ASOCIACIONES Y FAMILIARES EXIGEN CONCIENCIACIÓN

El suicidio, un eterno tabú en España pese a las 3.870 personas que murieron así en 2013

El suicidio es una muerte común en España. Los expertos advierten que no se puede hacer una interpretación meramente coyuntural ni sociológica. Las asociaciones piden una mayor concienciación

Foto: Activistas en Berlín pretenden generar conciencia sobre el suicidio (Efe)
Activistas en Berlín pretenden generar conciencia sobre el suicidio (Efe)

Los últimos datos sobre muertes por suicidios y lesiones autoinfligidas en España publicados por el INE arrojan revelaciones significativas. En 2013, el último año del que existen cifras oficiales, 3.870 personas atentaron contra su vida en nuestro país. Uno de los datos más alarmantes es el referido a hombres de entre 45 y 65 años: 1.101 varones de esa franja de edad se suicidaron ese año.

El género es uno de los factores que más llama la atención: 2.911 de los suicidios consumados eran hombres frente a los 959 de mujeres. Se da la circunstancia de que en prácticamente todas las comunidades autónomas hubo tres suicidios masculinos por cada uno femenino. Asturias es la región que encabeza la lista con 13,92 casos por cada 100.000 habitantes. Le sigue Galicia (12,09) y Andalucía (9,63). Madrid y Cantabria se sitúan en en otro extremo del elenco, siendo los lugares en los que menos muertes voluntarias registraron. Las estadísticas ponen de manifiesto también que este tipo de muerte es más común en grandes ciudades y municipios pequeños (de menos de 10.000 habitantes) frente a las zonas de población intermedias; y que los métodos utilizados difieren también según el género: en el caso de las mujeres el envenenamiento con fármacos es el más habitual; mientras que en hombres además de este, el ahorcamiento y precipitarse al vacío son los mecanismos más utilizados. Hasta aquí los dos datos estadísticos.

¿Existen motivos que expliquen la conducta suicida?

Los expertos médicos advierten que no se puede hacer una interpretación meramente coyuntural ni sociológica de las conductas suicidas porque detrás de esta actuación hay historias individuales y personales. “No hay que olvidar que el suicidio es algo multifactorial”, explica Carles Alastuey, coordinador de la Associació de Supervivents Després del Suïcidi (DSAS). “El paro, los desahucios y el resto de consecuencias de la crisis económica han tenido una evidente importancia y agravan situaciones, pero no son las causas concretas que producen este tipo de muerte”, insiste. Las palabras de Javier Jiménez, psicólogo clínico y presidente de la Asociación de Investigación, Prevención e Intervención del Suicidio (AIPIS), van en la misma línea: “Circunstancias como perder tu puesto de trabajo suelen ser la gota que colma el vaso para gente que ya arrastra síntomas delicados”. El presidente de AIPIS asegura que el gran problema a combatir es la falta de planes institucionales en torno a esta cuestión y la ausencia de ayudas por parte de la Administración.

Carlos Mur, psiquiatra y gerente del Hospital Universitario de Fuenlabrada, aporta una visión más científica para interpretar en la medida de lo posible los datos del INE: “Existen elementos que pueden explicar la existencia de más suicidios consumados en hombres, por ejemplo, a pesar de que las mujeres en general protagonicen más tentativas”. El primer factor es biológico y se basa en una cuestión hormonal como es la mayor impulsividad biológica en el género masculino. Esta circunstancia podría explicar también el porqué de la metodología utilizada. “El suicidio es de por sí impulsivo. Y desde luego este factor está muy ligado al método. Es mucho más impulsivo precipitarse –lo piensas y lo haces en un minuto (siendo este un tipo de suicidio muy presente en los hombres)– que ingerir decenas de comprimidos de un ansiolítico, como es más habitual en las mujeres”, explica el psiquiatra.

Otro de los factores científicos que explica el mayor número de suicidios en hombres es el psicológico. Según explica el doctor Mur, las mujeres establecen muchas más redes de apoyo que les dan una fortaleza psicológica mayor y permiten en muchos casos encauzar una situación complicada, “a diferencia del género masculino, que no tiene ese comportamiento social y no es capaz de desarrollar esa resistencia, acabando por usar un mecanismo de contención y no expresar ni compartir preocupaciones, miedos o situaciones de estrés”.

Los familiares, supervivientes y víctimas

“El día después de que ocurra sigues en fase de shock. Recuerdo que la noche siguiente me levanté de la cama para ver si mi hijo había llegado a casa. No estamos preparados para asumir algo así. Nos negamos a creerlo”. Son las palabras de Cecília Borràs al recordar el suicidio de su hijo.

Palabras llenas de dolor que descubren un cambio de vida obligado después de sufrir esa experiencia. “Nunca volverás a ser la persona que fuiste. A diferencia de otras muertes traumáticas, nunca entenderás las razones, como puedes comprenderlas con una enfermedad o un accidente. El interrogante te perseguirá siempre y la culpabilidad es eterna”, afirma Borràs, que además es presidenta de DSAS.

Y es que los familiares son los verdaderos supervivientes del suicidio. Tienen que aprender a seguir cada día viviendo con la ausencia de un ser querido que ha atentado contra su propia vida. La doctora Carmen Tejedor del Hospital de San Pablo acuñó el término y  se usa a menudo por las distintas asociaciones para referirse a los familiares que deben convivir tras este tipo de muerte, y quienes de hecho, son los verdaderos olvidados en esta traumática experiencia. “Los familiares no tienen ayudas. Es un duelo complicadísimo con una dificultad añadida que es la falta de solidaridad y empatía de la sociedad. A menudo los familiares sienten vergüenza de decir “mi familiar se ha suicidado” por miedo a un enjuiciamiento social sobre el fracaso que hay detrás de un suicidio”. Y eso es precisamente lo que hace falta tratar. Borràs insiste en que “la asimilación empieza cuando dejas de contenerte y expresas el dolor. Es necesario ‘desestigmatizar’ y hablar con serenidad del asunto. Se necesita mucha pedagogía”.

Los expertos advierten que no se puede hacer una interpretación meramente sociológica y coyuntural de las conductas suicidas 

El suicidio es una cuestión de salud pública de primera magnitud y durante años –aún sigue ocurriendo– ha sido un ‘tema tabú’ en la sociedad del que no se habla en voz alta y la cultura establecida es que se debe pasar por un duelo como el de cualquier otra muerte. Pero no es así. “Los interrogantes que despierta una pérdida de este tipo crean traumas muy profundos difíciles de superar”, explica Alastuey. Y la realidad es que no existen prácticamente unidades de prevención del suicidio ni tampoco programas de psicólogos y psiquiatras que se ocupen específicamente de personas con estos síntomas o de las llamadas de familiares que pierden a un ser querido tras un suicidio consumado y que inevitablemente quedan marcados de por vida.

Precisamente, asociaciones como Després del Suïcidi intentan ofrecer ayuda a los que consideran “los grandes olvidados” en los suicidios: los familiares. “El duelo no es como el de un familiar que ha estado enfermo o que ha tenido un accidente real. Existen evidencias científicas de que no es así; el sentimiento de culpabilidad que muchas veces despierta esta situación requiere una atención inmediata y un seguimiento que no está contemplado en nuestro sistema de salud pública”, explica Carles Alastuey.

Javier Jiménez (AIPIS) insiste en que la solución no pasa por derivarlos al servicio de salud mental de los hospitales, porque la mayor parte están enfocados sólo a la psiquiatría y a tratamientos con psicofármacos. “No hay pastillas que quiten los problemas que sufres con tu pareja o en el trabajo. Es preocupante además que en las carreras de Psicología no se estudie cómo detectar a pacientes que puedan estar en un mayor riesgo de desarrollar una conducta suicida y cómo tratarlos”.

Cambio de metodología del INE

Aunque las cifras son preocupantes no se puede hablar de repuntes significativos porque el Instituto Nacional de Estadística (INE) ha cambiado la metodología en el estudio de este último año y, por tanto, no son posibles las comparaciones entre series históricas. Según especifica el propio organismo, el cambio “supone una mejora metodológica tras haber tenido acceso a los datos del Instituto Anatómico Forense de Madrid, lo que ha permitido asignar de forma más precisa la causa de defunción en las muertes con intervención judicial”. Como consecuencia, algunas defunciones asignadas a causas mal definidas han sido reasignadas a causas externas específicas.

La mayoría de las asociaciones celebran este cambio metodológico porque se trata, según ellas, de un cálculo “más ajustado” a los datos reales que llevan demandado mucho tiempo. Según explica AIPIS, “hasta ahora debíamos sumar a los datos publicados por el INE varios centenares de defunciones después de que el Anatómico Forense nos proporcionara sus cifras, y aun así es complicado estimar un número real”. En la misma línea se explican los miembros de DSAS, que insisten en que “muchas veces se imputa como accidente una muerte que en realidad es un suicidio y debería estudiarse realmente el origen de estas defunciones”. Es necesario en su opinión un proceso de reflexión sobre los suicidios, una cuestión que se debe reformular porque sin querer o no se minusvalora la conducta suicida”.

Según el doctor Carlos Mur, en este momento se está volviendo la tendencia de los años 2002 y 2003. Durante algunos años los suicidios consumados disminuyeron y, aunque la crisis económica “no tiene una relación directa” con los suicidios, es un factor que influye coincidiendo además con el aumento de trastornos mentales y otras patologías, que indudablemente aumentan el riesgo de este tipo de muerte.

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