Jorge Fernández Díaz, ‘el Pato’ amigo de Rajoy
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EL POLÍTICO MÁS INCOMBUSTIBLE DEL PP CATALÁN

Jorge Fernández Díaz, ‘el Pato’ amigo de Rajoy

El nuevo ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz es, quizá, el más incombustible dirigente del PP de Cataluña. Hombre de confianza de Mariano Rajoy, uno de

Foto: Jorge Fernández Díaz, ‘el Pato’ amigo de Rajoy
Jorge Fernández Díaz, ‘el Pato’ amigo de Rajoy

El nuevo ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz es, quizá, el más incombustible dirigente del PP de Cataluña. Hombre de confianza de Mariano Rajoy, uno de sus compañeros llama la atención sobre el hecho de que, contrariamente a lo que ocurrió con los demás cabezas de lista, su candidatura el pasado 20-N (como cabeza de lista por Barcelona) fuese anunciada por él mismo tres semanas antes de que los demás candidatos fuesen hechos públicos. “Eso da una idea de la confianza que le otorga Rajoy”, dice a El Confidencial su compañero de partido. Aunque nacido en Valladolid en 1950, a los tres años se trasladó a Barcelona y en esta ciudad desempeñó toda su carrera política.

La confianza que le dispensa el actual presidente del Ejecutivo no es gratuita: cuando José María Aznar formó su primer Gobierno y se llevó a Rajoy al mismo, Fernández Díaz le siguió como secretario de Estado para las Administraciones Territoriales. Luego, estuvo poco más de un año como secretario de Estado de Educación, Universidades, Investigación y Desarrollo y en 2000 aterrizó finalmente como secretario de Estado de Relaciones con las Cortes, cargo que desempeñó hasta marzo de 2004, cuando los socialistas consiguieron el poder.

La trayectoria de Fernández Díaz es la de un superviviente nato. En él converge una triple condición: es ingeniero industrial de formación, inspector de Trabajo de profesión y político de vocación. En 1978 fue nombrado delegado provincial de Trabajo en Barcelona, con la UCD en el Gobierno. En julio de 1980, pasó a desempeñar el cargo de gobernador civil de Asturias y, justamente un año después, pasó a ser gobernador civil de Barcelona. En aquella época de transición, con los movimientos independentistas en auge y una embrionaria Terra Lliure en las calles, Fernández Díaz adquirió fama de duro. Apodado El Pato por sus enemigos políticos, dirigió la mayor parte de los esfuerzos a la lucha antiterrorista y se dedicó, al mismo tiempo, a tejer relaciones con todos los estamentos barceloneses. En septiembre de 1982, abandonó su cargo público para encabezar la lista del Centro democrático y Social (CDS) de Adolfo Suárez, pero sus 49.772 votos no le valieron para conseguir el escaño.

En enero de 1983 se afilió a la entonces incipiente Alianza Popular, que acababa de obtener por Barcelona casi 400.000 votos. Y seis meses después ya estaba en las listas municipales. Resultado: salió elegido concejal... y presidente provincial del partido. Comenzaba una sólida carrera dentro de la organización. En 1984, integró las listas al Parlamento autonómico, donde fue diputado durante dos legislaturas, al tiempo que senador.

Dentro del partido, pasó por ser secretario general de AP en Cataluña (entre 1985 y 1987) y luego presidente regional, cargo de donde fue barrido por la dirección nacional, que impuso una gestora presidida por Alejo Vidal-Quadras en 1991. Paralelamente, pasó a integrar las listas populares al Congreso de los Diputados y fue elegido diputado en todos los comicios desde entonces. En la última legislatura, ofició como vicepresidente tercero de la Mesa del Congreso.

Un clan familiar con peso

Los años 90, sin embargo, con un Vidal-Quadras pujante y en plena forma, fueron la época de la resistencia. De esos años proviene lo que se ha dado en llamar el Clan de los Hermanos, es decir, el sector de Jorge y Alberto Fernández Díaz, que fueron alternando cargos en el partido mientras que uno se ocupaba de la política nacional y otro, de la municipal y de la autonómica. “Lo que siempre se ha echado en cara a los Fernández Díaz es que considerasen el partido como un feudo particular. Con Vidal-Quadras, la guerra era a muerte, lo mismo que con Josep Piqué o con Daniel Sirera”, dice una fuente interna. Tras esa dura etapa, Alicia Sánchez-Camacho asumió el control del PP catalán, pero tuvo que pactar con los Fernández Díaz, que se vieron impelidos a apoyarla a ella o a la advenediza Montserrat Nebrera. En la elección, según algunas fuentes, tuvo mucho que ver la cúpula de Génova, que advirtió a Jorge que Alicia era la candidata de Mariano Rajoy. Y Nebrera llegó a acusar a Alberto Fernández Díaz de traición, pues aseguraba que éste le había prometido su apoyo frente a Sánchez-Camacho.

Pero los Fernández Díaz siempre han navegado con rumbo propio por las procelosas aguas del PP catalán. Jorge, el hombre con más peso dentro del PP nacional, es un personaje al que siempre hay que consultar si algo se mueve dentro del partido. En eso coinciden todas las fuentes consultadas. “Su carácter es moderado y dialogante. No es nada talibán y busca, en cada momento, tender puentes”, dicen en el partido.

En este sentido, durante los últimos meses se ha dedicado a realizar algunos actos de contrición sobre la postura de determinados dirigentes populares respecto a temas catalanes. Criticó, por ejemplo, la recogida de firmas contra el Estatuto de Cataluña, promovida por su propio partido, e incluso afirmó en uno de sus últimos debates televisados que en esta comunidad no existe conflicto lingüístico alguno. Estas apreciaciones, claro está, fueron dichas en plena campaña electoral, cuando la coyuntura distorsiona algunos de los mensajes de los candidatos. Porque las firmas contra el Estatuto fueron presentadas por su amigo y valedor, Mariano Rajoy, en el Congreso. Y, en Cataluña, Sánchez-Camacho fue una de las que presentó una instancia en la Consejería de Educación exigiendo que cumpla las sentencias judiciales y aplique el bilingüismo en las escuelas.

Personalmente, Jorge es un creyente ferviente, próximo al Opus Dei y excelentemente relacionado con la Iglesia, “incluso con la Santa Sede”. Por algo, fue condecorado con la Gran Cruz de la Orden de San Gregorio Magno, que otorga el Vaticano, en el año 2003. “Su mayor deseo era ser nombrado, ahora, embajador de España ante la Santa Sede”, explica a este diario una persona que le conoce bien. Otra asegura que “le he visto en el puente aéreo rezando el rosario durante el viaje”. Y sus relaciones con el mundo empresarial y con los poderes fácticos catalanes es también muy estrecha.

Hombre de gran capacidad de trabajo, durante la última campaña electoral vivió un calvario personal que jamás ha explicado: su esposa, Asunción Carcoba, cayó enferma por una peritonitis mal diagnosticada, por lo que tuvo que ser operada de urgencia y estar ingresada durante casi un mes.

Jorge Fernández Díaz