prometen confidencialidad, rápidez y opacidad

El negocio de vender sociedades fantasma

Hacerse con una empresa que no deje rastro en el Registro Mercantil está a la portada de todos. Hasta de implicados en grandes casos de corrupción.

Foto: Gerardo Díaz Ferrán (EFE)
Gerardo Díaz Ferrán (EFE)

Algo más de 1.500 euros, un par de correos electrónicos y una visita al notario. Y menos de 24 horas. Es todo lo que se necesita para poder hacerse con una sociedad fantasma. Ya existe, ha sido constituida con anterioridad, y yace en las estanterías de las empresas que se dedican a venderla. Todo dentro de la legalidad, al menos hasta el momento de la venta. Si después la sociedad acaba en el sumario del caso Gürtel o del caso Marsans, es cuestión de cómo se haya decidido utilizarla.

Hay decenas de pequeñas compañías en España que se dedican a la venta de sociedades 'dormidas' y que pueden garantizar la invisibilidad en los registros mercantiles. Verdaderos supermercados de entidades preconstituidas ofrecen rapidez y confidencialidad al mejor precio.

Bastan poco más de 1.500 euros, un par de correos electrónicos y una visita al notario. Y en menos de 24 horas se puede disponer de una sociedad limpia y lista para un nuevo negocio. Todas están al alcance de una rápida búsqueda en Google. Pelean por hacerse hueco en un mercado salido de la alegalidad en 2010, cuando un real decreto reguló su existencia. Los vendedores crean las sociedades en los distintos registros mercantiles del Estado, donde estas esperan sin actividad. De ahí el nombre con el que se las conoce en el mundo anglosajón: shelf companiessociedades de estantería. 

Cuando un cliente lo necesita, se acerca a la "estantería" –el repositorio online– y elige el nombre y el tipo que más le convienen. Si la compra, convirtiéndose en administrador, aparecerá en los registros mercantiles; si realiza una compraventa de participaciones, quedará oculto al fichero.

Ramón Cerdá Sanjuán es una de las personas que ostenta, en España, más cargos en empresas. Sólo en 2013, el registro mercantil recoge 220 nombramientos suyos, según los datos oficiales a los que este periódico ha tenido acceso gracias a la colaboración de Dato Capital. “En realidad, ya cuento con más de 500”, detalla Cerdá a El Confidencial.

Este valenciano y prometedor novelista se dedica a crear sociedades que vende, en tiempos récord y con trámites mínimos, a través de sociedadesurgentes.com. Su página web, la evolución de una sencilla asesora de empresas que quiso “adecuarse a las necesidades de sus clientes”, ha vendido alrededor de 10.000 empresas en los últimos diez años: “Figuro como administrador en muchas sociedades porque para poder ofrecer el servicio tengo que constituirlas, y en ellas ya aparezco yo como administrador”, desgrana.

De Díaz Ferrán a Urdangarin

Todo ocurre muy rápido, pasando por encima de los largos papeleos de la burocracia administrativa. Los extremos de la venta se concretan por teléfono o por correo electrónico y se organiza la firma con una notaría para el día siguiente. “Hay casos en los que es incluso más rápido y firmamos sobre la marcha si estamos en notaría con otra operación”, asegura este gestor. Se facilitan los datos de los compradores, del administrador, los nuevos domicilios y el nuevo objeto social –siempre y cuando se decida cambiarlo–. Realizado el pago, el cliente se lleva la documentación y la empresa se encarga de la inscripción registral. “Lo que hacemos es responder a una necesidad de los clientes, agilizando los trámites para quien necesite crear empresas”, argumentan todos los responsables entrevistados.

Y así pasó en 2010 con Posibilitium Business S.L. o a De Goes Center, entre otras. La primera sirvió al empresario Ángel de Cabo para comprar el Grupo de Viajes Marsans, una adquisición por la que la Audiencia Nacional decretó prisión provisional por alzamiento de bienes contra Cabo y Díaz Ferrán, anterior presidente de Marsans. La segunda, De Goes Center, fue vendida a Mario Sorribas Fierro, testaferro de Iñaki Urdangarin imputado en mayo. Ambas, junto a un pequeño porcentaje de todas las que están en su lista, salieron de la web de Cerdá.

Iñaki Urdangarin.
Iñaki Urdangarin.

“Yo soy el primer interesado en que no se realice ningún fraude con las sociedades que vendo”, explica Cerdá a este diario. Cierto es que, admite, “puedo haberle vendido a unos señores en concreto y luego puede que estos hayan vendido a otros, de forma que no llego a saber quiénes son los gestores actuales”.

Oculto al registro

La confidencialidad es una de las razones principales por las que se adquieren sociedades de este tipo. “Esto no significa que se utilicen a priori para hacer algo ilícito”, explica un gestor de ventasociedades.es, también dedicada a la venta de shelf companies, como se conoce a estas sociedades en el mundo anglosajón. “Sólo un pequeñísimo porcentaje de empresas nos ha dado problemas a nivel judicial; la mayoría de personas lo que quiere es opacidad ante terceros”, añade.

De hecho, Hacienda sabe que existe cualquier sociedad y en el momento en el que un notario certifica su creación. Por lo que la opacidad se convierte en estrategia para quien quiera crear un nuevo negocio sin ser administrador de la sociedad o tenga problemas con acreedores y opte por abrir una nueva actividad sin que se le embarguen sus bienes. “Este último, con la crisis, es un tipo de uso de estas sociedades en alza”, detalla este gestor.

Pero quedar oculto a los rastreos en el Registro Mercantil es muy sencillo. Cuando la persona que compra una compañía preconstituida se convierte en administrador, aparece en este registro público. Sin embargo, “en muchos casos se opta por la compraventa de participaciones entre socios, cumpliendo pues una operación que no es mercantil y que, por lo tanto, no necesita quedar inscrita en el Registro”, explica Ignacio Moreno, gerente de Societalis, empresa con una década de experiencia en el sector. Las razones pueden ser de lo más variado: desde un empleado que no quiere que su empleador conozca sus otras actividades hasta crear una sociedad para fines “diferentes” a los declarados.

El acceso a una subvención o a un concurso público son otras circunstancias que llevan a formar una empresa “de urgencia”. Es lo que ocurrió con Good & Better SL. Fue esta la empresa que la trama Gürtel utilizó, en 2005, para facturar a la Comunidad de Madrid, tras recibir contratos a dedo del entonces Gobierno de Esperanza Aguirre.

Opaca privacidad

Sin embargo, “no se trata de generar testaferros”, asegura el gerente de ventadesociedades.es. Simplemente, continúa, se intenta "garantizar la privacidad de una actividad”.  

Hay obligaciones establecidas en la ley antiblanqueo que obligan a cumplir determinadas medidas y diligencias. El Código Penal también tiene en cuenta las empresas de este tipo.José María Mollinedo, secretario del Sindicato de Técnicos de Hacienda (GESTHA) explica por su parte que las empresas en sí no representan un problema: “Nadie puede objetar por la mera constitución de una empresa. Aunque es cierto que hay obligaciones establecidas en la ley antiblanqueo que obligan a quien asesora en la creación de una empresa a cumplir determinadas medidas y diligencias, entre las que se incluye informar a Hacienda en el caso de que haya sospechas de uso para blanqueo”.

Los tipos de sociedades que se generan, sin embargo, no son unas desconocidas para la Administración. La modificación del Código Penal de 2012 incluyó, en su artículo 305 bis, una tipología delictiva dedicada a las sociedades “pantalla”, aquellas que, detrás de una apariencia externa, se dedican en realidad a otra actividad, una actividad de lo más común entre quienes utilizan estas shelf companies para sus negocios, explican fuentes conocedoras del sector. 

Todas ellas suelen dejar bien a la vista, en sus páginas web, el consenso de Hacienda, destacando que “no resulta en modo alguno problemática la adquisición de las sociedades constituidas”, reza en concreto Sociedades Urgentes. Y su gerente matiza: “Lo que es evidente es que cualquier irregularidad cometida con alguna sociedad constituida por mí ha sido realizada con posterioridad a su transmisión”, añade. El fin, en este caso, exculpa a los medios. 

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