un juez de arganda investiga el fallecimiento

La extraña muerte en prisión del policía que mató al empresario por despedir a su hijo

Daniel Monzón Rico llevaba más de una década en la cárcel por participar en el asesinato del empresario Ramón Luque y la hija de éste

Foto: El centro penitenciario Madrid VII, ubicado en la localidad madrileña de Estremera (EFE)
El centro penitenciario "Madrid VII", ubicado en la localidad madrileña de Estremera (EFE)

Daniel Monzón Rico llevaba más de una década en la cárcel. Ingresó tras participar en el asesinato del empresario Ramón Luque y la hija de este en diciembre de 2003. Apenas había cumplido un tercio de su condena cuando, hace algo más de dos meses, fue encontrado muerto por la mañana en su celda de la prisión de Estremera.

El extraño fallecimiento está siendo investigado por el Juzgado de Primera Instancia e Instrucción número uno de Arganda del Rey (Madrid), término al que pertenece el centro penitenciario. Según fuentes jurídicas, por el momento no hay nadie imputado, ya que el referido juzgado ha abierto diligencias hace apenas unos días. En este tiempo, sin embargo, el juez sí ha decidido llamar a declarar a una persona en calidad de testigo.

Fuentes penitenciarias aseguran que fue el compañero de celda de Monzón Rico quien alertó a primera hora de la mañana a los funcionarios de prisiones de que había muerto. Las mismas fuentes añaden que el fallecido solicitó ir al médico la tarde anterior, pero que la petición le fue rechazada por causas desconocidas, extremo que también está investigando el juzgado competente.

El asesinato

Monzón Rico era miembro de la Policía Nacional cuando ocurrió el crimen en diciembre de 2003 y se aprovechó de su condición de funcionario de seguridad para adquirir el arma que acabó con la vida del citado empresario. En concreto, el 28 de diciembre de ese año a las ocho de la mañana, él y su hijo, acompañados del hermano de Monzón Rico, cruzaron la frontera con Portugal y viajaron hasta la localidad de A Guarda en el coche de Crisanto Monzón (el hermano). Allí compraron la pistola, del calibre nueve milímetros.

Luego volvieron a España y, a las 17.15 horas, los tres llegaron a Collado Mediano. Se dirigieron directamente a la casa de Ramón Luque, situada en el citado término municipal, aparcaron un poco lejos de la vivienda y del coche se bajó el hijo de Monzón Rico, Daniel Monzón Muñoz, que había sido despedido por el empresario días antes.

El empleado cabreado –no estaba satisfecho con el finiquito– llamó a la puerta de su excapataz, pero se encontró con la sorpresa de que no le abrió Ramón Luque, sino su hija, que avisó a su padre de que tenía una visita. Cuando el empresario llegó, Daniel sacó el arma, encañonó a su antiguo jefe y le disparó tres tiros a bocajarro. Luego, debido a que la hija había sido testigo del asesinato, se dirigió a ella y volvió a apretar el gatillo, ahora cuatro veces. El homicida salió despacio de la casa, llamó a su tío por teléfono y esperó con sangre fría a que el coche le recogiera en la puerta de la casa.

La sección segunda de la Audiencia Provincial de Madrid determinó que los tres eran culpables de asesinato y tenencia ilícita de armas, por lo que les condenó a 34 años de prisión a cada uno (16 por cada muerte y dos más por posesión de la pistola) y a indemnizar a los familiares con 540.000 euros. Ahora, otra muerte pone un nuevo colofón a este crimen. 

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