DOCE AÑOS DEL INCENDIO DE GUADALAJARA

Bosques igual de verdes y pueblos sin futuro: lo que pasa años después de un gran incendio

En contra de la creencia popular, las llamas no están deforestando nuestro país ni sirven a oscuras tramas urbanísticas. En cambio, sí arruinan la economía y el futuro del mundo rural

Foto: Vista de los montes del Alto Tajo desde Selas (Guadalajara), doce años después del incendio. (D.B.)
Vista de los montes del Alto Tajo desde Selas (Guadalajara), doce años después del incendio. (D.B.)

Cuando el fuego prende, todos nos sobresaltamos. Manos a la cabeza, suspiros de indignación, preocupación por quienes pasan la noche en un polideportivo, miedo por los bomberos que se juegan la vida bajo las llamas. Son días en los que no se habla de otra cosa. Hasta que el fuego es controlado y extinguido. Entonces se hace un recuento de hectáreas quemadas, vemos imágenes desoladoras, torcemos una mueca y vuelta a la normalidad. Pero tras el incendio, ¿qué pasa? ¿Queda ese lugar condenado a muerte o sigue la gente viviendo entre paisajes de ceniza? ¿El fuego convierte el monte en un erial irrecuperable o resucita con el paso de los años?

No existe una respuesta única, pero sí muchas claves que se repiten en todos los incendios en España. Tomamos como ejemplo el gran incendio forestal de Guadalajara, que en julio de 2005 arrasó 10.352 hectáreas y se cobró la vida de 11 bomberos forestales. Un desastre humano y organizativo que obligó al Gobierno, presidido entonces por José Luis Rodríguez Zapatero, a crear la Unidad Militar de Emergencias (UME), que aún hoy sigue operando. Doce años más tarde, este extenso paraje de pinares y pedanías en el Alto Tajo nos ofrece algunas respuestas sobre qué le espera a un territorio tras ser pasto de las llamas, más allá de tópicos y especulaciones. Hay buenas y malas noticias, y no corresponden con lo que solemos pensar.

En primer plano, pequeños pinos crecen con fuerza. Al fondo, los primeros pinos que se salvaron del fuego. (D.B.)
En primer plano, pequeños pinos crecen con fuerza. Al fondo, los primeros pinos que se salvaron del fuego. (D.B.)


El bosque tarda, pero vuelve

"Hay zonas en las que hay miles de pinos, no cabe uno encima del otro, incluso más que antes. En algunos sitios en cambio han crecido robles, que es la especie autóctona. También hay mucha maleza, pero en general el paisaje de antes del incendio está resurgiendo", explica Carlos Lascas, concejal de Riba de Saelices, el pequeño pueblo de 30 habitantes donde se originó el fuego debido a una barbacoa mal apagada. Mientras habla señala a un lado y al otro. Miles de pinos jóvenes de entre uno y cinco metros se levantan de un verde intenso entre el terreno rocoso. "Sin ayuda, tardarán entre 40 y 50 años en tener el tamaño que tenían en 2005. Pero si les ayudamos, quizá lo consigan en 25 o 30. Y esa es una gran diferencia para quienes vivimos en estas tierras, porque el pino ha sido desde siempre nuestra forma de vida".

"Solemos exigir a la naturaleza que se adapte a nuestros ciclos, pero 40 años de espera para recuperar un bosque es un periodo muy corto"

Según la Junta de Castilla-La Mancha, el 85% de la superficie quemada se está reforestando de forma natural. "En esa zona, el pino resinero está adaptado a los incendios. Al producirse uno, las piñas que no son calcinadas se abren con las altas temperaturas y desperdigan miles de piñones. Igual que los rebollos, son especies que se han adaptado a convivir con el fuego, ya que este ha sido siempre un elemento configurador del paisaje mediterráneo", explica Inés González Doncel, vicedecana del Colegio Oficial de Ingenieros de Montes (COIM). "Solemos exigir a la naturaleza que se adapte a nuestros ciclos, pero 40 años de espera para recuperar un bosque es un periodo muy corto para la naturaleza, si bien en algunos casos, como en el incendio de la Gomera, se necesitará más tiempo por el tipo de vegetación. Claro que un incendio es un desastre, pero para nada es irreversible", continúa.

Comparativa de la superficie quemada en 2006 (arriba) y su aspecto en 2015 (abajo). (EFE)
Comparativa de la superficie quemada en 2006 (arriba) y su aspecto en 2015 (abajo). (EFE)


De hecho, un detallado informe de la Universidad de Wageningen (Holanda) sostiene que Europa, y muy especialmente España, no solo no se está deforestando por culpa de la industrialización y los grandes incendios descontrolados, sino que es más verde hoy que en el año 1900. España tenía hace 110 años un 10% de terreno boscoso, por más del 20% hoy en día. La explicación radica en el abandono progresivo de la agricultura, que se comía los bosques en busca de nuevos terrenos, y la drástica caída del uso de la madera como combustible. Hoy, la masa forestal española es, tras la de Suecia, la más grande e importante de Europa.

"A pesar del aumento de incendios no perdemos superficie forestal", confirma la vicedecana del COIM. El único caso realmente grave es el de los macro incendios. "Cuando hablamos de 30.000 hectáreas quemadas, ahí sí la labor es muy compleja porque puede haberse perdido esa masa circundante que actúa como puente de semillas en un incendio de por ejemplo 500 hectáreas. Otro problema es si al poco tiempo se producen lluvias fuertes que arrastran tierras y pierden la vegetación. En esos casos una buena gestión humana es fundamental".

Una de las zonas más perjudicadas, con restos del incendio y pinos que crecen sin fuerza. (D.B.)
Una de las zonas más perjudicadas, con restos del incendio y pinos que crecen sin fuerza. (D.B.)


Félix Martínez, alcalde de Selas, es menos optimista respecto a la recuperación forestal. Su municipió perdió 1.200 de las 1.500 hectáreas de pino resinero que tenía, y a día de hoy apenas unas manchas de pinos pequeños, algunos de no más de un palmo de altura, salpican el paisaje. En su lugar, han nacido miles de estepas que no dejan crecer nada a su alrededor. "Yo no creo que esto vuelva a ser lo que era. Quizá en 100 o 200 años. ¿De qué me sirve a mí que digan que no perdemos masa forestal, si la masa en lugar de árboles son estas estepas donde no crece ni la hierba? Cada otoño teníamos miles de kilos de níscalos, ahora no sale ni uno.¿Qué calidad de bosque es ese?”.

"¿De qué sirve que no perdamos masa forestal, si la masa en lugar de árboles son estepas donde no crece ni la hierba", se queja el alcalde de Selas

El alcalde, datos en mano, asegura que desde el incendio hay un 25% menos de lluvias en su municipio. "Antes las borrascas agarraban en el bosque y descargaban lluvia, pero ahora pasan de largo a la siguiente loma". Ningún alcalde del Alto Tajo ha podido actuar sobre los parajes calcinados hasta 2015, ya que la normativa marca un lapso de diez años sin intervención humana para fomentar la regeneración natural.

Riba de Saelices trata de sobrevivir a la despoblación sin recursos forestales. (D.B.)
Riba de Saelices trata de sobrevivir a la despoblación sin recursos forestales. (D.B.)


La tragedia económica

Cuando vea en televisión imágenes del próximo gran incendio no centre tanto su atención en la deforestación, argumento desmontado por la realidad, como en el desastre demográfico. Esa es la verdadera tragedia que provocan los incendios forestales en nuestro país: suelen arrasar entornos rurales cuya supervivencia pende de un hilo.

"Si aún tuviéramos el pinar, hoy podríamos dar trabajo a varias personas. Y con ellas quizá volveríamos a abrir la escuela y habría alguna empresa. Pero sin pinar estamos condenados", afirma el alcade de Selas. Casualmente, la industria resinera, que desapareció de la región en 1978, ha resurgido con fuerza desde 2009 por el alza en el precio de los combustibles. Pero claro, estos pueblos no tienen un solo pino resinable. "En 1965 la industria daba empleo a 70 personas en Selas. Con que hoy diera empleo a 15 tendríamos el futuro asegurado. En lugar de 30 personas en invierno y un solo crío que ya va al instituto tendríamos a varias familias, la escuela abierta y algunas tiendas".

Félix Martínez, alcalde de Selas, muestra las estepas que se han adueñado del municipio arruinando los montes. (D.B.)
Félix Martínez, alcalde de Selas, muestra las estepas que se han adueñado del municipio arruinando los montes. (D.B.)


En Riba de Saelices ocurre lo mismo, aunque por lo menos allí sí hay escuela, la única de la zona. "Desde fuera se desconoce, pero de estos pinares vivió el 90% de la población hasta la década de los 70. Lo demás eran trueques de oveja por saco de trigo. Y ahora que ha resurgido la industria resinera, los pueblos cercanos que tienen pinar tienen recursos para sujetar a las familias jóvenes y ofrecer trabajo a gente de fuera. Si pudiéramos arraigar a cinco o seis familias tendríamos posibilidades de futuro".

Los pueblos arrasados necesitarán al menos 20 años más para generar empleos una vez crezcan los pinos. Para entonces quizá hayan dejado de existir

Además de la resina está la industria maderera, que en España genera unos 90.000 empleos directos. "Las sacas de madera eran un 20% de los ingresos netos anuales", recuerda Lascas. "A lo que se suma hoy el auge de la biomasa y los pellets. Nosotros teníamos un terreno idóneo para instalar una planta de biomasa, lo que generaría empleos e ingresos". Por no hablar de la posibilidad de emitir licencias de recogida de setas que hoy ya no crecen, o los cotos de caza, que durante varios años no pudieron ser subastados (6.000 euros por coto al año). Unos ingresos que tardarán al menos 20 años en llegar, una vez crezcan los pinos. Y para cuando lleguen, este pueblo y otra docena del Alto Tajo quizá hayan dejado de existir.

El incendio dejó a Selas sin escuela y con solo 30 habitantes, al límite de la supervivencia. (D.B.)
El incendio dejó a Selas sin escuela y con solo 30 habitantes, al límite de la supervivencia. (D.B.)


Agentes en precario

Otra mala noticia es que, en general, España no es más inmune a un gran incendio que hace 10 o 20 años, debido al progresivo abandono de los montes y a la inacción política. "Los incendios se apagan en invierno, pero parece que los políticos siguen sin entenderlo", se queja al alcalde de Selas. La gestión y prevención de incendios sigue dependiendo de cada comunidad autónoma, si bien desde 2005 cuentan con el inestimable apoyo de la UME.

Cataluña se sitúa en cabeza, con cuerpos de agentes rurales y de bomberos profesionalizados (todos pasan oposiciones), bien equipados y con una cadena de mando clara. A la cola se encuentran Galicia y Castilla y León, con una gestión privatizada de especialistas forestales mal pagados y peor coordinados. Cuando el fuego prende, la consecuencia suele ser el caos.

En un fuego hay gente trabajando 24 horas, otros 12, unos tienen buena formación, otros han hecho dos tardes de prácticas. Trabajar con ese descontrol es gravísimo

"Cada vez hay menos efectivos en un trabajo muy peligroso que sigue sin estar homologado a nivel nacional. En un fuego nos encontramos a gente trabajando 24 horas, a otros cuyo convenio les marca 12 horas, unos tienen buena formación, otros apenas han hecho dos tardes de prácticas, muchos haciendo tareas de categorías que no les corresponden. Trabajar con ese descontrol en una situación límite como un incendio es gravísimo", advierte Raúl Antón, responsable de brigada en el retén de La Vera (Guadalajara) y miembro de los equipos de extinción del incendio del Alto Tajo en 2005.

"El operativo crece muy poco comparado al número de incendios, que son el doble y más peligrosos. Cada vez se contrata a menos especialistas forestales, pero en cambio ahora los contratos son por 12 meses en lugar de cuatro para hacer tareas de prevención en invierno. En cuanto a equipamiento estamos casi igual. Se han comprado vehículos nuevos, pero eso es algo que se da por hecho”, continúa. Y todo con salarios que rondan los 900 euros.

Torre de vigilancia en Selas, una de las más modernas de todo el Alto Tajo. (D.B.)
Torre de vigilancia en Selas, una de las más modernas de todo el Alto Tajo. (D.B.)

Castilla-La Mancha cuenta hoy con 110 puestos de vigilancia fija y 40 patrullas móviles. A lo que se suman 17 helicópteros y 51 autobombas pesadas, entre otros equipos. "Más que material de respuesta a un fuego, que siempre está bien, necesitamos un plan de gestión y limpieza de montes para los próximos años, y eso sigue sin existir", lanza el concejal de Riba de Saelices. Y reclama: "Nuestro pueblo tiene 120.000 euros esperando a ser invertidos en el monte, pero no podemos hacerlo hasta que no se redacte un plan legislativo que articule todas las actuaciones a 15 años vista. Llevamos años pidiéndolo, pero la Junta no nos hace caso. Las únicas actuaciones que se han hecho han sido de particulares que, voluntariamente, nos hemos ido al monte a desbrozar y limpiar, a ayudar a esos pinos a crecer antes. Pero aquí o entra la Administración o es imposible".

O como insiste González Doncel: "Gestionar los montes genera riqueza y los hace más resistentes a los incendios, y para ello hay que aprobar planes de ordenación del aprovechamiento forestal. Ese es el gran drama de nuestros montes, el abandono”.

La Junta de Castilla-La Mancha asfaltó algunas pistas de la zona tras el incendio de 2005. (D.B.)
La Junta de Castilla-La Mancha asfaltó algunas pistas de la zona tras el incendio de 2005. (D.B.)


Pirómanos, no especuladores

Uno de los tópicos que la realidad se ha encargado de desmontar es que el aumento de los incendios se debe a la especulación urbanística. Como explicó este diario días atrás, no es tan sencillo pervertir la Ley de Montes para edificar en lugares arrasados por las llamas. "Este rumor hace mucho daño y se usa con mala fe. Tras un incendio no hay un objetivo perverso. No hace falta quemar un monte para recalificarlo, es más sencillo hacerlo si no está quemado. El porcentaje de incendios con carácter especulativo desde los años 60 es mínimo", afirma la vicedecana del COIM.

Otro gran problema es condenar a los culpables. El caso de Guadalajara, donde murieron 11 personas debido a la negligencia de un grupo de excursionistas que se dejaron alegremente las brasas de una barbacoa encendidas mientras se daban un baño en una balsa, es sangrante. "Durante el proceso judicial las imputaciones quedaron en nada. Al final se condenó al cabeza de familia del grupo excursionista. Menos de dos años de cárcel, con lo que no pisó la prisión, y 9 millones de euros que no pagó porque se declaró insolvente".

Otros grandes incendios sí han terminado con el culpable entre rejas, pero ninguno ha conseguido que se pagasen las multas millonarias. Como resume Lascas, "todos se declaran insolventes y no pagan un duro. Es indignante, pero no nos queda otra que seguir adelante y luchar por recuperar nuestros montes. Como pueblo, un incendio nunca se supera, pero no podemos bajar los brazos".

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