “no están garantizados los mecanismos de participación de todos (…)” y exigían su aplazamiento.

Estas voces se han sumado a las del histórico adversario de Tatary y su guardia de corps en la que figuraba Ayman Adlbi: Mounir Benjelloun, marroquí y presidente de la Federación Española de Entidades Religiosas Islámicas (FEERI) que lleva cuatro años boicoteando las reuniones de la CIE. “Hay muchas federaciones que han pedido que se aplace la cita electoral del sábado y si finalmente se celebra la impugnaremos ante la Justicia”, anuncia al teléfono. “Tatary y su sustituto pertenecen a una generación que no ha dado frutos”, sentencia.

Los representes de los musulmanes son probablemente los únicos líderes religiosos que en España padecen las injerencias del poder político

Tras 28 años al frente de la CIE Tatary y su equipo han obtenido pocos resultados. No consiguieron, por ejemplo, que a la gran mayoría de los 326.000 alumnos musulmanes de la enseñanza pública se les imparta clases de religión islámica –en Cataluña no hay ni un solo profesor- ni que en los cementerios haya zonas destinadas al enterramiento de los musulmanes, ni que se contraten a imanes castrenses en las unidades del Ejército, como Regulares, mayoritariamente musulmanas. Todos esos derechos están, sin embargo, reconocidos en el Acuerdo de Cooperación de 1992.

Los representes de los musulmanes son probablemente los únicos líderes religiosos que en España padecen las injerencias del poder político y de los servicios de inteligencia. “Me indigna la interferencia del anterior Gobierno de España en los asuntos de los musulmanes”, afirmaba en junio, en una entrevista con Islam News, el mallorquín converso Francisco Javier Jiménez, secretario general de la FEERI. La intromisión alcanzó su cénit en 2016 cuando el Ministerio Justicia impulsó un nuevo estatuto para fortalecer a Tatary al frente de la CIE entre cuyos responsables no hay, hoy en día, mujeres ni jóvenes.

En el Ministerio de Justicia y en el Centro Nacional de Inteligencia, los dos interlocutores de los musulmanes en España, son conscientes de que este inmovilismo de una CIE en manos de árabes de Oriente Próximo, que consagrará la elección de Ayman Adlbi, merma su representatividad, reconocen fuentes del Ejecutivo. Ahora bien, Tatary y su sucesor son imanes acomodaticios, poco reivindicativos y predican un islam moderado.

Por otra lado están Benjelloun y la FEERI a los que se le considera cercanos al gran movimiento enfrentado con la monarquía alauí

La alternativa sería que los marroquíes tomaran el poder en la CIE. Por un lado están todos aquellos marroquíes que, de cerca o de lejos, tienen vínculos con el Ministerio de Asuntos Islámicos en Rabat o con la formación islamista moderada (Partido Justicia y Desarrollo) que encabeza el Gobierno de Marruecos. Abrirles paso sería, en última instancia, entregar la CIE al palacio real marroquí. Sería arriesgarse a que, como ya sucedió en 2009 cuando la activista saharaui Aminatú Haidar hizo una huelga de hambre en Lanzarote, alguna entidad musulmana arremetiese contra el Gobierno español y defendiese los intereses marroquíes.

Por otro lado están Benjelloun y la FEERI a los que, pese a sus desmentidos, se le considera cercanos al gran movimiento islamista marroquí Justicia y Espiritualidad enfrentado con la monarquía alauí. Dejarles adueñarse de la CIE sería, a ojos de Interior, eficaz para luchar contra el terrorismo yihadista –son enemigos acérrimos de los salafistas- pero indispondría a las autoridades de Marruecos. “Cualquier opción marroquí sería ir de Guatemala a 'guatepeor”, comenta un miembro de la Comisión Asesora de Libertad Religiosa.

El sueño de la subdirección general de relaciones con las confesiones minoritarias del Ministerio de Justicia y del CNI ha consistido en que el islam en España esté en manos de conversos y que lo dirija una mujer que se sacuda de encima ese conservadurismo arcaico que lo impregna. Aunque hay mujeres protagonistas en el islam español como Isabel Romero, presidenta de Junta Islámica en Córdoba, o Amparo Sánchez Rosell, que encabezó el Centro Cultural Islámico de Valencia, no hay masa crítica suficiente como para que se apoderen de la CIE. Es un sueño inalcanzable.

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