eutanasia

Sampedro, Arrabal, Carrasco... así pidieron "morir dignamente" ante el 'no' de la justicia

Este jueves Mª Jesús Carrasco, con esclerosis múltiple, moría con la ayuda de su marido, que fue detenido. Pero no es el primer caso en un país donde la eutanasia y el suicidio asistido no son legales

Foto: Ángel Hernández y su mujer María José Carrasco antes de morir
Ángel Hernández y su mujer María José Carrasco antes de morir

"No habrá más remedio que proporcionarle esa ayuda para que su deseo se cumpla". Así anunciaba Ángel Hernández su decisión de ayudar a morir a su mujer. Lo hacía a través de una carta que se hizo pública este jueves por la asociación Derecho a Morir Dignamente, el mismo día en el María José Carrasco fallecía después de tres décadas con esclerosis múltiple. Su marido cumplió su deseo de morir y poner fin al sufrimiento causado por una enfermedad degenerativa para la que no existe cura.

Sampedro, Arrabal, Carrasco... así pidieron "morir dignamente" ante el 'no' de la justicia

Su muerte ha reabierto el debate sobre la despenalización de la eutanasia, una cuestión que ha quedado paralizada en el Congreso por el adelanto electoral y que ha entrado de lleno en campaña. En la actualidad, solo ocho países -entre ellos Bélgica, Luxemburgo o Colombia- han despenalizado la ayuda médica a morir, algo que es completamente ilegal en nuestro país. Sin embargo, varios son los casos de personas que en España optaron por no vivir pegados a una cama o a una silla y eligieron la vía de suicidio asistido, castigado en el Código Penal con penas de dos a cinco años. Otros, en cambio, lograron que les desconectaran o murieron esperando que el Congreso diera luz verde a la eutanasia.

Ramón Sampedro

Sin duda, su caso es el más conocido de España e, incluso, Alejandro Amenábar lo llevó a la gran pantalla con 'Mar Adentro'. Con 25 años, Sampedro se tiró al mar desde una roca en la playa de As Furnas y desde entonces se quedó tetrapléjico y postrado en una cama para siempre. Fue el primero en pedir públicamente la despenalización de la eutanasia, algo que le fue denegado una y otra vez. Su argumento era que cada persona debe disponer de su propia vida y decidir en libertad acabar con ella.

En los 30 años que estuvo postrado en la cama no dejó de luchar por lo que consideraba un derecho individual. Sin embargo, y ante los continuos varapalos judiciales tramó un plan para quitarse la vida el 12 de enero de 1998. Pero no fue fácil, ya que además de decidir que quería morir necesitaba ayuda para lograrlo, ya que al romperse la séptima vértebra estaba incapacitado de cuello para abajo, por lo que necesitaba ayuda. Y lo tuvo, pero no de una única persona, sino de varias. En total fueron 11 los que ayudaron a cumplir la voluntad de Sampedro con una función específica: desde el que compró el cianuro o el que calculó la proporción adecuada hasta quien lo llevó a la casa o el que lo diluyó en un vaso. Otra persona metió una pajita y se lo acercó a la boca para que lo sorbiera. Minutos después, Sampedro falleció no sin antes dejar un vídeo póstumo.

Ramón Sampedro.
Ramón Sampedro.

"Hoy, cansado de la desidia institucional, me veo obligado a morir a escondidas, como un criminal. El proceso que conducirá a mi muerte fue escrupulosamente dividido en pequeñas acciones que no constituyen ningún delito en sí mismas y que han sido llevadas a cabo por diferentes manos amigas. Si aun así, el Estado insiste en castigar a mis cooperadores, yo les aconsejo que les sean cortadas las manos, porque eso es lo único que aportaran", decía en el vídeo. Solo hubo una detenida, su pareja, Ramona Maneiro, que fue puesta en libertad por falta de pruebas. El plan estaba tan bien urdido que ninguno de los 11 ayudantes tuvo problemas con la justicia. Siete años después, y una vez prescrito el delito, Maneiro confirmó que fue ella quien le dio de beber de ese vaso que contenía cianuro potásico.

Madeleine Z.

"Estoy en una nube... pero contenta, la verdad. Me voy a dejar ir despacito". Estas fueron las últimas palabras de Madeleine, una mujer de nacionalidad francesa residente en España que falleció en enero 2007 tras ingerir un cóctel de fármacos. Padecía esclerosis lateral amiotrófica (ELA) desde 2003 y tenía claro que quería morir ante el temor de quedarse inválida.

Pidió en varias ocasiones a médicos españoles un suicidio asistido, pero no tuvo éxito. A través de la asociación Derecho a Morir Dignamente se informó de qué era legal y qué no en España. Consciente de que ni el suicidio asistido ni la eutanasia lo eran, le proporcionaron un cóctel de fármacos que puso fin a su vida. Acompañada de dos voluntarios de esta organización, se quitó la vida en su casa de Alicante. "Esto no es vida. (...) Cuando conseguí la solución, me sentí aliviada", dijo en vídeo.

José Antonio Arrabal López

Diagnosticado desde 2015 de ELA, se suicidó delante de una cámara de vídeo "indignado" por "tener que morir en la clandestinidad", según sus propias palabras, para reclamar el suicidio asistido y la eutanasia. Este paciente llevaba meses planeando su suicidio, que llevó a cabo el 2 de abril de 2017 a través de la ingesta mediante una pajita de dos frascos de medicamentos adquiridos por internet, aprovechando que su familia no estaba en casa.

"Ya no puedo ni levantarme de la cama ni acostarme, no puedo darme ni la vuelta. No puedo vestirme, desnudarme. No puedo limpiarme. No puedo comer ya solo. Cuando te diagnostican la ELA, te dan la sentencia de muerte tal cual", decía en el vídeo.

Casado y con dos hijos, murió solo en su casa. Él consiguió todo lo necesario para morir. Solo tenía movilidad en una de sus manos y se valió de ella para marcharse. "Me indigna tener que morir en la clandestinidad. Le he dicho a mi familia que tarde en volver, para que ya haya pasado todo. Así nadie podrá acusarles de colaboración con el suicidio", explicaba.

José Antonio Arrabal López en un vídeo de 'El País'.
José Antonio Arrabal López en un vídeo de 'El País'.

Primer (y único) médico condenado

"La paciente me pidió morir. Dos veces. Sola. Primero no le hice caso, no respeté su deseo y seguí luchando para sacarla adelante". Estas son las palabras de Marcos Hourmann, el primer médico condenado por practicar la eutanasia en España para el que la Fiscalía llegó a pedir 10 años de prisión.

Todo ocurrió en marzo de 2005 cuando atendió en las Urgencias del hospital comarcal de Mora d'Ebre (Tarragona) a Carmen Cortiella de 82 años. Enferma de cáncer de colon y con diabetes descompensada, sufría un infarto agudo de miocardio. "Intenté salvarla durante cinco horas, pero empeoró. Entró en una fase de shock cardiogénico... no se podía hacer nada, era irreversible", declaró ante el juez.

El cuadro evolucionó hacia un infarto masivo y una hemorragia interna para la que "ya ni había tratamiento curativo". En ese momento la opción era sedarla, pero la paciente pidió morir. Administrados los mórficos, una hora después "se ahogaba". "Os voy a ayudar a las dos", le dijo a la hija de Cortiella. Cuando la paciente estaba ya inconsciente, Hourmann le inyectó un émbolo de 60 miligramos de cloruro potásico, excluido de los sedativos incluidos en los protocolos. La paciente murió ese mismo día.

La historia de este médico, que siempre ha defendido que contó con el permiso de la paciente, se llevó al teatro en una obra que produjeron Jordi Èvole y el actor Alberto San Juan. Tras llegar a un acuerdo con la Fiscalía, se declaró culpable y evitó ingresar en prisión. También fue inhabilitado.

Logran que la desconecten: "No es justo vivir"

Inmaculada Echevarría.
Inmaculada Echevarría.

En marzo de 2007, Inmaculada Echevarría, que padecía distrofia muscular progresiva y vivía conectada a un respirador, vio cumplido su deseo de que le retirasen el respirador que la mantenía con vida. Echevarría tenía la autorización del Comité Ético de la Junta de Andalucía y del Consejo Consultivo Andaluz para que se cumpliese su petición, que se encuadraba en un caso de limitación de esfuerzo terapéutico y no de eutanasia.

Meses antes de su muerte, pidió públicamente que se aprobara la eutanasia porque "no es justo vivir así". En una carta pedía ayuda "para morir libremente y sin dolor". "Asumo mi enfermedad pero no los métodos artificiales de alargarla de manera inútil, aumentando el dolor y desesperación que ya sufría y que esperaba acabara con la muerte natural", añadía.

Morir mientras luchaban por la eutanasia

En su lucha para que se desbloquee la ley de regulación de la eutanasia, Luis de Marcos y Maribel Tellaetxe perdieron la vida sin lograr su deseo de morir dignamente. Sus familias presentaron en pasado mes de febrero 282.000 firmas para despenalizar la eutanasia, un debate paralizado en el Congreso por el adelanto electoral.

Luis de Marcos

Su sufrimiento acabó en agosto de 2017 a los 50 años después de una década padeciendo esclerosis. Solo podía mover el cuello y la cabeza y consciente de los dolores "insoportables" que padecía" inició una campaña reclamando el derecho a poner fin a su vida, ya que las leyes le obligaban "a pasar por un calvario" al no permitirle la sedación extrema.

Luis de Marcos. (Facebook)
Luis de Marcos. (Facebook)

Falleció en su casa, pero antes escribió una carta en la que dejaba muy claro que "cuando lean esta carta, yo me habré ido". "Simplemente quiero decir que creo que venimos al mundo con alguna misión, para desempeñar algún papel, y a mí me ha tocado sufrir una enfermedad que me ha llevado a luchar por uno de los derechos más básicos". Ojalá podáis tener esa salida si llegáis a necesitarla", anhelaba este enfermo de esclerosis.

Maribel Tellaetxe

Es el caso más reciente. Falleció el pasado 6 de marzo, a los 75 años, y tras padecer alzhéimer desde hace 12 años. Su familia, junto con la de Luis de Marcos, encabezó la lucha por la eutanasia.

Uno de sus hijos relató cómo su madre pidió a su familia morir dignamente: "Por favor, no esperéis a que me olvide de vosotros, a que no os reconozca como hijos o que no reconozca a 'aita'. Ese día me tienes que ayudar a marchar", les dijo. Pero no pudieron.

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