La juez Alaya manda a prisión al “chofer de la cocaína” después de desenmascarar a su jefe
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LE PIDE 3,2 MILLONES EN CONCEPTO DE RESPONSABILIDAD CIVIL

La juez Alaya manda a prisión al “chofer de la cocaína” después de desenmascarar a su jefe

La juez Mercedes Alaya ha decretado el ingreso en prisión de Juan Francisco Trujillo, chófer del mentor del fondo de reptiles del caso de los ERE

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La juez Alaya manda a prisión al “chofer de la cocaína” después de desenmascarar a su jefe

La juez Mercedes Alaya ha decretado el ingreso en prisión de Juan Francisco Trujillo, chófer del mentor del fondo de reptiles del caso de los ERE falsos, Francisco Javier Guerrero, que ya lleva diez días en la cárcel. Alaya le pide a Trujillo, que pasadas las dos de la madrugada ingresó en la cárcel de Morón,  2,3 millones de euros en concepto de responsabilidad civil.

 La decisión de la magistrada se produce después de que la Fiscalía Anticorrupción y el resto de acusaciones --PP, Junta y Manos Limpias-- solicitaran el ingreso en la cárcel de Juan Francisco Trujillo, argumentando para ello el riesgo de fuga, la gravedad de los hechos, pues sólo por el delito de malversación podría ser condenado hasta a 12 años de cárcel, la alarma social y la posibilidad de que pueda entorpercer el curso de la investigación.

Posiblemente, Trujillo no se esperaba que la relación de imputaciones que la juez Mercedes Alaya le tenía preparada y que le leyó nada más sentarse frente a él fuera tan prolija: presuntos delitos continuados de cohecho, tráfico de influencia, prevaricación, malversación de fondos públicos, falsedad en documentos oficiales y mercantiles y obtención indebida de subvenciones, once delitos en total que conforman la más amplia panoplia de lo que se puede hacer mal en la relación de un particular con una administración pública.

La coca permanente

Sin embargo, no por la extensión de las acusaciones Trujillo se arredró o trató de modificar el testimonio que en su día hizo ante la Policía Judicial. Antes bien, el chófer de Guerrero llegó a cifrar en hasta novecientos mil euros el dinero que había manejado con su jefe para comprar cocaína, pagarse juergas y atender los caprichos del ex director general, una relación de objetos de nuevo rico, que van desde una pianola de 4.000 euros, hasta relojes de lujo pasando por móviles de la última generación… Guerrero y Trujillo consumían cocaína constantemente, la tenían en bolsitas y la esnifaban porque el ex director general, según su chófer, decía que eso le mantenía “despierto”.

Alcohol, droga y despilfarro a cuenta del dinero de los parados envolvieron ayer el testimonio de un chófer al que asistieron, además de su abogado defensor, otros veinte letrados, lo que obligó de nuevo a que la declaración se realizara en la sala de vistas y no en el despacho de la juez Alaya, como también ocurrió con Guerrero.

En el aspecto puramente económico, el chófer del mentor del fondo de reptiles, que llegó a reconocer incuso que cobra el paro de forma irregular,  ratificó que había conseguido en total 1,3 millones de euros en tres partidas de subvenciones tanto para crear empresas que no vieron la luz o para apuntalar una que existía. Asimismo, Trujillo ratificó que recibió más de 120.000 euros que ingresó en una cuenta de su madre a modo de prejubilación de ella, también de una forma irregular.

El chófer ha citado también a varias empresas andaluzas que hicieron para él facturas falsas con las que, presuntamente, lavar el dinero que recibía de su jefe, y a  Antonio Albarracín, de una aseguradora de los ERE, que en Madrid le daba sobres de dinero para que se los entregara al ex director general.

Un entorno político degradado

El relato del “chófer de la cocaína”, como ya se conoce popularmente a Trujillo, ofrece el perfil de un entorno político degradado. Guerrero y su conductor oficial, amigos después de muchas copas y droga compartida, paseaban por la Sevilla profunda repartiendo dinero por doquier sin papel alguno que lo avalara, en la mayoría de los casos.

De hecho, Guerrero pasaba la mayor parte de su jornada laboral en restaurantes y bares de copas a base de gintonic, según la declaración de Trujillo; ofrecía dinero a quien ni siquiera se lo había pedido, mostrando un extraño sentimiento de procelosa solidaridad que le convertía en un prohombre del sistema.

De Zarrías al ex sindicalista

Y, por otra parte, el relato de Trujillo mete en el baile a uno de los políticos más polémicos de la Junta, cuyo poder incuestionable durante muchos años a la sombra de Chaves le hacía estar en todo los asuntos. Se trata de Gaspar Zarrías, consejero de Presidencia del ex presidente andaluz, y persona que ejercía un estrecho control. A Zarrías le hizo Guerrero dos visitas, según Trujillo, acompañado de Juan Lanzas, un ex sindicalista de UGT experto en amañar ERE y llevarse comisiones.

Lanzas es otro espécimen de estos bajos fondos que revela el caso ERE. Natural de un pequeño pueblo de Jaén, este ex sindicalista solía presumir de que tenía mucho dinero. Y, al parecer, así era. Otra cosa es el origen de la “pasta”, el género que une a esta nueva versión de Patio de Monipodio en el que el último, por ahora, en comparecer ante la juez, es el conocido ya como el “chófer de la cocaína”.