Llega el fármaco "revolucionario" para dejar de fumar que atrae a los adictos al tabaco
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Sanidad lo financiará a partir del 1 de enero

Llega el fármaco "revolucionario" para dejar de fumar que atrae a los adictos al tabaco

La vareniclina es el tratamiento más eficaz para que los fumadores abandonen su adicción y a largo plazo implica un importante ahorro económico para el sistema sanitario

Foto: Foto: Reuters.
Foto: Reuters.

Dejar el tabaco va a ser un poco más fácil y económico. El Ministerio de Sanidad, Consumo y Bienestar Social ha iniciado los trámites para financiar a partir del 1 de enero de 2020 la vareniclina, un fármaco para dejar de fumar que se comercializa en forma de comprimidos bajo la marca Champix, de la farmacéutica Pfizer. Se podrá recetar solo una vez al año y costará desde 80 euros, pero es un movimiento que médicos e investigadores venían pidiendo desde hace años. ¿Por qué?

Aunque se lo hayan tenido que pagar por sí mismos, muchos exfumadores pueden ratificar de su efectividad. Elena fumaba tanto lo consideraba algo enfermizo: “Mis hijos eran asmáticos y no dejaba de fumar incluso teniéndolos al lado”, comenta. “Entonces es cuando te das cuenta de que eso no puede ser, que es una esclavitud y ya no decides tú, sino que decide el tabaco", sentencia.

La vareniclina, lo más efectivo

Antes ya había intentado dejarlo cuatro veces, pero nada funcionó. Los parches y los chicles de nicotina fueron un fracaso. Tampoco le sirvió de nada leer el 'best seller' ‘Es fácil dejar de fumar si sabes cómo’, del británico Allen Carr. “Había unos discípulos suyos que daban conferencias por España, asistí a una que me valió 300 euros y sólo conseguí dejar de fumar un mes”, afirma.

Cuando por fin decidió ponerse en manos del médico, el facultativo decidió que la vareniclina era la primera opción y el éxito fue rotundo: “Para mí fue revolucionario”, asegura. Y el cambio de vida fue extraordinario: “Antes tosía muchísimo y utilizaba Ventolín”, un broncodilatador que facilita la entrada de aire a los pulmones. Aunque esta exfumadora, desde su condición de antigua paciente y como administrativa en el sector sanitario, reconoce que “hay cierto debate sobre si la sanidad pública debe costear las adicciones”, cree que “los efectos colaterales de no financiarlo pueden ser peores”.

"El tabaquismo no es un vicio ni es un hábito, es una enfermedad adictiva y de carácter crónico", defiende Miguel Barrueco

Los expertos y los datos le dan la razón. “El tabaquismo no es un vicio ni es un hábito, es una enfermedad adictiva y de carácter crónico”, defiende Miguel Barrueco, jefe del servicio de Neumología del Complejo Asistencial de Salamanca y responsable de su Unidad de Tabaquismo. Por eso, los especialistas han "reivindicado siempre los tratamientos para ayudar a los pacientes a dejar de fumar, tenemos claro que son buenos y deben estar incluidos en el Sistema Nacional de Salud”.

La decisión de financiar unos u otros es política, pero posiblemente han seleccionado la vareniclina porque tiene un margen de eficacia mayor y una mejor relación entre costes y beneficios”, comenta.

"La vareniclina, es el tratamiento más eficaz y también el más eficiente"

En efecto, un análisis internacional de costo-efectividad publicado en 2018 indica que la mejor opción es el fármaco elegido por Sanidad. “Es el tratamiento más eficaz y también el más eficiente. Esto pasa en casi todos los países y muchos ya están financiando la vareniclina desde hace tiempo”, explica Marta Trapero Bertrán, investigadora de la Universidad Internacional de Cataluña, principal autora de ese trabajo y miembro del Comité Nacional para la Prevención del Tabaquismo.

Así funciona en tu cuerpo

El fármaco elegido por Sanidad funciona porque actúa sobre el cerebro, como lo hace la nicotina. Técnicamente, se considera un agonista parcial de los receptores nicotínicos. ¿Qué significa esto? “En el cerebro tenemos unos receptores que, en el caso de los fumadores, se especializan para que actúe sobre ellos la nicotina. Es decir, cuando consumen un cigarrillo, la nicotina se une a estos receptores y provoca la relajación típica del acto de fumar”, explica Barrueco.

Si una persona deja el tabaco sin tratamiento, se desencadena el mono, que se caracteriza por la aparición de angustia, ansiedad, palpitaciones, cefaleas, insomnio, aumento exagerado del apetito y, por supuesto, ganas intensas de fumar un cigarrillo. A nivel bioquímico esto implica una disminución de la dopamina, el transmisor nervioso del bienestar. Sin embargo, “el fármaco se fija sobre esos mismos receptores nicotínicos y provoca una liberación de la dopamina, que hasta ese momento el fumador sólo obtenía gracias a la nicotina. De esta manera simula los efectos de la nicotina a nivel cerebral y, por lo tanto, evita el mono”, subraya el especialista. Por otra parte, “si un fumador que está en tratamiento y lleva tiempo sin fumar enciende un cigarrillo un día, ya no obtiene la recompensa habitual, porque el fármaco tiene ocupados los receptores para la nicotina”.

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El fármaco elegido por Sanidad funciona porque actúa sobre el cerebro, como lo hace la nicotina.

No obstante, también hay que tener en cuenta que “todos los fumadores tienen una dependencia psicológica, porque asocian el tabaco a actos de la vida cotidiana, como levantarse por la mañana o esperar al autobús, así que utilizan el cigarrillo como herramienta. Por lo tanto, a todos debemos apoyarles con un tratamiento psicológico”. La clave está en que “hay un porcentaje importante de fumadores que, además de la dependencia psicológica, tienen una dependencia física moderada o alta y esos son los que van a necesitar el medicamento”, señala Barrueco. En cualquier caso, “el tratamiento farmacológico no sustituye al psicológico, es necesario que vayan acompañados”, apunta.

De entre los fumadores que intentan dejarlo por sí mismos, solo un 2% se mantiene sin fumar pasado un año. Los pacientes que son ayudados por el médico de familia con un tratamiento psicológico y farmacológico lo consiguen en un 20%. Y cuando esto mismo sucede en las unidades de tabaquismo, la cifra se eleva hasta el 40 o 50%, según los datos de Barrueco. “La diferencia está en la intensidad de la intervención psicológica y la frecuencia de los controles. En Atención Primaria tienen menos tiempo para dedicar a los pacientes, mientras que nosotros mejoramos los resultados a medida que aumenta el tiempo y la intensidad”, comenta.

Los pacientes que son ayudados por el médico de familia con un tratamiento psicológico y farmacológico lo consiguen en un 20%

Hasta ahora los pacientes que compran el fármaco se gastaban unos 200 euros de media en dejar de fumar, aunque todo depende del tiempo exacto que dure el tratamiento. En el caso de la nicotina, como pasa con todas las sustancias adictivas, “al principio el mono es más fuerte y luego decae, pero el tiempo estimado para que desaparezca del todo y, por lo tanto, para que este fármaco haga su efecto es de entre dos y tres meses”. Además, “también es el tiempo mínimo necesario para reconvertir la dependencia psicológica”. No obstante, “a algunos les vale con un mes y medio y otros necesitan cuatro o cinco meses, es algo que tenemos que ir valorando cuando ponemos, porque hay que hacer un seguimiento”.

Financiación de medicamentos para dejar de fumar

Desde el punto de vista económico, apostar por la financiación de los medicamentos para dejar de fumar “tiene un impacto muy grande en el sistema sanitario”, porque sirve para prevenir posteriores eventos de cáncer de pulmón, enfermedades cardiovasculares, ictus o enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC). “Son costes sanitarios que nos vamos a ahorrar en el futuro y ese dinero se puede invertir en otras cosas”, asegura.

Sin embargo, la experta rechaza la idea de financiar todos los tratamientos que existen. “Hay que poner el dinero en aquello que realmente va a ayudar a conseguir que un mayor número de personas dejen de fumar teniendo en cuenta lo que nos vamos a gastar”. Y en este sentido, su estudio confirma que la mejor opción es apostar por la vareniclina, porque “a 10 años es lo más costo-efectivo”. A pesar de que a largo plazo los gastos que el tabaco le causa al sistema sanitario son tan elevados que “cualquier intervención es eficiente”, Trapero considera que Sanidad acierta al financiar únicamente esta opción.

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Cuando un paciente tiene que volver a revisión se comprueba si se mantiene sin fumar.

No obstante, en su investigación participaron expertos de Reino Unido, Canadá, Alemania, Hungría y Países Bajos y hay algunas ideas implementadas en estos países que se podrían importar: “En el paquete de medidas que analizamos está incluido un consejo breve para dejar de fumar que dan los médicos en las consultas, cosa que no pasa en nuestro país, y tendría que ser obligatorio en todos los centros de Atención Primaria, porque no cuesta nada”.

En lo que se refiere a la eficiencia de la medida, destaca también que antes de recetar el fármaco los profesionales clínicos “tienen que identificar bien cuáles son aquellas personas que realmente quieren dejar de fumar y se comprometen a hacerlo”. De hecho, “la estrategia que está diseñando el ministerio va en esa línea”. El 24% de la población adulta en España es fumadora. Aunque no todos quieren dejar de fumar, sí es el deseo de una parte importante, así que es previsible que el gasto sanitario pueda ser cuantioso y, por lo tanto, la prescripción del tratamiento debe ser rigurosa.

Desde su experiencia en la Unidad de Tabaquismo, Barrueco también apuesta por esta idea: “Hay que llevar un control para evitar que, al convertirse en un tratamiento gratuito para el paciente a partir de ahora, no se tome demasiado en serio y pase a ser parte del botiquín que hay en todas las casas”. Por eso, cuando un paciente tiene que volver a revisión se comprueba si se mantiene sin fumar. “Si no cumplen, no se les sigue recetando de forma gratuita”, advierte.

Hasta ahora, la veraniclina solo se ha financiado en Navarra, dentro de un programa de ayudas para dejar de fumar con apoyo farmacológico que incluye también las otras opciones, bupropion y nicotina. Los datos del Departamento de Salud de la Comunidad Foral indican que entre diciembre de 2017 y diciembre de 2018 se incluyeron 6.139 pacientes. De ellos, 4.553 utilizaron vareniclina y la tasa de abandono del tabaco entre ellos fue del 37,2%. Este estudio indica que el bupropion logró un éxito similar (37,6%), aunque sólo lo utilizaron 518 pacientes, una muestra muy inferior; y la nicotina fue efectiva para el 22,7% de los 1.086 casos en los que se optó por este tratamiento.

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