Tensión entre los musulmanes españoles por la carrera para suceder al fallecido Tatary
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EL PRESIDENTE MURIÓ POR COVID EN ABRIL

Tensión entre los musulmanes españoles por la carrera para suceder al fallecido Tatary

Sectores ideológicos con poder religioso enfrentados pugnan en pleno covid por erigir al nuevo representante de la comunidad islámica ante las administraciones españolas

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Riay Tatary, en 2015. (EFE)

La muerte por coronavirus el pasado 6 de abril del que era presidente de la Comisión Islámica de España (CIE), Riay Tatary, ha supuesto un varapalo para dirigentes políticos, religiosos e institucionales del país, que habían encontrado un único interlocutor válido en representación de la comunidad musulmana y alguien con quien llegar a acuerdos. No en vano, ayuntamientos y comunidades autónomas de distinto signo político han alcanzado convenios con el órgano de gobierno de la comunidad islámica durante el mandato de Tatary. Bajo su liderazgo, por ejemplo, los musulmanes han conseguido implantar la asignatura de religión islámica en los colegios públicos y concertados que lo solicitan. Además, en los cuatro años en los que Tatary ha estado al frente, numerosos cementerios de titularidad municipal destinados al descanso de los cuerpos de los miembros de la comunidad han abierto sus puertas.

El fallecimiento, al mismo tiempo, ha generado un clima de preocupación en las fuerzas de seguridad, ya que la moderación del líder religioso y el respeto que generaba dentro de la sociedad musulmana eran clave para contener a otros líderes más radicales. Tanto dirigentes políticos como policías y guardias civiles de los servicios antiterroristas, por lo tanto, están ahora muy pendientes de quién será la persona que designe la Comisión Islámica como nuevo presidente, ya que de ello dependen las relaciones con la comunidad musulmana y la colaboración en la contención de elementos extremistas. Desde el Ministerio del Interior, de hecho, admiten que el asunto alcanza el rango de "cuestión de Estado".

Foto: El presidente de la Unión de Comunidades Islámicas de España, Riay Tatary. (EFE)

La identidad de quien estará al frente del organismo es una incógnita por dos motivos. Uno, porque la Comisión Permanente, formada por representantes de las diferentes federaciones islámicas del país y encargada de elegir al presidente, se encuentra bloqueada. La mayoría de sus miembros interpreta —posiblemente con intención de retrasar la renovación— que, según los estatutos, solo el máximo representante de la CIE podría convocarla, lo cual en estos momentos es imposible porque el que había está muerto. Otras fuentes, sin embargo, consideran que, ante la ausencia de presidente, los estatutos prevén que la Comisión Permanente pueda ser convocada por un tercio de sus componentes.

Actualmente, el órgano cuenta con 25 escaños, aunque solo 18 están ocupados, ya que la Federación Española de Entidades Religiosas Islámicas (Feeri) y otras dos organizaciones optaron en 2016 por no ocupar sus asientos. De hecho, recurrieron los estatutos por la vía civil, que rechazó el recurso, y posteriormente por la mercantil, que aún está pendiente de resolverse. El segundo motivo de que aún no esté claro el nombre del sucesor es esa tensión que existe entre las diferentes ramas ideológicas del islam que operan en España. Las tres federaciones díscolas mencionadas están enfrentadas con la Unión de Comunidades Islámicas de España (Ucide), que es la que aglutina más asociaciones y a la que pertenecía Tatary. Hasta tal punto estaban enemistadas que el fallecido presidente no ha tenido interlocución alguna durante la última década con el líder de Feeri —la segunda en apoyos populares tras Ucide—, Mounir Benjelloun. Ni siquiera cuando ambos encabezaban el órgano bicéfalo de la CIE que existía antes de la reforma estatutaria de 2016, que fue la que dio la presidencia a Tatary y desplazó a Benjelloun.

Posibles candidatos

La tirantez entre ambas agrupaciones, por supuesto, continúa aún hoy, tras la muerte del presidente de la Comisión Islámica de España. Este abogó durante su mandato por una organización apolítica, independiente del poder de España y, por supuesto, de Marruecos, que tradicionalmente ha ejercido una enorme influencia en la comunidad musulmana de la Península. Feeri, sin embargo, tiene una cúpula conformada por miembros del movimiento islamista marroquí Justicia y Caridad, cuyos líderes pretenden instaurar el califato en todos los territorios islámicos, entre ellos España. El nombre de esta organización fundamentalista, de hecho, ha aparecido en diversos informes de los servicios antiterroristas que describen las agrupaciones más radicales. Fuentes policiales consultadas por El Confidencial no tienen dudas de que la federación de Benjelloun tratará de 'asaltar' la CIE ahora que está vacante el puesto de presidente, extremo que en cualquier caso tampoco tiene fácil incluso con Tatary muerto.

Justicia y Caridad es actualmente un movimiento opositor al régimen marroquí, por lo que Benjelloun no contaría con el apoyo de Rabat en el caso de que quiera postularse abiertamente a la presidencia de la Comisión Islámica de España. Sí tiene más posibilidades de ser respaldado por el Ejecutivo marroquí el actual delegado en Cataluña de la CIE y presidente de Ucide Cataluña, Mohamed El Ghaudouni, que también es uno de los seis miembros de la junta directiva de la Comisión Islámica de España. Aunque ha sido leal a Tatary, está muy vinculado a Justicia y Desarrollo, el partido que sostiene el Gobierno alauí. Su poder dentro de la CIE, sin embargo, es muy limitado, a pesar de que en la comunidad autónoma que 'dirige' reside una cuarta parte de los musulmanes que hay en el país. La Generalitat de Cataluña nunca ha reconocido a Ucide como interlocutor y esto resta poder a la organización, ya que gran parte del valor de estas entidades se mide por su capacidad de influencia sobre la Administración.

placeholder Tatary, segundo por la derecha, ha mantenido unas relaciones normalizadas con todas las instituciones. (EFE)
Tatary, segundo por la derecha, ha mantenido unas relaciones normalizadas con todas las instituciones. (EFE)

De momento, según las fuentes consultadas, Marruecos le ha animado a buscar apoyos para sustentar su candidatura. Su vinculación con el Ejecutivo del país africano es tan estrecha que hace dos años el Gobierno alauí le ofreció hacerse cargo de una cartera ministerial, 'caramelo' que El Ghaudouni rechazó. El virtual aspirante a presidir la CIE tiene importantes negocios en España, relacionados la mayoría con la certificación de alimentación 'halal'. En estas iniciativas empresariales, El Ghaudouni tiene como socio a Said Ratbi, miembro también de la junta directiva de la Comisión Islámica, delegado en la Comunidad Valenciana y presidente de la federación de comunidades musulmanas de esta última región, Ciscova. Tanto este último como El Ghaudouni son promarroquíes y fueron colocados por Tatary para evitar oposiciones internas, pero ahora el escenario es diferente y ambos tendrían vía libre para movilizarse juntos —aglutinarían más poder— o incluso cada uno por su cuenta, lo que les daría menos posibilidades de enfrentarse con éxito a la oposición interna que seguro tendrán en su virtual carrera a la presidencia.

Otro potencial candidato, al menos según él mismo traslada a sus allegados, es Lahsen El Himer, imán de la mezquita de Granada y presidente de Ucide Andalucía. El pasado octubre, se presentó públicamente junto al arzobispo de Granada, Javier Martínez, para rezar juntos por la lluvia. El Himer, que se dedica profesionalmente a la edición de libros de texto en árabe, mantiene —según fuentes conocedoras de estos extremos— fuertes lazos con el Gobierno marroquí. En concreto, con el Ministerio de Asuntos Religiosos, uno de los más poderosos del país. En su contra, tiene que no está en posesión de la nacionalidad española, requisito indispensable —según los estatutos— para acceder a la presidencia de la Comisión Islámica de España, ni previsiblemente la tendrá en el futuro. La Dirección General de Registros y Notariado del Ministerio de Justicia, encargada de aceptar o denegar las nacionalidades, ha rechazado la petición de El Himer tras evaluar los informes presentados por la Guardia Civil, la Policía Nacional y el Centro Nacional de Inteligencia sobre el interesado, que de momento tiene que conformarse con el permiso de residencia para vivir en España.

Foto: Felipe VI saluda a los representantes de las comunidades islámicas en España. (Twitter: Casa Real)

Sí dispone de la nacionalidad el presidente de Ucide Ceuta, Laarbi Al lal Mateis, quien también es el líder del movimiento Tabligh en España, una organización predicativa islámica de origen indopaquistaní, apolítica, no violenta, pero sí radical en cuanto al cumplimiento estricto por parte de sus miembros del Corán y de la tradición. A pesar de ser presidente de Ucide, no tiene contacto alguno con las autoridades administrativas de las dos ciudades autónomas, aunque sí buenas relaciones con las fuerzas de seguridad. Suele aparecer en los medios y ha protagonizado algunas declaraciones polémicas sobre el papel de la mujer. Al lal Mateis, quien tendría interés en acceder a la presidencia —según las fuentes consultadas—, mantiene buena relación con el delegado de la Comisión Islámica en Ceuta, Hamido Baghdadi, quien tampoco descarta aspirar a la presidencia del organismo.

También es un potencial candidato el actual delegado de la CIE en Madrid, Mustafá Abdesalam, uno de los postulantes más jóvenes. Mantiene buenas relaciones con el Ayuntamiento de Madrid y con la comunidad autónoma. A pesar de llevar poco en el cargo, podría convertirse en un candidato de consenso porque es muy respetado dentro de Ucide, no tiene enemigos, es conocido por su buen trato y no arrastra mochilas. Además, reside en la capital de España, una característica muy valorada dentro de la Comisión Islámica, cuyos miembros en general consideran que tienen que tener un presidente que pueda tratar con las autoridades más importantes del país, ubicadas todas ellas en Madrid. Abdesalam, además, ostenta un alto cargo en una empresa de seguridad, lo que le da independencia económica. Mantenía una buena relación con Tatary, aunque no era su colaborador más cercano.

Foto: Musulmanes rezando durante el Ramadán. (EFE)

Esta última condición la ostentaba Mohamed El Ajana, actual secretario de la Comisión Islámica de España, miembro de la junta directiva y de la Comisión Permanente y el hombre que en la práctica está ejerciendo de cabeza visible de la organización tras el fallecimiento de Tatary. No sin poca oposición interna y a pesar de la paralización del proceso de sucesión, El Ajana está tratando de que el débil castillo de naipes que en estos momentos es la CIE se resienta lo mínimo posible en la compleja situación actual. La función que cumple, sin embargo, no implica que El Ajana sea candidato, pues de momento no se ha postulado. Tampoco lo ha hecho alguien que muchos consideran el aspirante perfecto para continuar la labor moderada de Tatary.

Se trata de Ayman Adli, un médico otorrinolaringólogo jubilado muy estrecho colaborador del fallecido presidente. Es miembro de la junta directiva de Ucide, aunque no de la Comisión Islámica. La comunidad musulmana y los dirigentes le consideran comedido y diplomático. Es partidario de promover un islam español en línea con el discurso que promulgaba Tatary y representa la continuidad de forma más clara. Su avanzada edad (74 años) y que él mismo no ha dado paso adelante alguno, sin embargo, le sitúan en un segundo plano. Algunas fuentes consultadas por El Confidencial aseguran que estaría dispuesto a postularse a modo de sacrificio por su comunidad.

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