40 ASESINATOS ES SU LEGADO MORTAL

Hablan las víctimas del etarra Santi Potros: “Ojalá se hubiera podrido en la cárcel"

Las víctimas del currículo terrorista del etarra de Lasarte-Oria sienten rabia, indignación y un profundo sentimiento de injusticia tras la excarcelación el pasado domingo del asesino de 40 personas

Foto: Una pancarta da la bienvenida a Santi Potros al paso de una patrulla de la Ertzaintza en su localidad natal de Lasarte-Oria. (EFE)
Una pancarta da la bienvenida a Santi Potros al paso de una patrulla de la Ertzaintza en su localidad natal de Lasarte-Oria. (EFE)

“Siento rabia, dolor e injusticia porque este señor esté en la calle mientras mi marido sufrió muchísimo durante dos días hasta que murió tras haberse convertido en una antorcha humana. Ojalá se hubiera podrido en la cárcel por esa chulería y prepotencia que gasta”, cuenta María Ángeles Alemán, viuda de Felipe Caparrós, quien murió en el atentado de Hipercor en 1987. Las lágrimas acompañan a sus palabras.

Hablan las víctimas del etarra Santi Potros: “Ojalá se hubiera podrido en la cárcel"

Ese 'señor' al que se refiere Alemán es Santiago Arrospide Sarasola, 'Santi Potros'. No es un terrorista cualquiera. Fue uno de los dirigentes históricos de ETA desde 1968 y hasta su detención en Francia en 1987. Lideró desde el país vecino dos de los grupos más letales en los ochenta: los comandos Madrid y Barcelona.

En su currículo sanguinario figuran 40 muertes y centenares de heridos, según las sentencias emitidas por la Audiencia Nacional y consultadas por este diario. Sin embargo, fuentes de la Guardia Civil señalan que entre los más de 300 asesinatos aún no esclarecidos judicialmente existen unos 75 que serían también atribuibles a la planificación y organización de Arrospide Sarasola.

El dirigente etarra estuvo encarcelado primero 13 años en Francia y luego fue extraditado a España para cumplir otros 18 años. En mayo de 1989, el juez Baltasar Garzón y la fiscal Carmen Tagle, ambos adscritos al juzgado de instrucción número 5 de la Audiencia Nacional, participaron en los interrogatorios en París de los jefes de ETA Santi Potros y Josu Ternera. Seis meses después, Tagle era asesinada por miembros del comando Madrid en la capital.

¿Por qué se han permitido las pancartas con el ‘Ongi Etorri, Xanti’ para homenajear a un asesino de niños? Es una nueva humillación a las víctimas

El pasado domingo, Arrospide Sarasola volvió libre a su localidad natal de Lasarte-Oria (Guipúzcoa) tras cumplir un total de 31 años de prisión de los más de 3.000 a los que había sido condenado. Las pancartas de bienvenida en euskera no faltaron a su llegada, ante la pasividad de las policías municipal y autonómica. ‘Ongi etorri, Xanti’, se podía leer en ellas.

Santi Potros (centro) sale de la cárcel de Topas (Salamanca). (EFE)
Santi Potros (centro) sale de la cárcel de Topas (Salamanca). (EFE)

Este medio ha hablado con heridos y familiares de asesinados en los atentados organizados por Santi Potros, además de charlar con representantes de asociaciones de víctimas del terrorismo. El sentimiento común es de indignación e injusticia por el hecho de que un dirigente etarra, que no ha mostrado arrepentimiento alguno, haya salido de prisión siendo recibido con manifestaciones públicas de apoyo. Impunemente.

“¿Por qué se han permitido las pancartas con el ‘Ongi Etorri, Xanti’ para homenajear a un asesino de niños? Es una nueva humillación a las víctimas, esto es propio de personas enfermas que honran a un asesino de niños”, expresa con vehemencia José Vargas, herido en Hipercor y presidente de la Asociación Catalana de Víctimas de Organizaciones Terroristas (ACVOT).

En una de las pancartas, colocada bajo un escenario armado en una plaza principal de Lasarte-Oria, cuyo alcalde es el socialista Jesús Zeballos, rotularon: 'Covite: el negocio de las víctimas'. En referencia al Colectivo de Víctimas del Terrorismo en el País Vasco (Covite). Su presidenta, Consuelo Ordóñez, asegura a El Confidencial: “Es un honor y un halago que los odiadores profesionales de la izquierda 'abertzale' nos señalen, porque eso quiere decir que estamos haciendo bien nuestro trabajo”.

Pancarta en Lasarte-Oria el día de la excarcelación de Santi Potros. (Covite)
Pancarta en Lasarte-Oria el día de la excarcelación de Santi Potros. (Covite)

Según el Observatorio de Radicalización de Covite, en lo que va de 2018 ya se han realizado 44 homenajes a terroristas de ETA.

“No somos vengativos, pero el aliento social que reciben los etarras causa mucho daño a las víctimas”, recalca Maite Araluce, presidenta de la Asociación Víctimas del Terrorismo.

Araluce se queja de que “Pedro Sánchez no se dignara a escribir un solo tuit de aliento a las víctimas el día que salió Santi Potros de la cárcel”. En junio pasado y en sede parlamentaria, Pedro Sánchez anunció la voluntad de su Gobierno de acercar a los presos etarras a cárceles del País Vasco, “siendo empáticos, por supuesto, con las víctimas del terrorismo". Araluce subraya que últimamente todas las señales políticas van en favor de los presos etarras y en contra de la honra de las víctimas.

Hipercor: 22 asesinatos

Santi Potros mandó matar en ciudades tan dispares geográficamente como Madrid, Barcelona, Pamplona o San Sebastián. Uno de los atentados más letales lo llevó a cabo el comando Madrid en 1986, en la plaza de la República Dominicana, contra un convoy de la Guardia Civil mediante una furgoneta-bomba que causó 12 muertos y decenas de heridos. Según una sentencia de la Audiencia Nacional, el terrorista había ordenado “emprender una dura campaña de atentados” contra objetivos seleccionados por la cúpula etarra y otros “dejados a la elección de los miembros del comando [Madrid], siempre que tales objetivos se encarnaran en personas pertenecientes a la Guardia Civil”.

Tenía una hija de 11 años y un hijo 15 meses. Estamos todos tocados desde entonces, mis hijos se han puesto una coraza para sobrevivir

Pero su mayor ‘gesta’ sucedió en junio de 1987, cuando ordenó que se ejecutara un atentado contra "objetivos empresariales franceses”: el Hipercor de Barcelona. La ignorancia es valiente y letal: un coche-bomba colocado en el aparcamiento del centro comercial segó la vida de 21 personas y un nonato.

María Ángeles Alemán no puede evitar el llanto al otro lado del teléfono. Es un llanto que mezcla la tristeza por el asesinato de su marido en Barcelona y la rabia por la excarcelación del jefe de ETA. “Yo tenía una hija de 11 años y un hijo de 15 meses que se quedaron huérfanos. Estamos todos tocados desde entonces, mis hijos se han puesto una coraza para sobrevivir, pero yo no me callo, Santi Potros tendría que cumplir condena perpetua”, dice la viuda entre lágrimas.

Esa incomprensión por la libertad de Santi Potros no es exclusiva de Alemán, sino de muchas otras víctimas. El presidente de ACVOT, José Vargas, también se indigna: “Al asesino de John Lennon [Mark David Chapman], que lleva 38 años en la cárcel, aún se están planteando si liberarlo o no. Nadie puede decir que Estados Unidos no sea una democracia, pero aquí hay un tipo que ha matado a 40 personas y está en la calle tras una condena de 3.000 años”.

Momentos después de la explosión de un coche-bomba en Hipercor. (EFE)
Momentos después de la explosión de un coche-bomba en Hipercor. (EFE)

Sin embargo, Roberto Manrique, carnicero que trabajaba en Hipercor y que sufrió quemaduras múltiples en su cuerpo, discrepa: “¿Es legal su excarcelación? Sí. ¿Es justa? Quizá no, pero hay que dejar claro que se ha cumplido la ley y no debemos hacer política de esta situación”.

Manrique, que hoy dirige la Unidad de Atención y Valoración de Afectados por Terrorismo, indica que el Estado sí falla en otras cuestiones más importantes. En junio de 2015, cuando se celebró el último juicio contra Santi Potros en la Audiencia Nacional por el asesinato del civil Juan Fructuoso, ocurrido en 1987 en Barcelona, Manrique explica cómo tuvo que hacer cola para entrar en la sala con dos testigos muy singulares: Josefa Mercedes Ernaga y Antonio Troitiño, ambos ya en libertad y ejecutores materiales del atentado de Hipercor. “Estar prácticamente codo con codo junto a dos etarras en la misma cola, eso sí me dolió”, cuenta Manrique.

Viudas y huérfanos

Las órdenes de Santi Potros dieron lugar a 40 entierros, pero también dejaron un reguero de viudas y huérfanos. “No lo hemos superado, ni mi hijo ni yo. Él tenía tan solo cinco años cuando mataron a su padre y ha tenido y tiene multitud de problemas psicológicos”. Quien así se expresa es Manuela Merchán, viuda del policía nacional Ángel Postigo, tiroteado hasta la muerte por orden de Santi Potros en Pamplona en 1985.

Estos días, desde que se enteró de la liberación de Santi Potros, siente ansiedad y nerviosismo. “No puedo perdonarlo, jamás, no acepto que él esté en la calle y mi marido en un cementerio”, dice la viuda de Postigo. Recuerda Merchán cómo en aquellos terribles años ochenta en que ETA mató a 244 personas la empatía hacia las víctimas del terrorismo en Pamplona era nula: “Tras el asesinato de mi marido, pasamos años muy malos porque mis compañeras de trabajo, muchas de ellas simpatizantes de la izquierda 'abertzale', me hicieron la vida imposible por ser la viuda de un policía; con especial dureza se comportó mi jefa”.

Otra ‘hazaña’ de Santi Potros fue dejar huérfanos a cinco hijos de Rafael Garrido, gobernador militar de Guipúzcoa. Los mataron a él, a su mujer, Daniela Velasco, y a uno de sus hijos tras colocar una bomba-lapa en el techo del coche con el que circulaban por San Sebastián. Corría el año 1986.

“Siempre va a estar ahí en el recuerdo, pero el tiempo cicatriza y dulcifica”, observa Fernando Garrido, uno de los huérfanos, quien hoy ya cuenta con 59 años. A él no le ha afectado en demasía la excarcelación de Santi Potros porque nunca ha dado importancia a los nombres de ETA, sino a su ideología y a la organización en su conjunto. Ello, a pesar de que él escuchó la explosión que mató a sus padres y a su hermano y acudió de inmediato al lugar del atentado, donde presenció las consecuencias fatales. “Si les toca salir de la prisión por una decisión judicial, bien, pues que salgan; no quiero que se arrodillen ni deseo venganza”, razona Garrido.

La familia se reúne cada año en la localidad oscense de Jaca en las fechas próximas al aniversario del atentado para confraternizar y dulcificar los amargos recuerdos. Así lo explica el tío materno de Fernando Garrido, Silverio Velasco, quien no parece ser tan condescendiente con el jefe etarra puesto en libertad. “La sociedad sigue enferma porque la gente lo sigue vitoreando y homenajeando y, oiga, si sigue haciendo apología del terrorismo, pues igual está cometiendo nuevos delitos”, concluye Velasco.

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