ENTREVISTA A RAMÓN ESPINAR

"La dirección de Podemos es como el Titanic, tocará las palmas mientras el barco se hunde"

Ramón Espinar, exdirigente de Podemos y exsenador, señala que el sectarismo es la causa del descalabro. "Estar en el Gobierno salva a Pablo Iglesias de tener que irse a casa", afirma

Foto: Ramón Espinar.
Ramón Espinar.

Ramón Espinar (Madrid, 1986) decidió en enero de 2019 que ya no merecía la pena seguir en Podemos. Estaba desencantado con la deriva autoritaria del partido y la dirección, que en Podemos es como decir Pablo Iglesias, estaba desencantada con él. Así que Espinar renunció a su acta de senador, al acta de diputado autonómico en la Asamblea de Madrid y dimitió de su cargo de secretario general de Podemos en la Comunidad de Madrid. Cerraba así un ciclo político que se inició durante el 15-M y en el movimiento Juventud sin Futuro, organización de la que fue portavoz.

A lo que no ha renunciado Espinar es a valorar públicamente los vaivenes de un partido que, tal como admite sin tapujos, siente suyo y continúa votando. Tal vez por eso, sus opiniones son crudas y directas. Siente que Podemos se está desmoronando como un castillo de naipes, y el batacazo de este domingo en las elecciones autonómicas en Galicia y País Vasco es la penúltima señal.

PREGUNTA. Vista la dinámica electoral de los dos últimos años, ¿Podemos tiene solución?

RESPUESTA. En unas elecciones generales, siempre hay un plus hacia Podemos en ciertos sectores, y por lo tanto el resultado sería algo mejor que el visto en Galicia y País Vasco. Pero lo relevante es la tendencia. Lo que hemos dicho algunos tras estas elecciones es muy obvio: cuando tú lo haces todo mal, el resultado es malo. Cuando expulsas emocionalmente a la gente del partido, cuando conviertes los órganos de dirección no en foros de debate sino de aplausómetro, y además vas sustituyendo progresivamente el discurso de refundar el país por otro de partido político de nicho a la izquierda del PSOE, es evidente que el resultado no va a ser bueno. La tendencia electoral nos lleva de gobernar en más de 30 ciudades, de tener 70 diputados y más de cinco millones de votos, a lo visto el domingo. Las causas las hemos explicado 40 veces: un partido que pierde capital político desde su fundación porque expulsa a los distintos sectores y liderazgos que lo forman se termina quedando en los huesos, y al final lo único que queda es Pablo y su capacidad para afrontar una campaña electoral.

P. ¿En qué momento se despeñó Podemos?

R. El momento en que pensé que esto ya no tiene vuelta atrás es cuando Íñigo Errejón y Manuela Carmena presentan una alternativa por fuera de los cauces de Podemos y el partido decide no llegar a un acuerdo con la alcaldesa, siguiendo la misma política que con el resto de alcaldes del cambio: tratar de negociar cuotas e imponer modelos en lugar de amoldarte a las candidaturas locales autónomas. Eso rompió la baraja. Lo viví muy de cerca en Madrid, y no precisamente del lado de Íñigo y Manuela. Cuando vi que mi partido prefería dinamitar puentes antes que no controlar una candidatura me di cuenta que se estaba operando desde una lógica sectaria, autodestructiva y, como se está viendo, kamikaze.

P. ¿Le decía estas cosas a Pablo Iglesias?

R. Por supuesto, tú podías exponer tus ideas, otra cosa es cómo se las tomaran. En mi caso, nada bien en la última fase. Ya estaban en la tónica de ‘mejor solos que mal acompañados’, y discrepar te pasaba factura. Otro punto de inflexión que recuerdo es la llamada de un compañero que salía de una reunión. No diré el nombre para no perjudicarle. Me dijo ‘la apuesta es sumar con el PSOE, aquí no hay plan para los territorios ni para las organizaciones autonómicas sino solo intentar salvar el cuello y que den los números para gobernar con Pedro Sánchez. Es un horror’. Eso fue en la época de la ruptura con Íñigo y Manuela y con los principales ayuntamientos del cambio. Los perdimos todos menos el de Ada Colau. Con ella no se atrevieron. El otro que aguantó fue Kichi [José María González Santos, alcalde de Cádiz], pero porque se fue.

Ramón Espinar, en el Congreso de los Diputados, junto a la dirección de Podemos. (EFE)
Ramón Espinar, en el Congreso de los Diputados, junto a la dirección de Podemos. (EFE)

P. No entiendo qué gana el partido renunciando a ‘asaltar el cielo’, como dijo Pablo Iglesias, para convertirse en una muleta del PSOE.

R. Hay una lógica para esto que se aplica a Pablo. Con los resultados electorales del último ciclo, es evidente que te tienes que ir a casa salvo que entres en el Gobierno. Has perdido la mitad de los diputados de tu grupo parlamentario en el Senado, más del 70% de los diputados autonómicos y más de 30 ayuntamientos del cambio en los que ahora gobiernan el PSOE y la derecha. Esto, en la dirección de cualquier partido, es motivo para irte a casa. Aunque luego hagas esto que hicieron hace poco que es una especie de congreso durante el confinamiento en el que revalidaron el cargo y alteraron algunas normas como la limitación salarial o de mandatos. Claro, si haces esto formando parte del Gobierno, a ver quién es el guapo que en su propio partido monta una candidatura en contra de varios ministros de España. Nadie. Estar en el Gobierno te salva de tener que irte a casa por los resultados lamentables, a costa de convertir el espacio político del cambio en una gran mascarada que impide la reflexión interna. Cuanto más poder ha acumulado Pablo Iglesias y cuanto más sola ha estado la dirección, peores resultados electorales han tenido. Es un hecho.

P. Parece que el PSOE ha ganado la guerra.

R. Cometimos un gran error, y ahí me incluyo. Pensábamos que Pedro Sánchez no podía ganar la secretaría general del PSOE ni de coña, y nos dedicamos a decir que Sánchez era prácticamente de Podemos por mucho tiempo. Y cuando Sánchez ganó, le limpió al PSOE la cara de los años de la crisis de 2008. El PSOE tenía una incapacidad enorme para comunicarse con segmentos del electorado que le abandonaron sin intención de volver, y la figura de Pedro Sánchez, apoyada en que su competidor de votos en la izquierda le reconocía prácticamente como el portador de las virtudes de Podemos, le regaló al Partido Socialista un montón de espacio. Cometimos un gran error de cálculo. Luego el PSOE no ha hecho gran cosa en los últimos años para encontrarse en esta situación de prevalencia, pero sí ha hecho dos cosas muy importantes respecto a Podemos: ha preservado una identidad de partido sólida y ha mantenido una estructura orgánica que funciona, en lugar de autodestruirse y cambiar de disfraz cada diez minutos. Y esto nos lleva a que dos formaciones que casi llegaban al empate en los resultados electorales no solo han desempatado, sino que el PSOE ha logrado tener a Podemos sometido. En el corto plazo nada apunta a que el Podemos de Pablo Iglesias tenga ninguna posibilidad de disputarle la mayoría, solo de apelar al votante de izquierdas.

Acto de campaña de Pablo Iglesias y Miren Gorrotxategi en Durango. (EFE)
Acto de campaña de Pablo Iglesias y Miren Gorrotxategi en Durango. (EFE)

P. ¿Es posible un Podemos sin Pablo Iglesias?

R. El espacio político de refundación del país existe, pero no hay que hacerse trampas al solitario, no existe una energía social para eso. El ciclo de 2008 que arrancó con el 15-M ansiaba el cambio e iba mucho más allá de Podemos. El viaje de vuelta de eso es mucha frustración, en especial de la gente que votó con ilusión por nosotros y siente un desencanto. Esa ilusión no se recupera, la ilusión no es reciclable. Cuando se pierde, se va. Volver a ilusionar requiere de dirigentes distintos a los que hemos protagonizado el auge y la caída. Es difícil levantar en los mismos términos una herramienta política del tamaño de Podemos. Sí, podrá haber mucha gente dedicándose a la política profesionalmente en partido pequeños, pero no una alternativa de país de varios millones de votantes con capacidad de disputarle el gobierno al PSOE y al PP. Eso ya será una labor de generaciones nuevas, a las que ojalá podamos ayudar nosotros para que no cometan los mismos errores. ¿Pero nuestra ola, la mía, la de Pablo? Imposible. Solo hay que ver cómo hemos acabado personalmente entre nosotros para entender que es imposible recoser esto. Solo estará satisfecho con adónde nos ha llevado este proceso quien ha terminado de ministro, que lo verá todo muy bien y no querrá reconstruir nada con nadie.

P. Es asombrosa la capacidad de Podemos para desgastarse políticamente en asuntos de lo más pintoresco. El chalé de Galapagar, las cloacas, ahora la tarjeta SIM de Dina Bousselham…

R. Del asunto de Dina no voy a hablar. Es un asunto bastante feo de gente que ha sido muy amiga.

P. La pregunta era más genérica. Las andanzas de Pablo Iglesias, también de Irene Montero, es lo que define a Podemos más que sus acciones políticas.

R. Es un tema complejo. A veces los problemas personales en Podemos llevan a decisiones que se convierten en problemas estructurales para el partido, además de una forma muy estúpida. Eso tiene que ver con una organización muy joven y sin todavía mecanismos para defenderse de los errores de sus dirigentes. El error del líder es muy definitivo para Podemos. Esto en estructuras con más peso histórico no pasa.

Han conseguido su objetivo, que era quedarse ellos al frente sin nadie que les moleste

P. El hiperliderazgo, el melodrama, la victimización… Todo esto me recuerda mucho al estilo de hacer política del actual populismo de derecha.

R. En esta última fase de Podemos existe un núcleo de dirección muy pequeño, de muy poquita gente, que aplica lo de ‘más vale solos que mal acompañados’. Han conseguido su objetivo, que era quedarse ellos al frente sin nadie que les moleste. Pero cuando consigues eso debes enfrentarte a las consecuencias. Yo he aprendido muchas cosas de Pablo Iglesias, es una persona brillante y se aprende mucho a su lado, y una de las cosas que me enseñó es que en política hay que hablar claro. Y Pablo no puede rasgarse las vestiduras cuando se le juzga con palabras claras en lugar de hacerle la pelota. Él va de frente y tiene que asumir que los demás sean igual de duros con él, en lugar de buscar siempre culpables fuera. A mí me produce mucha tristeza porque Podemos logró ser una fuerza dirigente en la política española. Y la paradoja es que ha dejado de serlo cuando ha gobernado. Ahora gobierna, pero no dirige nada, cuando durante años no gobernaba pero dirigía la política.

P. Podemos ha anunciado un ejercicio de autocrítica para estos días con el fin de reconducir el rumbo. ¿En qué consistía la autocrítica cuando usted estaba ahí dentro?

R. Cuando yo estaba, en los órganos se debatía mucho. ¿Ahora? Mi impresión es que el órgano de dirección de Podemos es lo más parecido al Titanic, que tocarán las palmas mientras el barco se hunde. Pero ese es mi juicio y seguramente estoy siendo injusto con los compañeros. A pesar de todo, Podemos está aportando cosas muy positivas al Gobierno de España, y está claro que el resto de partidos ha mimetizado el discurso de Podemos en su favor. Por ejemplo, el Bloque Nacionalista Galego (BNG) y EH-Bildu en estas elecciones, con gran éxito. O Pedro Sánchez, el principal actor político que se ha mimetizado con el discurso de Podemos.

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