Orgullo en 1981 vs. 2020: 'Homosexualidad, aquí y ahora', casi 40 años después
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28 de junio, Día Internacional del Orgullo

Orgullo en 1981 vs. 2020: 'Homosexualidad, aquí y ahora', casi 40 años después

Repasamos con varios activistas, la realidad que vivían los colectivos LGTBI+ en España en los 80 y cuál es su situación actual

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Eduardo y Pablo Alborán. (EC)

—¿Perdonad, pensáis sacarme así en penumbras?
—Sí, en principio sí.
—Ah no. Yo no tengo nada que ocultar. Me llamo Eduardo y soy homosexual.

Con esta escena que se produce casi a oscuras arranca el reportaje que el programa Informe Semanal de Televisión Española emitió pocos días después de que se celebrase el Orgullo Gay del año 1981. Por aquel entonces, la televisión pública se aventuró a retratar cómo vivía su identidad un grupo de hombres homosexuales afincado en la capital. Los elegidos, o los que pudieron elegir, pues seguramente no fue fácil encontrar a muchos dispuestos a dar la cara solo tres años después de que se eliminasen "los actos de homosexualidad" de la Ley sobre peligrosidad y rehabilitación social, fueron hombres ahora calificados por los activistas como "valientes". Entonces, España estaba cambiando pero la huella del franquismo todavía persistía en algunas leyes y en muchas mentes.

"A los 13 años yo ya sabía que era homosexual, pero por presiones familiares, del colegio, de los amigos, esto dio lugar a que no me reconociera hasta los 21 años. Vivía en un ambiente de opresión familiar, puesto que mi padre pensaba que el homosexual era un corruptor", indica un joven, Eduardo de 24 años, a las cámaras de TVE. Él, vestido con su uniforme de trabajador de Renfe, atiende desde un andén a los periodistas para contarles su vivencia. Se atreve porque parece que se siente seguro, un hecho que casi 40 años después es alabado por los colectivos LGTBIQ+.

Foto: Cartel de la manifestación 'online' convocada por FELGTB y COGAM

"Está el caso extremo de los padres de un amigo mío que se suicidaron al saber que su hijo era homosexual", cuenta Eduardo después de que un hombre indique también a las cámaras de televisión que él cree que la homosexualidad es "una enfermedad" derivada del paro y que, otro, sostenga que le parece "un exceso" la jornada del Orgullo. "Me parece que no hay por qué presumir de una cosa que al fin y al cabo es una anomalía de la naturaleza", indica ante los reporteros un hombre de mediana edad con pelo negro y patillas canosas. Para él, en 1981 era el momento de empezar a dedicar una jornada a conmemorar el "orgullo machote".

En 2020, 39 años después de que la televisión recogiera estas declaraciones, la reivindicación de este día sigue existiendo en una pequeña parte de la sociedad e, incluso, desde partidos de extrema derecha, como España 2000, se ha llegado a convocar una manifestación el 28 de junio, Día Internacional del Orgullo LGTBIQ+, para reivindicar el Día del Orgullo hetero.

"Esto se repite cada año", indica ahora la activista donostiarra Blanca Ortega, representante B del grupo de Juventud de Gehitu. Para ella la jornada del Orgullo sirve para decir que el colectivo LGTBIQ+ es muy grande. "Somos muchas personas y somos normales", recalca. Además, Ortega explica que la cultura, la diversión y la fiesta es una manera de decir que "todos somos iguales". "También es orgullo heterosexual. La comunidad LGTBIQ+ hace su fiesta para celebrar que todos somos iguales en cuestión de sexo y género. ¿A qué ser humano no le gusta festejar?", añade.

Para Blanca el reportaje que RTVE emitió el año 1981 no plasma la realidad en la que vive ella ahora. Reconoce que pese a que los chistes y chascarrillos que comúnmente se producen entre la sociedad de los ochenta, que han desaparecido casi por completo en su entorno, el rechazo al colectivo sigue vigente. Sobre todo en el entorno familiar y el laboral.

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Participantes en el Orgullo de Barcelona en 2019. (EFE)


Como persona bisexual, Blanca explica que al comunicar su orientación sexual a su madre, esta mostró inicialmente rechazo. Sin embargo, con el tiempo la ha ido aceptando poco a poco, aunque todavía hay aspectos que no ve con normalidad. Blanca achaca esto a la cultura. "No se puede esperar que su generación haga ese cambio tan grande de mentalidad", indica la joven de 27 años.

En la misma dirección, aunque con la visión particular que le da edad, se pronuncia el presidente de la Fundación 26 de Diciembre que trabaja con mayores LGTBIQ+, Federico Armenteros. "En la amnistía del 77 salieron de la cárcel los políticos, pero los maricones nos quedamos", espeta el representante de la 26-D. Para él, el trabajo que su agrupación hace concienciando a las personas mayores es fundamental para el avance de la sociedad, pues se dedican a hacer pedagogía con los mayores para combatir la homofobia y la creencia heredada de las leyes franquistas de que la homosexualidad es una enfermedad. "A la gente mayor nadie le ha dicho que la homosexualidad no es una enfermedad. Cuando nosotros vamos a los centros, hacemos pedagogía y, luego, esa abuela se va a casa y les trasmite la idea a sus nietos", explica Armenteros, que asegura que si nadie pone en duda las creencias de toda una generación, la discriminación se pasa de padres a hijos y a nietos.

En la amnistía del 77 salieron de la cárcel los políticos, pero los maricones nos quedamos

"Parece que el tiempo todo lo cura, pero en este caso no, porque no se ha hecho ninguna incidencia, no ha habido ninguna reparación", sostiene Armenteros, que recuerda que en 1981 estaban considerados como enfermos mentales, pues la OMS no eliminó la homosexualidad de su catálogo de enfermedades hasta 1990. "No hemos tenido referentes nunca y todo lo que han hablado de nosotros ha sido para ponernos verdes. Tratarnos de delincuentes y pecadores. De hecho, para la Iglesia todavía estamos condenados al fuego eterno en pleno 2020. Las personas creyentes, ¿cómo van a vivir esta situación si su credo las aparta?", se pregunta el activista.

Armenteros cuenta que, en la fundación que preside, todavía se encuentran con muchos casos de personas mayores de 50 años que no son capaces de confesar su orientación sexual o identidad de género por no darle un disgusto a su familia. "Eso se llama homofobia. Que haya cosas que todavía no se pueden hacer", manifiesta. Para él, que los Gobiernos no hayan llevado a cabo actos de reparación es como si desde Sanidad no se hubiera puesto la vacuna contra la polio. "Hubiéramos visto que seguiríamos con la polio pero no como antes, sino que las personas estarían enfermas pero más ocultas", reivindica el activista, que insiste en que actos como el que recientemente ha protagonizado el cantante Pablo Alborán —quien comunicó públicamente que era homosexual hace solo unos días— le parecen necesarios: "Claro que hace falta decirlo, porque tenemos que ser visibles. Porque, si no, no existimos".

"El artista puede ser homosexual"

La historia de José Manuel —un pintor que, en 1981, cuando las cámaras de RTVE fueron a verlo a su estudio tenía 30 años— es también más o menos amable. Él cuenta que sus padres lo aceptaron rápido cuando les contó cuál era su orientación sexual. Sin embargo, lo invitaron a asistir a terapia, algo a lo que él accedió durante dos años. Allí, el pintor, según confesó a los periodistas, acabó dándole la vuelta a la situación y enrollándose con su terapeuta.

Sin embargo, esto no es lo más llamativo de su declaración. José Manuel detalla que en el año 1981 los homosexuales se enfrentaban también a problemas laborales a los que él escapaba por dedicarse a la pintura, "una profesión totalmente liberal". "Parece que a un artista se le disculpan algunas cosas que a otras personas no", añade el pintor, que defiende que no está de acuerdo con ello.

Ahora, en 2020 la situación al respecto parece haber cambiando pero no para todo el colectivo LGTBIQ+. "El imaginario colectivo, que de alguna manera se ha ido flexibilizando frente a la realidad de los hombres gais, sigue muy estereotipado y muy estigmatizado frente a la realidad de las personas trans, que están en el imaginario ligadas al mundo del artisteo y el trabajo sexual. Eso o personas enfermas", explica la técnica de Orienta València y activista de Lambda, Mariana Urueña Torres, que añade que las mujeres lesbianas, directamente, no aparecen en este imaginario.

Ni mujeres, ¿ni farmacéuticos?

Respecto a las mujeres, Urueña Torres insiste tras analizar el reportaje del 1981: "Somos como las matrioscas, ocupamos distintas capas de opresiones, violencias y discriminaciones". Para ella, las mujeres lesbianas entonces eran invisibles "y ahora mismo lo siguen siendo". "Hay una dificultad para ocupar el espacio público que nos corresponde como el 52% de la sociedad. Porque es mucho más difícil para cualquier mujer y mucho más para una mujer lesbiana. Los riesgos y las dificultades son un ejemplo más del patriarcado en el que vivíamos en los 80 y seguimos viendo hoy", expone la activista.

Para Mariana, el camino para acabar con la homofobia que, según explica, sigue provocando a un gran número de personas graves problemas de salud mental, que incluso llevan a intentos de suicidio, es renunciar a todo patrón de conducta. "Debemos abrazar a todas las diversidades como enriquecimiento de una sociedad más plural, más justa, más democrática y más diversa".

Foto: Día internacional contra la homofobia y transfobia en Berlín. (Efe)

De hecho, su discurso no dista mucho del que el sociólogo de la facultad de Ciencias Políticas de la Universidad Complutense de Madrid, Jesús Ibáñez, hace en el reportaje de Informe Semanal. Él también indica que para acabar con la homofobia y con la opresión hacia las mujeres se debe renunciar a cualquier patrón dominante de conducta y admitir todas las diferencias y afirmarlas. Además, Ibáñez, para explicar la situación de minoría en la que se encontraban los homosexuales en la época, cuenta un chiste que todavía tiene validez para explicar dicha situación. Este es:

Un heterosexual tiene un amigo homosexual. Un día va a verlo y lo encuentra haciendo las maletas.
—¿Qué pasa?
—Me voy, que aquí van a matar a todos los homosexuales.
—Pero hombre, en estos tiempos...
—Sí, he hecho una encuesta que lo demuestra científicamente.
—¿Y qué has preguntado?
—He preguntado: ¿Cree usted que se debería matar a todos los homosexuales y a todos los farmacéuticos?
—Oye, ¿y a los farmacéuticos, por qué?
—Eso, eso es lo que me han contestado los entrevistados.

Educación, educación, educación y leyes

Al final del reportaje de 1981 Vidal, un administrativo de 34 años, denuncia la represión policial hacia el colectivo homosexual. "Esto sigue pasando", indica la activista, coordinador del grupo TransCogam y presidenta del Colectivo LGTBiQ+ de Madrid, Carmen García de Merlo, que indica que la Policía y el Ejército son dos ámbitos en los que queda mucho camino por recorrer. "Han pasado 40 años y muchas cosas de las que estaban siguen estando. Que hemos avanzado es evidente, pero que hay cosas que subyacen ahí y que siguen estando, también", añade. Ella conoce bien la situación actual y también la de 1981, pues solo cuatro años antes, cuando tenía 17, llegó a Madrid, donde residían los protagonistas del reportaje, desde Valdepeñas, en Ciudad Real.

Para ella, ahora lo más importante es trabajar en la educación en los colegios. "Hay que enseñar que las personas LGTBIQ+ somos el 10% de la población mundial. Y esto no tiene que molestar a nadie, que parece que nosotros pervertimos a los niños, como dice HazteOír, que no quieren que vayamos a los colegios". "Muchas veces es el desconocimiento de las cosas lo que lleva al miedo, y este miedo lleva al odio, y de él al rechazo, por eso es tan importante la educación", añade la presidenta de Cogam.

Hay que enseñar que las personas LGTBIQ+ somos el 10% de la población mundial. Y esto no tiene que molestar a nadie

Para ella, una parte de la sociedad de 2020 está retrocediendo 40 años. "La misoginia todavía queda... incluso dentro del entorno gay. Hay gente mayor que sigue siendo misígina", indica. Además, insiste en explicar que todavía hay delitos de odio que, a veces, no se consideran como tal y que en los colegios se llegan a producir situaciones en las que se inculca a algunos niños para que se metan con otros niños trans.

"En España la solución está en la educación, en educar a los niños, porque a una persona mayor no se la puede hacer cambiar tan fácil, pero hay que enseñar la realidad a los niños de una manera natural, sin adoctrinar como dicen otros. Hay que enseñarles qué es lo que hay, porque con esto tenemos que vivir todos. Porque el colectivo LGTBIQ+ es una minoría pero una minoría muy mayoritaria", explica García de Merlo. "Los hombres no salen del armario en fútbol. En los vestuarios no salen. Ahí sigue habiendo muchísimo armario, si la estadística te dice que es homosexual uno de cada diez, tiene que haber sí o sí", añade.

A esta reivindicación Urueña añade la de una Ley Estatal LGTBIQ+, pues entre otras cosas, solo cuatro comunidades autónomas tienen prohibidas expresamente las terapias para 'curar' la homosexualidad: Andalucía, la Comunidad Valenciana, Valencia y Aragón. "Estamos hablando de cuestiones básicas de derechos humanos", indica la activista de Lamdba, que señala que 39 años después de que RTVE recogiese el testimonio de José Manuel, las terapias para provocar un cambio en la identidad de género o la orientación sexual de las personas siguen existiendo en España. "No tienen las mismas metodologías. Las técnicas se van modificando y la forma de venderlo es diferente, pero en el fondo es exactamente lo mismo", recalca.

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