LAS VÍCTIMAS SE QUEJAN DE LENTITUD JUDICIAL

"Su madre le ha dicho que he muerto". 300 niños sufren secuestro parental cada año

Rusia es el país en el que más se refugian los progenitores con sus hijos; allí no se respeta el Convenio de La Haya; Interior ha registrado más de 2.700 casos desde 2010

Foto: Carlos Salgado con su hija. (EC)
Carlos Salgado con su hija. (EC)

El año pasado 320 niños fueron sustraídos de su padre o de su madre y trasladados fuera de España. La cifra la publica el informe anual elaborado por el Centro Nacional de Desaparecidos dependiente del Ministerio del Interior, que extrae los datos del Sistema Estadístico de Criminalidad, que a su vez recoge todas las infracciones penales detectadas por la Policía Nacional y la Guardia Civil. En la práctica totalidad de estos casos, quien retiene a los menores es uno de los progenitores, que se queda con el hijo de su pareja y se lo lleva al extranjero sin el consentimiento de la otra persona.

Durante la última década, según las mismas estadísticas que maneja el mencionado Centro Nacional de Desaparecidos, el número de niños sustraídos por alguno de sus progenitores ha rondado los 300 anuales. Desde 2010 hasta el año pasado, en total, ha habido 2.731 casos. El hijo de Iván Manjón es uno de ellos. El hombre llevaba diez años casado con Olga, una rusa a la que conoció durante un viaje a San Petersburgo en 2002, cuando un día de 2014 ella decidió llevarse al pequeño para siempre. Le dijo que se iba con él de vacaciones, como había hecho otros veranos, pero esta vez compró solo billetes de ida. El menor entonces contaba siete años.

"Ella inició un procedimiento de divorcio allí en cuanto llegó y la jueza rusa nos divorció sin siquiera notificarme; después de mucho tiempo conseguí por fin que la justicia rusa anulara el divorcio; y así llevamos cinco años sin divorciarnos; el próximo 22 de octubre tenemos una vista en el Juzgado Civil 8 de Vitoria para determinar quién tiene la guardia y custodia del menor", explica Manjón, que durante este último lustro tan solo ha visto a su hijo una vez. "Llevo un año enviando tres mensajes de Whatsapp cada semana para hablar con mi hijo, porque el juzgado me dijo que tenía derecho a eso, pero ella no lo permite", protesta Manjón, que se queja también de la lentitud de la justicia española. "Si tardan un poco más, el niño cumple 18 años", critica.

"En Rusia hay 147 menores españoles que han sido sustraídos; es el país al que llegan más pequeños de este modo desde España", explica Javier Somoza, portavoz del Colectivo contra la Sustracción Parental y padre de un niño también trasladado a Rusia y al que no ve desde hace tres años. "Su madre le ha dicho que he muerto; tiene siete años, pero he sabido que se hace pis, que no habla, que tiene terrores nocturnos... y es español", afirma con asombro Somoza, que llegó a proponer a las autoridades rusas "un pasillo humanitario que permitiera que los padres tuvieran contacto con sus hijos". "El Ministerio de Justicia rechazó hacer los trámites, por lo que fuimos directamente a Moscú a través de Exteriores, pero ni respondieron", cuenta con tristeza.

Cártel elaborado por la familia y amigos de Olga para reclamar el regreso de su hijo John Roy Howard. (EC)
Cártel elaborado por la familia y amigos de Olga para reclamar el regreso de su hijo John Roy Howard. (EC)

"Rusia no cumple con el Convenio de La Haya de 1980; todavía no he visto un retorno desde allí", sentencia Adriana de Ruiter, abogada y vocal de la Asociación de Profesionales contra la Sustracción Internacional de Menores. "En todos los casos que conozco el procedimiento es el mismo; regresan con su hijo a su país para pasar las vacaciones, allí presentan el divorcio y la justicia les concede unas medidas; en ese momento, el retorno se complica mucho", describe la letrada, que recomienda actuar desde el primer momento tanto por la vía civil como por la penal. Esta última, asegura, sirve "al menos para localizar al menor". Luego es la demanda civil, añade, la que sirve para pedir medidas que permitan el regreso del niño desde el país de destino.

Aun siguiendo todos estos trámites, sin embargo, la odisea del progenitor que pierde al menor parece insalvable. Carlos Salgado se separó de su mujer en 2013. Durante el proceso de divorcio, ella, nacida en Kirguistán, se enamoró de un administrativo del Juzgado de Blanes (Girona) -que llevaba el caso- y se fue a vivir con él y con la hija que había tenido antes con su marido. Tres años después, recuerda el propio Salgado, ella quiso quitarle los días de visita. "Como protesté, fue a la escuela y se llevó a la niña", recuerda. "El juzgado me daba la razón en todo, pero nunca ejecutaba sus resoluciones", afirma. "Yo le advertí de que ella no obedecería nunca, que había que ejecutar esas resoluciones, pero ni caso; advertí también hasta cuatro veces y por escrito de que un día secuestraría a la niña; y así ocurrió", relata.

En septiembre de 2016, cuando la menor tenía ocho años, la madre se la llevó a su país. "Su novio le ayudó y se fue con ella; de hecho, está también imputado", cuenta con desesperanza el hombre, que asegura que el verdadero culpable de todo esto fue el juzgado, que no hizo nada a pesar de que tenía todas las herramientas para actuar. "Había hasta una investigación de la Fiscalía de Menores contra ella por presunto maltrato a la niña", apunta Salgado, que recuerda que la mujer mandó un mail para hacer creer que estaba en Rusia y despistar a la justicia española, pero en realidad se fue a Kirguistán, donde vive actualmente. "Lo supe porque contraté a un detective, ya que el juzgado no actuaba", explica el padre, que tras la pasividad judicial no encontró más salida que viajar al país asiático a recoger a su hija.

"Tengo la custodia en exclusiva, la patria potestad y todos los papeles que lo acreditan; además, hay una orden de busca y captura contra mi ex mujer", justifica Salgado, que cuando llegó a Kirguistán localizó a su hija y trató de salir del país con ella. Sin embargo, la Policía le paró en la frontera y le retuvo un día en los calabozos. "Me amenazaron de muerte, me llevaron a un descampado y pensé que me pegaban un tiro, un agente jugaba con una pistola delante de mi", rememora el padre, que lee con horror reportajes sobre cómo en Kirguistán secuestran a las jóvenes y las casan con el secuestrador. Su hija cumplirá 12 años en enero. Aunque le quedan cinco para cumplir la mayoría de edad, la lentitud judicial no da precisamente esperanzas a Salgado, que cada día está pendiente de las resoluciones judiciales. La última: la Audiencia Provincial de Girona ha ordenado remitir una requisitoria para interrogar a la madre en Kirguistán.

"Vergüenza de ser española"

"Es una ciudadana española que está secuestrada en un país extranjero y España no hace nada", sentencia el catalán. "Quiero demandar al estado español por dejación de funciones", agrega visiblemente molesto con la pasividad de la justicia. Sin embargo, no es el progenitor que lleva más tiempo sin ver a su hijo. Heber Serrano, un profesor de primaria de Granada, no tiene ningún contacto con él desde hace 12 años. "El Juzgado 3 de Granada me dio la guardia y custodia; ella no podía salir de España, pero el consulado ruso le ayudó; hizo una declaración jurada en la que decía que el niño no tenía padre y le dieron la nacionalidad rusa a mi hijo; se fue por Francia en 2008 justo cuando me tocaba recogerle", relata Serrano.

El juzgado reaccionó, aunque sin éxito. "Emitió una orden de busca y captura y una euroorden, pero eso no vale para nada; Moscú respondió que los dos estaban en paradero desconocido", recuerda. "Luego me tiré tres años de juicios en Rusia, pero lo denegaban todo; incluso ponían en duda la resolución española", afirma Serrano, que, cansado de la incapacidad judicial y administrativa, decidió actuar por su cuenta. "Escribí una carta y pedí a Exteriores ir a verle, pero sin que nadie lo supiera allí, porque si no ella lo impediría; el Ministerio al principio me dijo que sí, pero luego me lo denegaron", asegura Serrano, quien no se dio por vencido. "Decidí entonces hacer una campaña por redes; me creé un perfil en VContact, el Facebook ruso, me hice amigo de todas las instituciones del pueblo y publicité que buscaba al menor; sé que la carta le llegó a mi hijo por esta vía", afirma aún esperanzado.

Heber Serrano, con su hijo, al que no ve desde hace 12 años porque su exmujer se lo llevó a Rusia. (EC)
Heber Serrano, con su hijo, al que no ve desde hace 12 años porque su exmujer se lo llevó a Rusia. (EC)

El padre no consiguió contactar con el niño, que ya tiene 14 años, pero sí logró un número de teléfono. "Alguien de su colegio me lo dio y le pasé la carta por Whatsapp; sé que la leyó él, porque la aplicación señalaba que la vio sobre las 18 horas, que es cuando sale del colegio; luego sospecho que ella fue la que me respondió por el móvil que no quería saber nada de mí; se notaba que era la forma de expresarse de la madre", valora Serrano, que después descubrió que su exmujer trabaja en el Ministerio de Justicia ruso. "Ahora entiendo que siempre hayan denegado todo", apunta.

Aunque según el Tribunal de Derechos Humanos el 78% de las sustracciones parentales las realiza la madre, también hay mujeres que los sufren. Es el caso de Olga Rodríguez, que dejó a su hijo con su exmarido el verano de 2018, como tenía pactado, y ya no volvió a verlo. "Tenía que devolvérmelo después de pasar 15 días de vacaciones en Torrevieja, pero no lo hizo", relata la mujer, que como en el resto de casos acudió a la justicia sin éxito alguno. "El juicio en España tardó un año en salir y ahora se va a celebrar el de Estados Unidos, en los tribunales de Greenboro, en Carolina del Norte", anuncia Rodríguez, visiblemente descontenta con la actuación de la justicia española.

"Tras la primera denuncia que pusimos, el juez nos dijo que le daba en la nariz que ese niño iba a aparecer; esa es la justicia que tenemos; luego denunciamos en plaza de Castilla y el expediente se tiró semanas por el suelo; tuve que dejar mi trabajo, un buen trabajo, para ponerme con el caso de mi hijo; mi familia está arruinada del dinero que hemos gastado en abogados y en detectives privados, que son los que le han localizado; esto es un secuestro en toda regla", cuenta Olga, que refleja así un sentimiento generalizado entre los padres y madres que sufren este tipo de sustracción, casi 500 de ellos agrupados en el mencionado colectivo presidido por Somoza.

"Policía y Guardia Civil no se coordinan; una noche me tuvieron en Interpol hasta las dos de la madrugada y nadie llevaba mi caso; todo es un desastre, no hay ayudas de nadie; si te toca esto, date por jodido", añade Rodríguez, que reconoce que tuvo problemas para volver al mercado laboral precisamente por sufrir este "secuestro". Tanto ella como el resto de entrevistados tuvo que recurrir a la investigación privada para averiguar dónde su pareja mantiene escondido a su hijo. Así encontró Salgado a su hija en Kirguistán y así descubrió Serrano a qué colegio iba su hijo en Rusia. "Ni la justicia ni la administración de España hacen nada; siento vergüenza de ser española", sentencia Olga.

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