PROCLAMACIÓN DEL NUEVO REY

En las calles de Madrid: “¡Viva Felipe! ¡Y viva Letizia, que ya es nuestra Reina!”

A las 10.30, hora en la que Felipe VI comenzaba a leer su discurso, los banderines se acababan como si fueran caramelos en las puertas de un colegio en la madrileña plaza de Neptuno. “Hemos salido a las 7.30 de la mañana y apenas nadie nos pedía, pero ah

Foto: En las calles de Madrid: “¡Viva Felipe! ¡Y viva Letizia, que ya es nuestra Reina!”

A las 10.30, hora en la que Felipe VI comenzaba a leer su discurso, los banderines se acababan como si fueran caramelos en las puertas de un colegio en la madrileña plaza de Neptuno. “Hemos salido a las 7.30 de la mañana y apenas nadie nos pedía, pero ahora todo el mundo quiere su bandera”, cuenta uno de los voluntarios que el Ayuntamiento de Madrid ha puesto a disposición del día de la proclamación de los nuevos Reyes.

Los más madrugadores han sido los 7.000 policías desplegados por la capital, que a las 8 en punto de la mañana estaban perfectamente colocados en el lugar que les correspondía, separados por menos de un metro de distancia. “Aún es temprano para que venga la gente”, justificaba uno de ellos a El Confidencial, ante el escuálido alboroto del pueblo que hoy corona un nuevo Rey. Solo en las inmediaciones del Congreso de los Diputados, donde esta mañana se han proclamado Reyes de España a Felipe y a Letizia, había algo de ruido y muchos españoles que buscaban un hueco para inmortalizar el primer momento de los nuevos monarcas.

He venido aquí desde Granada porque hoy es un día histórico. Y quiero darle la bienvenida a Felipe y a Letizia”, cuenta Guillermo, 20 años.

Una mujer sostiene una bandera con la fotografía de los nuevos Reyes en la puerta del hotel Palace, a rebosar de  curiosos. Pablo, 43 años, sostiene en los hombros a su hija Inés, 10 años, que ya sabe por qué está hoy aquí. “Vamos a tener un nuevo Rey”, balbucea la cría, que agita la bandera cuando su padre le aprieta la pierna.

A menos de 200 metros están María José y Menchu, dos jubiladas que aún recuerdan el día de la proclamación de Juan Carlos I como si fuera el día de su boda. “El Rey, el que ya se va, ha hecho mucho por España, aunque los jóvenes no os lo creáis”. Y se emocionan. Y se suman a los cánticos que avisan de que los nuevos reyes están a punto de entrar en el Congreso de los Diputados. “¡Viva Felipe!”, se oye a lo lejos. “Y viva Letizia, que ya es nuestra Reina”, añade Menchu. “Y yo soy mucho más de Sofía, que conste, pero tenemos que darle un voto de confianza a la nueva reina”.

Ni una sola bandera republicana se ha visto en todo el recorrido real, después de que se advirtiera de que se multaría a aquellos que quisieran boicotear el día de la proclamación. Había gente ataviada con la bandera de España y los policías registraban mochila a mochila a todos los viandantes. Pero el trámite se pasaba rápido. Tampoco se han escapado un grupo de rumanas que han aprovechado la aglomeración en el paseo del Prado para intentar hacer su particular agosto.

Los más madrugadores han estado esperando a los nuevos Reyes desde las siete de la mañana. María Pilar (45) ha venido desde Toledo con su madre (75), que desde que el Rey Juan Carlos anunció su abdicación le lleva pidiendo traerla hasta Madrid el día de la proclamación. “Es historia, y queríamos estar aquí”. Esther ha llegado hasta Madrid con una corona puesta, “por si acaso me necesitan”. También había muchos curiosos extranjeros que también agitaban la bandera española cuando el clamor popular lo pedía.

El momento más agitado ha sido cuando los Reyes han llegado al Congreso de los Diputados. Todos los presentes han levantado sus banderitas y las movían a toda prisa, como queriéndoles dar una bienvenida más calurosa. “¡Viva el Rey!”, se volvió a escuchar. Nada más desaparecer el coche real entre los dos leones que escoltan la Cámara Baja, los ciudadanos fueron poblando los bares y restaurantes más cercanos, donde se compartían hasta las mesas para poder escuchar por televisión el primer discurso del ya Rey Felipe VI. Un silencio absoluto reinaba en un bar de la calle Cervantes, que rompió en aplausos cuando el monarca agradeció a su madre, la reina Sofía, toda su dedicación. “Es que es una señora de los pies a la cabeza”, se escuchó.  

 

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