El hijo de una víctima de ETA condenado por estafa reclama los beneficios de 'Txelis'
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y salir libre al cumplir tres cuartos de condena

El hijo de una víctima de ETA condenado por estafa reclama los beneficios de 'Txelis'

El exmilitar Miguel Ángel Morillo, cuyos padres fueron heridos en dos atentados diferentes de la banda en 1974 y 1981, fue condenado en 2008 a 12 años de prisión por una estafa inmobiliaria

Foto:  Fotografía de archivo del 17/11/1999 del ex dirigente etarra 'Txelis'. (EFE)
Fotografía de archivo del 17/11/1999 del ex dirigente etarra 'Txelis'. (EFE)

El exmilitar Miguel Ángel Morillo, hijo de la víctima de ETA Teresa del Pozo -herida en el atentado que la banda perpetró contra el vehículo del teniente general Joaquín de Valenzuela en 1981-, reclama tener al menos los mismos beneficios penitenciarios que el exetarra José Luis Álvarez Santacristina, Txelis, uno de los históricos de la banda terrorista al que la Audiencia Nacional dejó en libertad condicional el pasado agosto después de cumplir tres cuartas partes de su condena.

Morillo, condenado a 12 años y medio de prisión por la Sección 15 de la Audiencia Provincial de Madrid por participar en la estafa inmobiliaria de la Comercializadora Peninsular de Viviendas, ha cumplido ya tres cuartas partes de la condena -la misma proporción que Txelis-, pero ni la justicia ni Instituciones Penitenciarias le conceden los beneficios que ambos organismos sí han dispensado al también inventor de la kale borroka.

Morillo pudo haber visto reducida su condena en dos años y medio si hubiera hecho frente a los algo más de 10.000 euros que estableció el tribunal como compensación económica a cambio de ese periodo. Sin embargo, según explica el propio Morillo a El Confidencial, su situación económica es desastrosa porque no se llevó ni un euro de aquella estafa por la que fue condenado, luego tuvo que irse a vivir con sus padres y su mujer huyó con su hijo.

El buen comportamiento de Álvarez Santacristina y su condena a los atentados de la banda han posibilitado que se beneficie de permisos y gracias penitenciarias

Txelis, por su parte, es el máximo exponente de la vía Nanclares, estrategia desarrollada por el Ministerio del Interior en la época de José Luis Rodríguez Zapatero que hoy persiste y que tiene la finalidad de agrupar en la prisión alavesa a los presos de ETA más alejados de la banda con el fin de facilitarles la reinserción social. El buen comportamiento de Álvarez Santacristina y su condena expresa a los atentados de la banda han posibilitado que el exterrorista se beneficie de permisos y gracias penitenciarias como la que le concedió el juez José Luis Castro el pasado 7 de agosto, cuando decretó la libertad condicional para el recluso.

"No entiendo cómo es posible que Txelis y otros condenados por su vinculación con la banda terrorista ETA estén disfrutando de privilegios que el hijo de una víctima no tiene", se pregunta Morillo en declaraciones a El Confidencial. "Durante todos los años que he pasado en prisión en segundo grado jamás me han abierto un parte los funcionarios de prisiones, que siempre han dado excepcionales informes de mi y con los que colaboré siempre en todo tipo de asuntos", añade."Yosolo reclamo de la justicia el mismo trato que reciben terroristas arrepentidoscomo Álvarez Santacristina", concluye.

La madre de Morillo fue condecorada con la Real Orden del Reconocimiento Civil tras resultar herida en el mencionado atentado contra el teniente general Valenzuela, que costó la vida a tres militares que viajaban con el mando del Ejército. Además de Teresa del Pozo y del teniente general, otros nueve transeúntes que en ese momento cruzaban la calle presentaron heridas de diversa consideración.

''No entiendo cómo es posible que Txelis y otros condenados por su vinculación con ETA disfruten de privilegios que el hijo de una víctima no tiene''

Sin embargo, no fue la madre del hoy condenado Morillo la única de la familia a la que alcanzó un atentado de ETA. La mala suerte provocó que su padre, extrabajador de Altos Hornos, estuviera tomando café el 13 de septiembre de 1974 en la cafetería Rolando de la madrileña calle del Correo, establecimiento donde habitualmente se tomaban un respiro numerosos policías que trabajaban en la Dirección General de Seguridad ubicada por aquel entonces en la Puerta del Sol.

Sol Morillo, el padre de Miguel Ángel, tenía muchos amigos en el organismo y estaba aquel día departiendo con ellos en el bar cuando a las 14.35 horas estallaron los 30 kilos de dinamita adheridos a decenas de tuercas que hicieron las veces de metralla. La explosión provocó que el techo del local cayera sobre las personas que en ese momento estaban almorzando. Un total de 13 personas murieron en ese momento o a las pocas horas y otras 80 resultaron heridas.

Entre estas últimas, además de varios policías, también estaba el padre de Miguel Ángel, que tras el atentado se quedó sordo de un oído y hoy todavía lucha por ser reconocido como víctima en un proceso judicial que se está haciendo eterno. Solo un policía figuró en la lista de fallecidos, el inspector Félix Ayuso, que murió dos años y cuatro meses después, aunque a consecuencias de las heridas del atentado.

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