las ciudades pierden población en verano

¡Socorro, nos invaden! Los pueblos con mayor avalancha de ‘forasteros’

El verano da pie al éxodo de miles de urbanitas hacia pueblos de playa y montaña. Les desvelamos cuáles son los que más afluencia de veraneantes reciben (según datos de los propios pueblos)

Arranca el mes de julio: media España en alerta por temperaturas máximas, algunas carreteras saturadas debido a la operación salida... Las grandes ciudades se vacían poco a poco. ¿Adónde van los urbanitas? Playa o montaña, el destino final es, en cualquier caso, un pueblo.

Y es que muchos municipios, tanto de la costa como del interior, hacen su agosto -nunca mejor dicho- en estas fechas, hasta el punto de que ven multiplicar su padrón gracias a la llegada de turistas estivales. Es lo que se conoce como población estacional, que en nuestro país asciende a más de 10 millones de personas. 

Los datos reflejados en el mapa superior proceden de la última Encuesta de Infraestructura y Equipamientos Locales (EIEL), correspondiente a 2013, que elabora todos los años el Ministerio de Hacienda y Administraciones Públicas. 

[Descargue aquí los datos] 

En dicha encuesta, los ayuntamientos de menos de 50.000 habitantes (excluidos los de País Vasco y Navarra debido al régimen foral) informan, además del padrón, del número de viviendas, de la estimación que el propio consistorio hace de su población estacional así como de las plazas hoteleras y las casas rurales que se ubican en el término. Fuentes del Ministerio aclaran que determinadas diputaciones (como las catalanas, la madrileña, la de Huesca y la de Huelva) acumulan retrasos de varios años en el envío de sus EIEL, de ahí que no aparezcan ni en los datos recopilados ni en el mapa superior, en el cual las localidades están ordenadas en función del porcentaje de aumento sobre el padrón y no sobre datos absolutos. 

Más viviendas que habitantes

José María Delgado, profesor de Geografía Humana de la Universidad de Valladolid, explica a este diario que, en un pueblo, una población flotante alta “es el resultado de una explotación adecuada de los recursos patrimoniales del medio rural”. Un buen ejemplo de esta población estacional lo encontramos en Bronchales, un municipio turolense en plena Sierra de Albarracín donde hay registradas 1.300 viviendas para un padrón de poco más de 400 habitantes.“Estamos a 1.500 metros de altitud, lo que nos convierte en uno de los pueblos más altos de España. En verano se nota el cambio de temperatura entre ciudades como Valencia y nuestro pueblo. La calidad de nuestras aguas (hay 60 fuentes en la localidad), el aire limpio, la belleza de nuestros recursos naturales y un clima favorable en verano hace que vengan muchas personas a nuestro pueblo, sobre todo de la parte de Valencia”, explican fuentes del consistorio turolense.

Desde que se construyera, a finales del siglo pasado, el hotel Ballester (un centro de montaña al que los médicos valencianos derivaban sus pacientes en busca de aire puro), la llegada de turistas a Bronchales no ha parado de crecer. Hoy el pueblo dispone de hotel, fonda, varios campings y numerosas viviendas que sirven de segunda residencia para multitud de valencianos. El turismo micológico, la caza, el senderismo, el ciclismo de montaña y la cercanía con otros puntos turísticos (como Teruel, Albarracín, el Monasterio de Piedra o la laguna de Gallocanta) son sus puntos fuertes.

Jorge Hernández, el nuevo alcalde del municipio tras el 24-M, confiesa que los del pueblo suelen calcular a ojo el aumento de población con el consumo de barras de pan. Y en vacaciones, las baguettes se disparan en Bronchales.

Más de la mitad de los municipios de España no llega al millar de residentes. Su pervivencia se debe, en buena parte, a los lazos familiares que personas residentes en núcleos más grandes mantienen todavía con estos pueblos. La población estacional (veraneos, fines de semana, puentes) supone un aporte importantísimo a estas localidades en riesgo de desaparición. “La tendencia y la esperanza de los pueblos pequeños reside en el denominado nuevo paradigma rural, basado en una economía diversificada que ya no dependa exclusivamente de la agricultura y la ganadería”, comenta el profesor Delgado.

Maderuelo, en Segovia, es otro pueblo pequeño pero no invisible que recibe una importante afluencia de visitantes en verano. Con un censo de 109 habitantes, su población puede alcanzar en verano picos de 2.000 personas. “Es un pueblo medieval, completamente amurallado, y por la noche, desde el pantano, el reflejo parece la proa de un barco. Además nos encontramos en un entorno acogedor, con las únicas aguas aptas para baño de toda la provincia”, presume Manuela Rodríguez-Torices, concejal de Cultura de este municipio.

Casi todos los hijos del pueblo que emigraron cuando hicieron el pantano conservan su segunda residencia en Maderuelo. La edil señala que el boca a boca funciona muy bien. “Además celebramos una fiesta medieval en agosto muy pintoresca. Tenemos a franceses, alemanes… Viene gente de todos los sitios”, reconoce Rodríguez-Torices.

Las 'otras' playas

El otro lado de la moneda lo ocupa el turismo masivo de playa, en auge ininterrupido desde la época del desarrollismo. La mayoría de los pueblos costeros que se ubican frente al Mediterráneo reciben estos días turistas que se cuentan por cientos de miles. Es el caso de la provincia de Alicante. Allí, municipios como Denia, Santa Pola o Calpe destacan por ver aumentar su población en más de 130.000 personas cada uno de ellos.

Se trata de una situación que, a tenor de los datos recopilados por la Secretaría de Estado de Administraciones Públicas, no se repite con tanta intensidad, en términos absolutos, en los pueblos de la franja norte orientados al Atlántico. Con una excepción: Sanxenxo, en Pontevedra, que, con alrededor de 17.000 habitantes, tiene tantas viviendas como residentes. El concejal de Cultura de este municipio, Jesús Sueiro, recuerda a El Confidencial que la localidad lleva siendo destino turístico desde antes de los años 60. “Entonces venían cuatro familias de gente bien, era un turismo muy puntual”, dice.

Ahora reciben la tercera generación de veraneantes, la mayoría procedentes de la mitad norte de España. ¿Qué podemos encontrar en esta localidad de Pontevedranbsp;“Las playas son muy buenas. Tenemos 12 banderas azules y 14.000 plazas hoteleras”, resume Sueiro.

El profesor Delgado, estudioso de la desertificación en los pequeños núcleos, recuerda que a pesar de que hace 15 años se pensaba que los pueblos iban a desaparacer. la ola de inmigración de la década del 2000 consiguió retener población rural. "Al final, donde aumenta realmente la población es siempre en los pueblos que han sabido aprovechar sus recursos endógenos (turismo, arquitectura, naturaleza denominaciones de origen, etc). En definitiva, los que han sabido diversificar. Y sin embargo, hoy por hoy, todavía no se está invirtiendo de la forma correcta para evitar que la gente no se acabe marchando a otro sitio".

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