aniversario del ACCIDENTE DE SANTIAGO

El maquinista del Alvia, un año intentando pasar desapercibido

Su paradero es desconocido por propio deseo. Los psicólogos le recomiendan que no hable con los medios: "Puede decir cualquier cosa"

Foto: El maquinista del Alvia tras el accidente (EFE)
El maquinista del Alvia tras el accidente (EFE)

Su paradero es desconocido por propio deseo. Nadie sabe o quiere desvelar dónde vive ahora mismo Francisco José Garzón, el maquinista del Alvia que descarriló en una curva antes de entrar a Santiago de Compostela el 24 de julio. A su dolor físico y psicológico por las 80 víctimas y los 152 heridos, se sumó, entonces y ahora, el acoso de los medios de comunicación. Su foto ocupó portadas de periódicos y su imagen –saliendo ensangrentado de la cabina del tren– fue repetida una y otra vez en los telediarios. Garzón tuvo que dejar de vivir con su madre en A Coruña y trasladarse a otro lugar con calle y número desconocidos.

“No quiere que le encuentren, no debe hablar con la prensa, puede decir cualquier cosa. Los psicólogos se lo desaconsejan”. Lo explica su abogado, Manuel Prieto, que estos días ha recibido una docena de llamadas de periodistas que preparan informaciones sobre el primer aniversario del trágico accidente.

Tanto él como los psicólogos le desaconsejaron desde el primer día hablar con la prensa. Pero meses después de aquel 24 de julio, “tuvo un encuentro con un periodista que le engañó y fue bastante desagradable”, apunta Prieto. No fue el único engaño que ha sufrido el maquinista. También se sintió traicionado por el Gobierno y, en concreto, por el ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz. “El ministro dio una rueda de prensa con él ya detenido, en el calabozo, y echándole las culpas de todo, las que tenía y las que no tenía. Después de un año ya hay gente que cree que él no tiene toda la responsabilidad; incluso las víctimas lo creen”, aventura el letrado.

Garzón no está solo. Sigue rodeado de amigos y compañeros de trabajo que le visitan. “Supongo que habrá cambiado un poco su fisonomía para no ser reconocido, pero no está aislado. Sale porque no puede quedarse encerrado. Pero creo que nunca se recuperará de esto”, apunta este abogado, que lleva 28 años trabajando para el Sindicato de Maquinistas y Ayudantes Ferroviarios de Madrid y al que le ha tocado bregar con uno de los peores accidentes de nuestra historia.

Prieto y Garzón no tienen muchos encuentros personales. Hablan de vez en cuando por teléfono mientras el abogado trabaja en la presentación de nuevos documentos y pruebas para el futuro juicio. Ahora mismo, la Audiencia Provincial debe resolver el recurso sobre la imputación de 12 trabajadores de Adif. Mientras, el nuevo juez del caso, Andrés Lago, tiene todo el mes de agosto para ponerse al día con los más de 40 tomos sobre el accidente. “No tenemos ni idea de cuándo será el juicio, pero desde luego no será este año. Si se celebra en 2015, teniendo en cuenta la gravedad del accidente, será un plazo bastante aceptable”, señala Prieto. Será entonces cuando volvamos a ver a Francisco José Garzón, el maquinista cuyo único deseo ahora es pasar desapercibido. 

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