EUrovegas no escapa al gafe

Don Quijote, Monegros... La estela de los grandes fiascos del macrojuego en España

¿Tiene usted miles de millones? ¿Quiere invertir ese pastón en España? ¿Escoge usted la modalidad de complejo de hoteles y casinos? Lagarto, lagarto

Foto: Don Quijote, Monegros... La estela de los grandes fiascos del macrojuego en España

¿Tiene usted miles de millones? ¿Quiere invertir ese pastón en España? ¿Escoge usted la modalidad de complejo de hoteles y casinos para exprimir más el limón del turismo español? Lagarto, lagarto. Una maldición caerá sobre su cabeza y de paso un montón de políticos locales harán el ridículo. Eurovegas es el último pero ha habido otros. Sí, la historia se repite, pero nadie parece aprender de ello.

El primer precedente de Eurovegas se remonta a 2005, siete años antes del desembarco de Sheldon Adelson en España. El grupo Harrah’s anunció entonces que en un lugar de La Mancha de cuyo nombre ahora nadie quiere acordarse se construiría un hotel de 812 habitaciones con un casino.

Este hotel casino iba a ser el motor del complejo denominado Reino de Don Quijote, que iba a generar más de 4.000 empleos y una inversión total de 1.200 millones. ¿Les suena verdad? Cambiando de escala, el Reino de Don Quijote era la versión Siglo de Oro de una Eurovegas en miniatura ubicada cerca de Ciudad Real.

Y es normal que toda la historia tuviese un eco familiar. El director para Europa de Harrah’s era entonces Andrew Tottenham, el mismo directivo que en 2012 iba a ocupar un cargo equivalente en Las Vegas Sands para pilotar el desembarco del grupo de Adelson en España. Pese al cargo que ostentaba oficialmente, en realidad, Andrew Tottenham es un consultor. Su firma Tottenham & Co, con sede en Londres, opera como asesor internacional en grandes proyectos de juego y ocio y en buena parte Las Vegas Sands subcontrata a esta firma para aspectos claves en el diseño y desarrollo del proyecto, como por ejemplo, el plan de viabilidad que se entregó a la Comunidad de Madrid.

Proyecto del Reino Don Quijote
Proyecto del Reino Don Quijote

Por su parte, Harrah’s Entertaiment es una multinacional estadounidense del juego. Cotiza en el Nasdaq y tiene su sede en Paradise, Nevada, estado donde explota el famoso hotel casino Caesars de Las Vegas, que es la marca más conocida del grupo. De hecho, en la actualidad se denomina Caesars Corporation, pero en aquel momento todavía no había cambiado de nombre.

Socios del 'tocho'

Los socios españoles del proyecto eran el grupo Gedeco Avantis, de la familia Álvarez, que había hecho su fortuna en el ladrillo español. En 2008, cuando el proyecto de Reino Don Quijote era presentado a bombo y platillo, el fundador del grupo, Aurelio Álvarez, ya había fallecido y el grupo estaba endeudado y a un paso de la quiebra.

La última operación que Aurelio Álvarez hizo en vida fue la compra de terrenos para el complejo de inspiración cervantina. Se invirtieron 236 millones de euros. El presidente de Castilla-La Mancha, José María Barreda (PSOE), declaró el proyecto como estratégico para la región.

Si a principios de 2008 el proyecto estuvo en su apogeo, en agosto de ese mismo año Harrah’s se desmarcaba. Los tiempos felices apenas duraron ocho meses. En una presentación a analistas la dirección del grupo estadounidense revelaba que el proyecto se congelaba por la situación económica de España, donde todo lo vinculado al tocho ya estaba dando señales evidentes de agotamiento.

Sin Harrah’s y su hotel Caesars en Ciudad Real todo el planeamiento se derrumbó como un castillo de naipes. De repente los terrenos ya no valían nada, sólo habían un montón de deudas, la mayoría con Caja Castilla-La Mancha, la primera entidad de ahorro que entró en crisis. Harrah’s sólo había desembolsado 38 millones de los 700 millones que tenía que aportar al conjunto de la inversión. Con su abandono la situación era insostenible. Al final de la aventura, el grupo de Nevada calculó que había perdido 27 millones de euros, según acabó confirmando en su propia documentación internacional.

Ridículo en los Monegros

Como si todo esto no hubiese pasado, en 2007 el grupo International Leisure Development (ILD) le planteó al Gobierno de Aragón que presidía el socialista Marcelino Iglesias levantar un complejo de 32 casinos en el desierto de Los Monegros, en concreto en el ayuntamiento de Ontiñena. Para hacerse una idea, 32 casinos era casi cinco veces más licencias de juego de las que solicitó Adelson para Eurovegas, que preveía seis de estos centros de juego.

Pero el proyecto no sólo era faraónico en términos estéticos. Se planteaba cinco parques temáticos que incluirían 72 hoteles, 232 restaurantes, 500 comercios, museos, réplicas del Pentágono, de las pirámides de Egipto y de un templo romano, campos de golf, hipódromos y una plaza de toros. Todo ello bajo la marca Gran Scala, en Los Monegros.

Y esta enumeración se olvida de detallar complementos de la talla de un embalse, una playa y parque acuático, un intercambiador ferroviario y una gran superficie comercial especializada en outlets, tiendas de descuento para grandes marcas de lujo.

Arropados por maquetas en donde siempre había pirámides, los promotores de Gran Scala plantearon en 2007 un proyecto que iba a atraer la friolera de 25 millones de turistas al año a un verdadero páramo. En total se iba a ocupar más de 2.000 hectáreas, cuyas opciones de compra se iban a abonar a plazos a los agricultores propietarios. La inversión total iba sumar 17.000 millones de euros, tanto como Eurovegas.

Los políticos se mojan

Dos políticos se implicaron especialmente en el proyecto, el entonces vicepresidente de Aragón, José Ángel Biel; y el consejero de Industria Arturo Aliaga. Sin ningún rubor, Biel llegó a afirmar que “el proyecto es más potente que la Opel", en referencia a la planta de Opel en Figueruelas (Zaragoza), si bien advirtió de que hasta ahora "se ha ganado el primer 'round'". Biel, como también Aliaga, era miembro del PAR, el partido que apoyaba al PSOE en el gobierno regional y que se convirtió en el principal valedor de los impulsores de Gran Scala, que había prometido crear 65.000 puestos de trabajo.

Firma del protocolo del Gran Scala.
Firma del protocolo del Gran Scala.

ILD no era nadie en el mundo del juego. Apenas un conglomerado de empresas británicas, australianas y francesas. En total, doce compañías, muchas de ellas con sedes o que operaban a través de paraísos fiscales como Chipre o Mónaco. El paraguas legal era la de Sociedad Pública Limitada (PLC) con sede en Londres. Pero si se analizaba esta estructura jurídica se veía que no contaba ni con ingresos recurrentes ni con fuentes de recursos conocida. Apenas tenía capital. Es decir, nada que ver con la máquina de hacer dinero de Las Vegas Sands. Pese a ello, sus exigencias fueron seguidas a pie juntillas por el ejecutivo aragonés, que se plegó a sus exigencias.

En 2009, dos años después de que los planes de ILD se hubiesen presentado en sociedad, el gobierno aragonés aprobó la denominada Ley de Centros de Ocio de Alta Capacidad. Aunque había dudas sobre su constitucionalidad, el proyecto de ley salió adelante para permitir que una única localidad pudiese tener 32 casinos, antes sólo estaba autorizado uno por provincia.

En 2011, el proyecto ya estaba agonizando. Hasta Aliaga se desmarcó de los planes de ILD. A finales de aquel año ya estaba claro que Gran Scala caía en barrena. Iban a invertir 17.000 millones, pero ILD empezó a solicitar no desembolsar el aval de 3 millones de euros que debía garantizar el proyecto. Arturo Aliaga se cerró en banda. Habían cambiado la ley por ellos y ahora se la querían saltar a la torera.

Como la estructura de las opciones de compra era muy débil para la ambiciones multimillonarias de ILD, sólo habían abonado 1,2 millones a los agricultores y vecinos de Ontiñena, el municipio que se eligió para ubicar el complejo. Quedaban pendientes 7,7 millones que debían desembolsarse en unos plazos que a todas luces resultaban muy largos para un grupo que, en principio, había hecho alarde de tanto poderío financiero.

En febrero de 2012 venció el plazo del siguiente pago a los propietarios de las tierras. Un abogado de ILD se presentó en Ontiñena y les anunció que no habría más fondos. No sólo eso, ILD adeudaba a la firma legal 200.000 euros. Es decir, los vecinos que habían cobrado los 1,2 millones pudieron quedarse el dinero y volvieron a cultivar sus fincas en barbecho, como habían hecho siempre y como antes de ellos, sus padres y los padres de sus padres. Al final fueron estos agricultores los únicos que se beneficiaron del delirio colectivo que vivió Aragón y que acabó exactamente igual que Eurovegas.

¿El próximo candidato para la maldición del juego en España? Enrique Bañuelos y su proyecto de BCN World. Sólo la independencia de Cataluña podría salvarle.

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