CUMPLE 7 AÑOS EN PRISIÓN Y SE ENFRENTA OTROS 8

Roca se marchita en Alhaurín: “Ya no es ni sombra del que era”

“Me acerqué un momento a él, que en ese momento se encontraba comunicando con su mujer, Rosa… Claramente se ve que la cárcel le está minando

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Roca se marchita en Alhaurín: “Ya no es ni sombra del que era”
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    “Me acerqué un momento a él, que en ese momento se encontraba comunicando con su mujer, Rosa… Claramente se ve que la cárcel le está minando por momentos su estabilidad emocional”. Juan Antonio Roca, el otrora todopoderoso cacique de Marbella, se marchita tras siete años en la prisión de Alhaurín, lejos ya de los lujos y los cuadros de Miró en los cuartos de baño.

    “Roca ya no es ni sombra del que era, ni está tan fuerte como presumía” en sus años marbellíes. Un abogado, amigo del exasesor, comenta a El Confidencial cómo le ha visto hace unos días en la cárcel. Roca lleva ya siete años allí: “Cuando en su bolsillo relucían los billetes de 500 en la cartera, nunca hubiese imaginado que cambiaría cualquiera de esos papeles rosados por un solo soplo de libertad”.

    Se ha ido quedando sin sus bienes más preciados: su avión privado surca ahora los cielos pilotado por la Policía, que lo usa para transportar kilos de oro procedentes del blanqueo de dinero de contrabandistas y traficantes

    Los policías de la Unidad de lucha contra la Droga y el Crimen Organizado (Udyco) de la Costa del Sol que investigaron el caso Malaya y que testificaron en el juicio, dieron pruebas del poder que ostentaba Juan Antonio Roca: «Era absoluto en todos los sentidos y en todas las áreas». Ahora, sentado de nuevo en el banquillo por el caso Saqueo II, en el que se dirime una de las causas mas penosas para el cerebro de Urbanismo, tendrá que justificar el modus operandi de cómo supuestamente se desviaron 74 millones de euros del consistorio marbellí y se defraudaron 91 millones a la Seguridad Social entre 1994 y 2001 a través de un complejo entramado de sociedades públicas y privadas. Ocho años de suma y sigue para sus penas carcelarias que pide la Fiscalía.

    Según los cálculos que había hecho el equipo jurídico de Roca, no estaba previsto que pasara tantos años a la sombra. Ahora su celda es el despacho que siempre soñó de picapleitos, profesión para la que estudiaba antes de ingresar en prisión. Allí, día a día se deja los ojos buscando cuál podría ser la estrategia que le permitiese de nuevo ver la luz, aunque fuera un rato, para volver a comer una buena mariscada en el Restaurante Antonio de Puerto Banús donde tanto presumió de poder.

    En el fondo, Roca admira la pericia de compañeros que hoy tendrían que estar en el banquillo junto a él “pero que fueron más listos” y se dieron a la fuga, como el edil Carlos Fernández, sobre cuyo paradero pesan todo tipo de leyendas. Por eso, cuando a Roca le dieron la libertad provisional por el caso Malaya y pisó por unos días la calle, un juez de la Audiencia Nacional decidió volverlo a poner entre rejas para que no tuviera “malas ideas” y desapareciese como otros sin dejar rastro.

    Camaleónica transformación

    El cerebro de la mayor trama de corrupción conocida en España, el caso Malaya, que llevó a la disolución del Ayuntamiento de Marbella, sólo sueña con volver a respirar aire puro, según cuenta su amigo. Las numerosas peticiones de permisos carcelarios que se le han denegado -pese a que en junio cumple las tres cuartas partes de su condena por el caso Saqueo I- han sido recurridas hasta la saciedad “por riesgo de fuga”. 

    Muchos son los juristas que entienden que Roca reúne todos los requisitos para que se le conceda el permiso, entre otros su buena actitud. En su camaleónica transformación ha ido desarrollando su lado más humano: desde el primer día siempre ha sido un preso tranquilo, nada problemático y que habla con otros reclusos, a los que ayuda a resolver dudas o invita a café o tabaco.

    Buena muestra de cómo ha camuflado su carácter frío y calculador tras las buenas palabras es que sus últimas frases en el juicio las dedicó a nombrar uno por uno a los funcionarios que en algún momento se han preocupado por su bienestar en la prisión y en sus traslados.

    Ha devuelto 600.000 euros en metálico

    Hasta el momento, Roca ha devuelto a las arcas municipales del Ayuntamiento de Marbella 600.000 euros en metálico y ha alcanzado un acuerdo para completar la deuda total con la entrega de ocho inmuebles, todo ello por la responsabilidad civil que le fue impuesta por la Audiencia Nacional y confirmada por el Tribunal Supremo.

    La Fiscalía Anticorrupción siempre se ha opuesto a la concesión del permiso por la alarma social, por el tipo de delitos y su trascendencia pública, la existencia de responsabilidades civiles pendientes y otras condenas que no son firmes todavía: uno y tres años de cárcel por fraude y malversación de caudales públicos. Roca ingresó el 31 de marzo del 2006 en la cárcel provincial de Alhaurín de la Torre por orden del entonces instructor de Malaya, el juez Miguel Ángel Torres, que decretó prisión incondicional con carácter preventivo.

    La caza de la libertad

    Preso tranquilo, nada problemático y que habla con otros reclusos, a los que ayuda a resolver dudas o invita a café o tabaco

    El jefe de Marbella espera en esta primavera que salga publicada la sentencia de la Malaya, cuyo tribunal anunció el mismo día que finalizó el juicio que seria “ejemplarizante”. Él lo intentó todo en la macrocausa: no estaba dispuesto a comerse los 30 años de cárcel que le pide la Fiscalía y ofreció hasta declararse culpable de los cargos que se le imputaban, «tirar de la manta» y, a cambio, que su pena quedase reducida de 30 a 15 años de cárcel.

    En realidad, era un movimiento a la desesperada porque tiene ya poco que perder. Se ha ido quedando sin sus bienes materiales más preciados: el que fue su avión privado surca ahora los cielos pilotado por la Policía, que usa el aparato para transportar kilos de oro procedentes del blanqueo de dinero de contrabandistas y traficantes. Hasta el mismísimo Rubalcaba se dio un paseíto en él aparato a Extremadura. Y su “mausoleo de animales colgados en la paredes” también ya es parte de la historia.

    Ahora, la caza es otra para un hombre que lo fue todo en Marbella y que se enfrenta a otros 8 años de cárcel por el caso Saqueo II: la libertad, que cada vez parece más inalcanzable para Roca después de que ningún juez le dejara salir ni siquiera para asistir al entierro de su padre.

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