ENTREVISTA A RANA FOROOHAR

"Las grandes tecnológicas serán las ganadoras de esta crisis, y es un problema"

La autora de 'Don't be evil' y columnista de 'Financial Times' explica las consecuencias del auge de las Big Tech con el coronavirus y en qué nos puede perjudicar

Foto: Rana Foroohar. (Imagen: YouTube/The Real News)
Rana Foroohar. (Imagen: YouTube/The Real News)

Leemos las noticias a través de los grupos de WhatsApp, buscamos información o artículos periodísticos en Google, sabemos de los demás a través de Facebook o Instagram, vemos películas y series en plataformas digitales como Netflix, encargamos bienes a Amazon o a Glovo, y quienes tenemos la suerte de conservar nuestro empleo, recurrimos al teletrabajo. El confinamiento ha convertido las firmas ligadas a la tecnología en parte indispensable de nuestra cotidianeidad, y mucha gente que no estaba habituada a utilizarlas está adquiriendo la costumbre. Es además obvio que, en ese proceso, esas compañías están recogiendo enormes cantidades de datos sobre nuestros comportamientos y formas de pensar, que aprovecharán y monetizarán de diversas formas. Las grandes tecnológicas aparecen como las triunfadoras económicas de este apagón general, y más aún en la medida que se les están abriendo con facilidad las puertas de otros sectores, como la salud o las finanzas. El confinamiento parece un ensayo general de la vida económica después del coronavirus.

Rana Foroohar, columnista y editora asociada de ‘Financial Times’, había publicado poco antes de la pandemia ‘Don’t be evil’ (Penguin Random House), un estimable libro sobre la presencia y el poder que estaban acumulando las grandes tecnológicas y las consecuencias sociales y económicas que se derivaban de su auge. Foroohar, que trabajó para ‘Time’, es también la autora de ‘Makers and Takers’, un revelador texto acerca del funcionamiento de nuestra economía.

PREGUNTA. Parece muy evidente que las grandes empresas tecnológicas serán las vencedoras y saldrán muy reforzadas de la crisis del coronavirus. ¿Veremos cómo incrementan su poder?

RESPUESTA. Por resumirlo en una palabra, sí. Ha sido sorprendente ver el cambio del sentimiento público hacia las Big Tech en las últimas semanas. Todas las preocupaciones existentes antes del coronavirus sobre la privacidad y el uso de nuestros datos, la concentración corporativa y las grandes sumas de dinero que dedicaban a hacer lobby político han desaparecido, y las personas están volcadas en los servicios que ofrecen, desde la entrega de comestibles por las noches hasta el teletrabajo. Las empresas más grandes están aprovechando al máximo el momento y lo utilizan para presionar y conseguir más poder y tomar el control de nuevas áreas ligadas a los datos: un ejemplo es la alianza entre Google y Apple para crear una app que permita saber si hemos estado expuestos al virus rastreando nuestros movimientos y nuestros contactos. Antes de la crisis hubo un gran rechazo público en contra de que las Big Tech entraran en el campo de la salud; ahora nadie protesta. Veremos cómo estás empresas van a penetrar mucho en sectores como la salud y las finanzas, y terminarán siendo más grandes y más poderosas que antes de la crisis. Esto supone, por supuesto, un grave problema: si no hay límites en los poderes adicionales y los datos que se les dan como resultado de la crisis, entraremos en una pendiente muy resbaladiza que terminará en un Estado de vigilancia estilo chino en los Estados Unidos e incluso en Europa.

Las grandes tecnológicas argumentan que sin acceso ilimitado a los datos, estarán en desventaja competitiva con China

P. ¿La guerra contra China beneficia a estas compañías? ¿Les autoriza a someterse a menos límites con la excusa de competir con las firmas asiáticas?

R. Los líderes de empresas como Facebook, Google, Amazon, etc., han utilizado siempre el argumento de que se necesitan campeones nacionales cuando los reguladores han intentado reducir su poder. Es decir, afirman que si se las divide o si se ponen límites a las formas en que pueden extraer y monetizar los datos de sus usuarios, se acabará perjudicando a Estados Unidos en la lucha contra China. Su argumento principal es que la mayoría de las industrias estratégicas del futuro (inteligencia artificial, internet de las cosas, etc.), que son los sectores que tendrán mayor crecimiento, requerirán la extracción de grandes cantidades de datos. Debido a que China es un Estado de vigilancia que no tiene en cuenta la privacidad, las grandes compañías tecnológicas de los Estados Unidos argumentan que, sin acceso ilimitado, estarán en desventaja competitiva en la batalla por tales sectores. Pero este es un argumento falso: las empresas más pequeñas y descentralizadas han sido mucho más innovadoras que las grandes en el pasado, y no hay razón para que no siga siendo así. De hecho, el último gran caso antimonopolio en los EEUU, hace más de veinte años, fue contra Microsoft, y permitió el nacimiento de Google. Más grande no significa mejor cuando se trata de innovación y de competencia.

P. En estos días hay mucha preocupación acerca del control de nuestros datos por parte de los gobiernos. Parece claro que la vigilancia tecnológica de los ciudadanos se incrementará gracias al coronavirus, y eso asusta a mucha gente, en la medida en que puede dar lugar a un nuevo tipo de control totalitario. Sin embargo, se trata de datos que ya tienen las grandes compañías tecnológicas. ¿Por qué nos preocupa tanto que nos vigilen los gobiernos y tan poco que lo hagan firmas privadas?

R. Es una buena pregunta y creo que la respuesta variará según el país del que se sea nacional. Las personas que viven en lugares como China, Rusia, Turquía o cualquier otro con un Gobierno autoritario están más preocupados con la vigilancia del Estado que con la del ‘surveillance capitalism’. Pero, en realidad, esto no tiene que ver con el hecho de que la vigilancia provenga del sector público o del privado, sino de si las democracias liberales deberían permitir que se extraigan y se exploten los datos sobre nuestros comportamientos y nuestras formas de pensar. Creo que debería haber límites estrictos sobre lo que cualquier entidad, ya sea un Gobierno o una empresa privada, puede hacer en términos de rastrearnos y recopilar y monetizar nuestros datos personales. Lamentablemente, en este momento, parece que nos estamos dividiendo en tres sistemas separados: un Estado de vigilancia chino con tecnologías para monitorear a los ciudadanos que se está exportando a otros gobiernos autoritarios; un sistema estadounidense de laissez-faire en el que las empresas pueden recopilar y monetizar datos con poca regulación; y un término medio europeo que todavía está definiéndose.

Vamos hacia un mundo en el que se tendrá que elegir si se hacen negocios solo con EEUU o solo con China, y no es bueno para nadie

P. En ‘Don’t be evil’ cita dos informes del Pentágono y el del Departamento de Defensa estadounidense en los que se mostraba una gran preocupación, antes del coronavirus, acerca de la posición débil de EEUU en la cadena de suministro de sectores estratégicos. Hoy estamos asistiendo a la falta de productos sanitarios de urgente necesidad en la pandemia, desde mascarillas hasta respiradores. ¿Se va a acelerar la reindustrialización de EEUU? ¿Será un paso más hacia la desglobalización?

R. Sin ninguna duda. La crisis de Covid-19 solo ha acelerado la desglobalización y localización de las cadenas de suministro que ya estaba en marcha. En los Estados Unidos, la reindustrialización es pretendida por la izquierda por razones laborales: quieren ver una economía basada menos en el consumidor y más en el productor. La derecha quiere lo mismo, pero por razones de seguridad nacional: no desean que las cadenas de suministro se vinculen a China más de lo absolutamente necesario. Hay algunas razones comerciales y de seguridad pública legítimas para querer construir más resiliencia en las cadenas de suministro nacionales. Pero esto podría convertirse fácilmente en una carrera hacia el abismo. En un mundo ideal tendríamos cierta regionalización de las cadenas de suministro para crear más seguridad, pero también más cooperación entre naciones democráticas dentro de la OCDE, lo que podría crear acuerdos comerciales beneficiosos para todos y con altos estándares de salud, empleo y seguridad. Sin embargo, estamos yendo hacia un mundo en el que se tiene que elegir si se quiere hacer negocios con Estados Unidos o con China, lo que no es bueno para nadie.

P. Google y Facebook y las empresas que dependen de ellas se han convertido en las redes de transmisión de información dominantes en el mundo y están canalizando gran parte de las partidas publicitarias. Pero, al mismo tiempo, son las principales impulsoras de la difusión de noticias sensacionalistas y de contenidos que polarizan la sociedad. ¿Qué se puede hacer para detener esta tendencia?

R. Creo que probablemente deberíamos girar hacia un modelo en el que las búsquedas se conviertan en servicios públicos, así como el acceso a la banda ancha, y en el que la publicidad personalizada se rija por las mismas normas y regulaciones que operan en otras formas de publicidad. Eso cambiaría el modelo de negocio de Facebook y Google, los haría menos dominantes, y reduciría su capacidad de llevarnos hacia el capitalismo de vigilancia.

Si los países no comparten lo bueno y lo malo, la UE vivirá una crisis de deuda continua que socavará su estabilidad y unidad

P. En el libro propone un New Deal digital. ¿En qué consiste y por qué es necesario?

R. La banda ancha es una necesidad moderna, al igual que el agua o la electricidad. Sin embargo, en los EEUU solo cuentan con ella el 50% de las personas con ingresos inferiores a 30.000 dólares al año. Es una parte esencial de la división entre ricos y pobres que se ve exacerbada por el auge de la economía digital. Si no ponemos en marcha un programa importante de infraestructuras públicas para garantizar que tanto ricos como pobres tengan el mismo acceso a internet, y no nos aseguramos de que parte del valor de los datos personales que Facebook, Amazon, Apple, Netflix y Google extraen de forma gratuita regresa a sus usuarios, o, mejor dicho, a los ciudadanos, iremos hacia una distribución de la riqueza aún menos equitativa de la que ya tenemos. Y eso no es políticamente sostenible.

P. Afirma que “los EEUU están en peligro de convertirse en un monopolio dirigido por los ricos y mejor conectados”, y subraya que los ciudadanos cada vez nos sentimos más impotentes para cambiar las reglas con las que estas compañías operan. ¿Esta tendencia también se acelerará con el coronavirus?

R. Sin duda. El virus está afectando más a los pobres y las minorías en número de infectados, en la tasa de mortalidad y en los trabajos que se han perdido. Muchos de ellos se encuentran en sectores como el comercio minorista, los viajes, los restaurantes, los servicios y otras áreas en las que son frecuentes los empleos con baja remuneración.

P. ¿Cuál serán las consecuencias de la crisis para la Unión Europea? ¿Seremos los perdedores del coronavirus?

R. La crisis del Covid-19 está subrayando el problema fundamental de la UE, que se creó como unión económica que funciona solo en los buenos tiempos, en lugar de como unión política completa en la que los países comparten las cargas y las recompensas, tanto en lo bueno como en lo malo. Hasta que esos programas políticos sean puestos en marcha (a través de una unión fiscal común, una unión bancaria, estructuras impositivas comunes, etc.), se verá una crisis de deuda continua que socavará la estabilidad y la unidad de Europa.

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