APENAS UNA DECENA DE PERSONAS ACUDE

Pancartas y un viejo soldado velando toda la noche: fría soledad en el Valle de los Caídos

La jornada en el Valle de los Caídos transcurre con absoluta normalidad entre muchos periodistas y un gran dispositivo policial. Solo llegó una decena de curiosos y franquistas

Foto: Adolfo Coloma se jubiló en 2018. Ha pasado la noche en el Valle. (EC)
Adolfo Coloma se jubiló en 2018. Ha pasado la noche en el Valle. (EC)

Antes de las siete de la mañana, los primeros periodistas —de medios nacionales e internacionales— llegaban a la entrada del Valle de los Caídos en un autobús que salió directamente desde el Palacio de la Moncloa. Furgones de la Guardia Civil cruzaban la verja —perfectamente custodiada— cuando uno de los agentes retiraba el cono naranja que impedía el paso a otros vehículos. El termómetro marcaba tres grados. No fue hasta las 8:40 de la mañana cuando amaneció en Cuelgamuros. El vallado instaurado para la prensa acumulaba decenas de cámaras de televisión, ordenadores y fotógrafos dispuestos a captar imágenes para la historia.

(Siga en directo todo el proceso de exhumación del dictador)

Había un silencio sepulcral y solo al otro lado de la carretera se divisaba algún curioso que había acudido a presenciar el acontecimiento. Un “viejo soldado”, según dijo él mismo, llamado Adolfo Coloma, que se jubiló el año pasado. “En 1975 estaba en el Sáhara cuando murió el caudillo. Empecé mi carrera haciendo el juramento de no abandonar a mi jefe, el general Francisco Franco. Y he pasado toda la noche velándole. Luego iré a Mingorrubio a rezarle”. Coloma aseguró a este diario que llegó ayer en torno a las 12 menos cuarto y ha pasado la noche entera “mostrando lealtad y reflexionando sobre sus pensamientos”. Le molesta el traslado de los restos del dictador a un cementerio municipal.

Pancartas y baderas franquistas a las puertas del Valle. Tan solo 10 personas concentradas. (EC)
Pancartas y baderas franquistas a las puertas del Valle. Tan solo 10 personas concentradas. (EC)

Junto a él, otro antiguo coronel y Pilar Gutiérrez, la mujer más franquista de España, según se define ella misma, desplegaron una pancarta que decía 'Franco vive'. No apareció nadie más a las puertas del Valle de los Caídos, ni cerca de la verja principal que da acceso a la carretera de seis kilómetros que llega al mausoleo que Franco mandó construir a mayor gloria del régimen. De hecho, el vallado que a primera hora dejó instalado la Guardia Civil se hizo del todo innecesario: no hubo concentración de personas, ni siquiera grupos de curiosos que quisieran presenciar el momento.

Pasadas las nueve y media de la mañana llegaron los dos primeros minibuses de familiares (en total, a la exhumación acudieron 22 miembros de la familia Franco, entre nietos, cónyuges y bisnietos), custodiados por varios coches de la Guardia Civil. Pasaron deprisa por delante de toda la hilera de periodistas, sin dejar apenas que se apreciaran las imágenes. Diez minutos más tarde, llegaba la última tanda de familiares, entre los que sí se pudo ver a Jaime Martínez-Bordiú.

Los familiares de Franco saludan al prior Santiago Cantera en la explanada del Valle. (EFE)
Los familiares de Franco saludan al prior Santiago Cantera en la explanada del Valle. (EFE)

Todos los coches desaparecieron en unos segundos por la carretera y, al llegar a la explanada del Valle, ya se encontraron las tres autoridades del Gobierno presentes: la ministra de Justicia, Dolores Delgado; el secretario general de Presidencia, Félix Bolaños, y el subsecretario de Presidencia, Antonio Hidalgo. Poco después entraban en la basílica y, a las 10 y media en punto, comenzaban los trabajos de exhumación.

En torno a las 11 de la mañana se escucharon los dos helicópteros Super Puma del 402 Escuadrón del Ala 48 del Ejército del Aire que aterrizaban en la explanada. Se prepararon para el posterior traslado. A esa hora, en la entrada principal del Valle, llegaron en torno a una decena de franquistas, luciendo gorras y banderas preconstitucionales, con pancartas que reprochaban la decisión del Gobierno de Pedro Sánchez de sacar los restos del dictador después de 44 años. “Viva España, viva Franco”, se escuchó a alguno de ellos, que no escondía el ánimo de provocar.

Varios agentes de la Guardia Civil estaban pendientes en todo momento de ellos, igual que del centenar de periodistas que entraban y salían sin parar hacia la carretera de Guadarrama. La peor parte se la llevaron dos vehículos que terminaron dándose un golpe tras un frenazo.

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