SU ABOGADO PUBLICA EL LIBRO 'UNA FAMILIA IDEAL'

El día que Ruiz-Mateos intentó evitar la primera Guerra del Golfo

El abogado de José María Ruiz-Mateos, Joaquín Yvancos, ha publicado Una familia ideal, libro en el que narra los escándalos, traiciones y quiebras de esta controvertida

El abogado de José María Ruiz-Mateos, Joaquín Yvancos, ha publicado Una familia ideal, libro en el que narra los escándalos, traiciones y quiebras de esta controvertida familia. El patriarca, además de protagonizar anécdotas y episodios burlescos, que incluyen puñetazos a ministros, disfraces inverosímiles o fugas de prisión, ha estado en la sombra de no pocos acontecimientos turbios de nuestra historia reciente. 

El Confidencial publica como adelanto uno de los capítulos del libro:

"De esta etapa política, yo destacaría, por su ambición, nuestro intento de evitar la primera guerra del Golfo. Ruiz-Mateos, que acababa de ganar su escaño de eurodiputado, me preguntó un día si existía alguna manera de impedir que estallara la guerra tras la invasión iraquí de territorio kuwaití. Me pareció una propuesta
extravagante, porque se trataba de un asunto de la más alta esfera de política internacional. Pero yo había aprendido que con José María cualquier cosa podía ser posible y me puse a reflexionar sobre las posibles vías para llevar a cabo una acción que, de tener éxito, sería el mayor golpe de imagen jamás soñado. Propuse conseguir una reunión entre George Bush padre, entonces presidente de Estados Unidos, y Sadam Hussein, el líder iraquí, en una isla neutral del Mediterráneo, con la mediación del papa Juan Pablo II, bajo cuyo pontificado el Opus Dei había ganado una notoria influencia. Aunque José María había abandonado la Obra, mantenía aún buenos contactos en la organización y seguía siendo uno de sus mayores contribuyentes.

La máquina de la guerra estaba ya en marcha y era imposible detenerla. Quedamos hechos polvo, desmoralizados, y regresamos a MadridDicho y hecho. Días después, José María y yo iniciamos un viaje que duró tres largos meses. En primer lugar, fuimos a Bagdad, vía Jordania, para tratar de convencer a Sadam de que aceptara la mediación del papa. Nuestra estancia en la capital iraquí se prolongó casi un mes, durante el cual nos entrevistamos con todos los ministros, con el jefe del Parlamento y, finalmente, con el propio Sadam, que respaldó nuestra iniciativa. Todos los días salíamos en la televisión iraquí, que nos presentaba como parlamentarios europeos en misión de paz. Para dar legitimidad a nuestras próximas conversaciones con el papa y con los estadounidenses, firmamos un protocolo de colaboración entre el partido único iraquí, Baaz, y nuestro partido, la Agrupación Ruiz-Mateos. Nos brindaron un trato exquisito. Primero nos alojaron en el hotel Al Rashid y, luego, en una isla situada entre los ríos Éufrates y Tigris. Permanecimos en un chalet de lujo solo para nosotros y pusieron a nuestra disposición un guía y una intérprete para que nos acompañaran adonde quisiéramos. Durante nuestra estancia, conseguimos que el Gobierno iraquí liberara a más de doscientos rehenes que mantenía como escudos humanos. En los últimos días llegaron a Bagdad, en misión de paz, el exboxeador Cassius Clay y el entonces líder del laborismo británico, el joven Tony Blair, a quienes alojaron en un chalet vecino al nuestro. 

Con nuestro protocolo con Baaz bajo el brazo y el visto bueno de Sadam, nos dirigimos a Roma para intentar convencer al papa, por medio del cardenal Eduardo Martínez Somalo, que entonces era prefecto de la Sagrada Congregación para el Culto Divino de El Vaticano. Al cabo de un mes, conseguimos la aprobación de Juan Pablo II a nuestro plan. Cuando obtuvimos los permisos, partimos hacia Washington. Lo primero que hicimos allí fue entrevistarnos con el embajador israelí para que también nos diera su conformidad y evitar que se sintiera desplazado de nuestra gestión. En el Departamento de Estado norteamericano nos pusieron multitud de pegas a una reunión de Bush con Sadam. Durante el mes que duraron las gestiones, pasábamos la semana laboral en Washington y los fines de semana bajábamos al hotel de los Ruiz-Mateos en Miami, el Everglades, cuyo director, Demetrio Castillo, oficiaba de intérprete. 

Al final, gracias a la mediación de uno de los hijos del presidente Bush, Jeb, que entonces se dedicaba a los negocios inmobiliarios en Miami y más tarde sería gobernador de Florida, nos recibió en su despacho del Capitolio el senador Bob Dole, líder del Partido Republicano en el Senado. Nos dijo que, aunque el plan le parecía bueno, llegaba tarde, pues la máquina de la guerra estaba ya en marcha y era imposible detenerla. Quedamos hechos polvo, desmoralizados, y regresamos a Madrid. A la media hora de salir de Washington, el comandante del avión anunció que los bombardeos sobre Bagdad habían comenzado. Era el 2 de agosto de 1990".
España
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