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Un ingeniero inventa un software para robar tablets y ropa que luego cambiaba por droga
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Un ingeniero inventa un software para robar tablets y ropa que luego cambiaba por droga

Un italiano ha sido acusado de estafa en España por diseñar una aplicación que imitaba a la señal que emiten los bancos cuando reciben un ingreso y robar cientos de productos de tiendas online

Foto: Imagen del sabotaje a la web de Nuevas Generaciones del PP en 2009. (EFE)
Imagen del sabotaje a la web de Nuevas Generaciones del PP en 2009. (EFE)

Romano tenía 29 años cuando decidió abandonar su Italia de nacimiento para trasladarse a España a ampliar sus estudios de ingeniería informática. Su padre –profesor universitario– y su madre –médico– le pasaban 3.000 euros todos los meses para sus gastos. El joven, que vio el cielo abierto con tanto dinero para gastar y sin apenas control parental, se enganchó a la cocaína.

Conoció a unos colombianos a los que comprarle el material y empezó una vida de desenfreno muy alejada de la que había conocido en Italia. Sus padres, sin embargo, empezaron a sospechar que algo grave estaba pasando. Le cortaron el grifo y le pidieron que regresara, pero lo que el ingeniero había comenzado no era fácil de parar por teléfono.

Sin dinero, pero con una adicción incontrolable, el chico puso a funcionar la única herramienta que le quedaba, su cerebro. Necesitaba euros a porrillo para seguir consumiendo coca, por lo que se situó frente al ordenador y diseñó un software que en la práctica hacía las funciones de tarjeta de crédito. En concreto, la aplicación transmitía una señal a las tiendas online que imitaba a la que emiten los bancos cuando reciben un ingreso. Las marcas, por lo tanto, tan solo recibían el aviso de que el dinero había sido ingresado, único requisito para dar luz verde al envío del pedido.

Necesitaba dinero para la coca, por lo que se situó frente al ordenador y diseñó un software que en la práctica hacía las funciones de tarjeta de crédito

El joven adquirió así decenas de productos de prestigiosas marcas como bicicletas de carreras, gafas de sol, relojes, todo tipo de prendas de ropa, ordenadores, televisores de plasma, dispositivos electrónicos, teléfonos móviles de última generación, colonias, pistolas de aire comprimido, aparatos deportivos y todo lo que se le ocurría que luego podría venderse rápido a un precio mucho menor.

De hecho, es lo que hacía. El chico daba salida a todos los productos a través de páginas como segundamano.com o milanuncios.com. También vendía artículos a sus vecinos y cualquiera que quisiera adquirirlos. En ocasiones incluso los cambiaba por droga directamente a los colombianos a los que habitualmente les compraba la coca.

Era el robo perfecto, pues las empresas ni siquiera se daban cuenta de que habían sido estafadas. Al final del año, cuando trataban de cuadrar la cuenta de resultados, sí notaban pequeños desajustes, pero no era ese el mejor momento para detectar a qué se debían y entraban dentro de lo asumible habitualmente. De hecho, el timador se cuidaba mucho de poner los huevos en distintas cestas y diversificar sus robos. Al final, había muchas tiendas online a las que se les estafaba un poquito a cada una.

El joven 'adquirió' productos como bicicletas de carreras, gafas de sol, relojes, prendas de ropa, ordenadores, televisores de plasma, tablets...

Sin embargo, una de las marcas se puso a investigar por qué no le cuadraban los números y detectó algo extraño. La empresa se puso en contacto con la Policía y denunció lo que había descubierto. Fue entonces cuando los agentes de la Unidad de Investigación Tecnológica se pusieron manos a la obra. Tras varios meses de rastreos informáticos, los funcionarios recibieron una llamada del Grupo de Policía Judicial de Villaverde (Madrid). Estos últimos habían localizado y detenido al ingeniero.

El piso en el que vivía estaba hecho un asco. Sucio y lleno de ropa de marca sin estrenar por todos sitios. Máquinas para correr y todo tipo de dispositivos aún metidos en su caja decoraban la vivienda situada en pleno centro de la capital de España. El joven, que ya había cumplido los 30 años, llevaba cinco meses delinquiendo sin salir de su domicilio más que para comprar la coca en el bar de enfrente, que era donde los colombianos suministraban el material.

El piso en el que vivía estaba lleno de ropa de marca sin estrenar por todos sitios, máquinas para correr y todo tipo de dispositivos aún metidos en su caja

La detención del informático, además, ha servido para que la Policía abra nuevas diligencias basadas en los mencionados narcotraficantes del bar, donde los agentes encontraron un kilo y medio de cocaína en roca y una pistola de la Segunda Guerra Mundial. Estas pistas, explican las fuentes consultadas, podrían llevar a desarticular operativos más importantes.

El italiano fue puesto en libertad con cargos y se encuentra a la espera de que se celebre el juicio. Se le acusa únicamente de estafa, ya que la droga la utilizaba solo para consumo propio. El juez permitió que regresara a su país y, de hecho, sus padres vinieron a recogerle el pasado 14 de agosto para llevárselo de vuelta a casa. Ingresará en un centro de desintoxicación para tratar de rehabilitarse y superar su adicción. Su cerebro, sin embargo, no sufrió daños y podrá seguir funcionando.

Romano tenía 29 años cuando decidió abandonar su Italia de nacimiento para trasladarse a España a ampliar sus estudios de ingeniería informática. Su padre –profesor universitario– y su madre –médico– le pasaban 3.000 euros todos los meses para sus gastos. El joven, que vio el cielo abierto con tanto dinero para gastar y sin apenas control parental, se enganchó a la cocaína.

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