23 de abril

¿A quién beneficia (y perjudica) el voto en blanco en unas elecciones generales?

Votar en blanco es una posibilidad como muchas otras en las elecciones... ¿pero a quién beneficia y perjudica escoger esta opción?

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¿A quién perjudica o beneficia el voto blanco?
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La mayoría de los españoles ya tienen marcado en su calendario el 23 de abril, día en que se celebran las próximas elecciones generales, en las que se decidirá si Pedro Sánchez vuelve a la Moncloa o es el candidato de alguno de los demás partidos el que lidera la próxima legislatura. El pasado 2 de abril, Viernes de Dolores, entramos en campaña electoral, marcada por mítines de cada uno de los candidatos presidenciales de cada partido y por alguna que otra 'performance', como el 'Falcon Viajes' que Nuevas Generaciones montó para criticar el uso del Falcon presidencial por parte de Sánchez o el grupo de WhatsApp de Ciudadanos para echar al socialista del Gobierno.

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Sin embargo, según avanzan los días y se acerca la fecha de los comicios y la gente empieza a pensar acerca de su voto. Muchos tienen clara su opción, pero existen muchos otros indecisos que no saben qué hacer con su papeleta. ¿Tirar de voto útil? ¿No acudir a las urnas? ¿Y qué pasa con presentar una papeleta marcada, pintarrajeada, o una foto de un perro en lugar del voto? Entre todas estas dudas surgen algunas como, por ejemplo, qué es lo que ocurre cuando se vota en blanco. La Ley del Régimen Electoral considera que se ha emitido un voto en blanco, que es válido, cuando el sobre no contiene ninguna papeleta o, en el caso de las elecciones al Senado, cuando éstas no contengan indicación a favor de ningún candidato. ¿Qué quiere decir esto? Que el voto en blanco computa en el recuento e influye en el reparto de escaños que corresponde a cada partido.

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Este es el punto en el que entra en juego la Ley D'Hont, el sistema de cálculo proporcional que marca la representación dividiendo el número de votos emitidos hacia cada partido entre el número de escaños que puede decidir cada circunscripción. Así, si una provincia tiene derecho a elegir cinco cargos, los votos totales de cada partido se dividen entre 1, 2, 3, 4 y 5; obtenidos los respectivos cocientes, los cinco representantes se asignan a las cinco cifras más altas.

No obstante, hay que recordar que con objetivo de que no exista una gran fragmentación, para obtener representación es necesario un 3% de votos como mínimo, con lo cual este reparto perjudica siempre a los partidos pequeños en las circunscripciones con menos escaños en juego. Así, si el número de votos en blanco es muy alto, al ser votos válidos (no como el voto nulo o la abstención) este 3% 'crece', por lo que las pequeñas formaciones tienen más dificultades de llegar al mínimo necesario para tener representación.

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