EL EXPRESIDENTE BARAJA “DEJAR ESPAÑA DOS AÑOS” Y GÉNOVA DESCONFÍA DE SU ENTORNO

El jurado absuelve a Camps y condena a sus enemigos de PSOE y PP

“Ya lo dije: es un junco. Nunca se parte”. Ésta fue la primera reacción al fallo del jurado de alguien que ha vivido en los últimos

Foto: El jurado absuelve a Camps y condena a sus enemigos de PSOE y PP
El jurado absuelve a Camps y condena a sus enemigos de PSOE y PP

“Ya lo dije: es un junco. Nunca se parte”. Ésta fue la primera reacción al fallo del jurado de alguien que ha vivido en los últimos años muy de cerca toda la peripecia política y personal de Francisco Camps desde que el 19 de febrero de 2009 apareciera por vez primera en un titular a cinco columnas la palabra ‘Gürtel’ asociada a unos trajes y al entonces presidente de la Generalitat valenciana. Ahora, una vez declarado ‘no culpable’, comienzan los interrogantes. ¿Cuál será el futuro político de Camps tras un veredicto que deja un vencedor y muchos vencidos? ¿Cómo le resarcirá Génova?

“Él no se moverá. Es demasiado fiel a Rajoy”, dicen fuentes próximas al expresidente valenciano. Sin embargo, en algunas plantas de Génova no las tienen todas consigo y temen que Camps se quiera cobrar viejas afrentas y recordar las muchas voces que reclamaban en público su dimisión “por el bien del partido”. Ahora mismo, la principal preocupación es Alberto Fabra, el sucesor impuesto por la dirección nacional. “No es de extrañar que algunas figuras locales quieran hacer ruido invocando a Camps”, y se cita a Alfonso Rus, el jefe del partido en Valencia que montó un escándalo el día de la dimisión de Camps y la designación de Fabra, o a la propia alcaldesa de la ciudad, Rita Barberá, que siempre estuvo al lado de su ‘Paco’ y rumió de mala gana muchos comportamientos de Madrid.

El proceso ha dejado muchas heridas entre el PP valenciano y el nacional que tardarán en cicatrizar. Como muestra, un botón de un profesional muy cercano a Francisco Camps, que asegura que “durante las semanas que ha durado el juicio, Alberto Fabra no le ha llamado ni una sola vez, algo que sí ha hecho Eduardo Zaplana (el ‘enemigo’ histórico de Camps)”. ¿Y Rajoy? “Mariano ha estado pendiente y le ha telefoneado frecuentemente”, añade.

 

Otras fuentes regionales del PP apuntan a que la solución para el futuro inmediato del expresidente valenciano será un “periodo de hibernación o descomprensión”, que vendría bien al partido “y al propio Paco (Camps)”. Se apunta, incluso, a la ‘fórmula Urdangarín’: “Los que le quieren bien le aconsejan que se vaya de España un par de años, como consejero a una gran empresa tipo Telefónica. Tiene sus hijos en edad high school o universitaria, y le vendrá bien personalmente”, asegura un buen conocedor de Camps que, insiste, estos dos años “le han cambiado física y anímicamente”.

Tras ese tiempo, nadie duda en el partido, sobre todo en Valencia, que puede volver a la política “al puesto que quiera”. No en vano, en pleno acoso de la ‘Gürtel’, revalidó su mayoría absoluta en las elecciones de mayo pasado. “Y el PSOE valenciano, otro de los grandes perdedores de este juicio, tardará décadas en recomponerse, buscar nuevos dirigentes y poder soñar con ser una alternativa”, insisten en fuentes populares.

Lo cierto es que la decisión de ayer da vía libre a Camps para volver a tomar las riendas de la política española. Por cinco votos a cuatro, el jurado popular –una institución que ahora volverá a ser puesta en entredicho después de haber sido ‘vendida’ como la panacea frente a jueces ‘partidistas’- decidió que no quedaba probado que Francisco Camps y Ricardo Costa recibieran trajes, corbatas y zapatos ‘en condición de su cargo’ (cohecho impropio), ni que manipularan facturas para ocultarlo. Un Camps visiblemente demacrado escuchaba al secretario desgranar uno a uno el resultado de todas las acusaciones en una letanía que ponía fin a lo que, el 20 de julio del pasado año, describió como “el último escaloncito del calvario judicial”.

 

“Claro que pago mis trajes”

Ese día, Camps anunciaba su dimisión como presidente de la Generalitat. Durante más de dos años se aferró a su cargo, desafió a las acusaciones –“claro que me pago mis trajes”, dijo ante decenas de empresarios, políticos y periodistas en una comida en el Casino de Madrid del Foro ABC el 10 de marzo de 2009-, ganó otra vez por mayoría absoluta las autonómicas y, sólo cuando se vio acorralado por su propio partido desde la dirección nacional, tiró la toalla.

Ese 20 de julio estuvo a punto de aceptar la multa y su culpabilidad para poner fin al proceso judicial que había comenzado días antes con la apertura de juicio oral. Génova no quería, de ningún modo, que la imagen de Camps en el banquillo se produjera en plena campaña electoral, dando así a Alfredo Pérez Rubalcaba la única bala que las abrumadoras encuestas dejaban en la recámara del PSOE. El exministro del Interior y exvicepresidente de Rodríguez Zapatero había tenido mucho que ver en el acoso mediático y político a Camps. Sabía que poner en riesgo la mayoría absoluta del PP podía depender del granero de votos valenciano y de la erosión que la ‘Gürtel’ y la corrupción hiciera en los votantes indecisos.

En el último momento, cuando los otros dos implicados, Rafael Betoret y Víctor Campos, ya habían acudido al tribunal para reconocer su culpa y pagar la multa, Camps dio media vuelta en el coche oficial. Él iría a juicio, por mucho que dos políticos del PP muy cercanos personal y espiritualmente como Federico Trillo y Juan Cotino hubieran estado durante más de 48 horas reconfortándole y aconsejándole que lo hiciera. Se quitaría de en medio, “no seré un obstáculo para la victoria de Mariano Rajoy”, dijo al dimitir, pero no enterraría su carrera política bajo unos trajes de Milano.

Betoret y Campos son hoy cadáveres políticos, y a él se le abre de nuevo el horizonte, casi como en 2008, cuando se erigió como el ‘barón’ más pujante de Rajoy, al que le organizó un congreso triunfal en el que Esperanza Aguirre, que por entonces amagaba con disputarle la presidencia del PP al hoy presidente del Gobierno, quemó sus naves.

Pero el tiempo ha acabado dando la razón a Camps, el ‘paciente’ que en una sesión del juicio leía de cara a la galería ‘La ruta antigua de los hombres perversos’, sobre el Santo Job y el chivo expiatorio. Habrá que esperar.

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