LOS INGENIEROS QUE NO SE PLIEGAN A PRESIONES

La Matraca panameña de Ana Pastor

Cuentan que hace años, cuando el militar Manuel Antonio Noriega gobernaba Panamá en una dictadura de facto, pidió a Alberto Alemán Zubieta, el pago de una

Foto: El presidente panameño mandatario Ricardo Martinelli (d) y la ministra española de Fomento, Ana Pastor. (EFE)
El presidente panameño mandatario Ricardo Martinelli (d) y la ministra española de Fomento, Ana Pastor. (EFE)

Cuentan que hace años, cuando el militar Manuel Antonio Noriega gobernaba Panamá en una dictadura de facto, pidió a Alberto Alemán Zubieta el pago de una coima, un soborno. Lejos de cumplir con la voluntad del dirigente, este ingeniero, que durante dieciséis años fue el administrador de la Autoridad del Canal de Panamá, se negó a arrodillarse ante las pretensiones del presidente del país cuando era un afamado constructor.

Noriega, que después fue encarcelado por su vinculación con el narcotráfico y condenado a 40 años de prisión, se sintió humillado por lo que consideraba un desplante de un funcionario panameño a la autoridad. Ante tal desobediencia, el general le envió a su casa a la policía para que lo detuvieran por un supuesto delito, como forma de castigar la rebeldía de un subordinado. Zubieta, un ingeniero educado en universidades americanas, no se achantó y decidió escaparse por la ventana y huir del país antes de arrodillarse ante las veleidades del dictador.

La escena ejemplifica como son los miembros de La Matraca, un grupo de trabajadores de buena formación, muchos graduados en escuelas americanas, que durante los noventa pelearon para que la Panamá ocupada por los marines estadounidenses recuperase la gestión del Canal. Con ese acto, Zubieta se ganó el reconocimiento de Estados Unidos, que lo nombró administrador de la Comisión del Canal de Panamá, la agencia federal del Gobierno americano, en 1996 hasta que la infraestructura portuaria pasó a manos centroamericanas el 1 de enero de 1999.

Los miembros de este movimiento de ingenieros nacionalistas que han gestionado el Canal no se han plegado ni a las arbitrariedades del dictador de su país ni a las presiones de Estados UnidosAllí siguió hasta que en 2012 cedió su puesto a Jorge Quijano, otro miembro de La Matraca, ingeniero como Alemán Zubieta por la Universidad de Lamar, en Beaumont, Texas, y con cursos superiores en centros educativos de Virginia y de Chicago. El nuevo responsable de la ACP tiene los mismos principios que su antecesor: no se doblega ni ante el presidente de la República, como demuestra que el martes por la noche rompiera las conversaciones con Sacyr apenas 24 horas después de que Ricardo Martinelli dijese que "el acuerdo estaba muy cerca".

El primer ministro, lejos de amonestar a Quijano por sonrojarle ante el mundo tras la ruptura con las constructoras, le arropó al asegurar que “todos los panameños tenemos que vestirnos de patria y apoyar las decisiones que tome la Junta Directiva". Una sentencia que supuso un respaldo público a la actitud de la ACP, que desde el primer momento no tragó con la forma española de negociar los contratos.

Panamá lanza un órdago a Sacyr

El responsable del Canal no ha aceptado las reclamaciones de Sacyr ni de Salini Impregilo porque su formación americana le impide transigir con un sobrecoste del 50% del volumen de la obra. En Estados Unidos esos extras no se permiten. De hecho, aunque Quijano siempre habla en español en público, cuando ha negociado cualquier aspecto del contrato lo ha hecho siempre en inglés, el idioma oficial de los abogados y de los bancos.

Y no es que el administrador del paso oceánico que une el Atlántico y el Pacífico le tenga mucho cariño a los estadounidenses. Al contrario. Pleiteó e hizo oposición contra los yankees en la sombra para recuperar la gestión del Canal, una tierra que el país cedió a la Casa Blanca cuando se independizó de Colombia en 1903 para construir la vía marítima. De hecho, Bechtel, la americana que pujó por las obras, quedó tercera en la puntuación técnica. Pero su manera de entender los negocios es que lo que se firma se cumple.

Cuando la ministra de Fomento declaró que en España no se pagan sobrecostes, el responsable de la ACP se llenó de razones para rechazar las reclamaciones millonarias de SacyrUna creencia que Quijano enfatizó cuando leyó el 27 de enero que la ministra de Fomento, Ana Pastor, había aseverado en una entrevista en Expansión que en España “los sobrecostes se habían reducido a cero”. La titular de las obras públicas refrendaba de esta manera la decisión de suspender un contrato con Adif de apenas 100 millones al descubrir que había habido algún tipo de irregularidad. Pastor añadió que “con estas medidas estamos evitando que las empresas hagan ofertas extremadamente agresivas, con fórmulas que desincentivan las bajas excesivas y las ofertas temerarias, que superan el 40% en algunos casos”.

Las declaraciones de la ministra, que viajó a Panamá a principios de enero cuando Sacyr amenazó con paralizar la ampliación para acercar posiciones, fueron recibidas con alegría por la ACP, que rápidamente concluyó que, si España no aceptaba pagar de más por obras presupuestadas por el Estado, Panamá tampoco. A partir de ese día, las conversaciones entraron en una vía muerta que ni la buena voluntad de Sacyr ni la bravata de Salini Impregilo consiguieron enderezar.

Por si fuera poco, la escasa esperanza de que las partes se vuelvan a sentar en beneficio de todos, se ha erosionado por el duro ataque de las constructoras europeas al honor panameño en el comunicado en el que reconocían la ruptura de las negociaciones.  “El fracaso de un proyecto estratégico para la economía de Panamá y el mundo dejará una sombra permanente sobre el proyecto de expansión del Canal de Panamá en los libros de historia”, aullaron Sacyr e Impregilo, tocando la fibra más sensible de los miembros de La Matraca, inflexibles a lo que definen como chantaje.

La puntilla fue advertir que, “el año que viene, cuando los líderes de todo el Hemisferio Occidental se reúnan en Panamá para la histórica Cumbre de las Américas, en lugar de celebrar el rol vital de Panamá en el comercio mundial, estarán lamentando que ACP y Panamá hayan abandonado las conversaciones en lugar de ponerse de acuerdo sobre una solución que pudiera consolidar el lugar histórico de Panamá en el mundo”. Una afrenta que ha sentado muy mal a unos trabajadores nacionalistas que no se plegaron ni a la arbitrariedad de un dictador ni a la presión de los Estados Unidos ni ahora al Spanish way.

Empresas
Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
20 comentarios
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios