Nadal ante la misión (casi) imposible de volver a ser el tenista de antes
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la derrota contra troicki precipita su final de temporada

Nadal ante la misión (casi) imposible de volver a ser el tenista de antes

El jugador español lleva dos años sin pasar cuartos de un grande y en este tiempo solo ha ganado un Master. Ve difícil remontar en lo que queda este año, pero aspira a retomar su nivel el próximo

placeholder Foto: Nadal se despide de Shanghái (Reuters)
Nadal se despide de Shanghái (Reuters)
Foto: Rafa Nadal cayó derrotado en Shanghái ante Troicki (REUTERS)

El miedo conduce a la derrota con más velocidad que cualquier otra sensación humana. Rafael Nadal, quizá el más bravo y valiente de todos los tenistas de la historia, un hombre que hizo del desafío una marca personal, está asustado. Su tenis no es el que era, se ha minimizado y de poco sirve que las articulaciones funcionen si la cabeza no las puede dominar. Después de una lesión, y Rafa este año ha tenido una importante, hay que volver a aprender lo perdido. Aunque el dolor no exista la mente manda mensajes contradictorios, el recuerdo de la lesión dura siempre más que la propia dolencia.

Nadal, que a sus treinta años ha pegado muchos tiros, conoce bien ese estado. Puede verbalizar el problema, pero solucionarlo es harina de otro costal. "Quizá porque tuve una lesión en la muñueca, estoy asustado", reconocía el tenista después de perder contra Viktor Troicki y dejarse en la pista de Shanghái una parte de sus ambiciones para el fin de año. Volver a ser el jugador que fue, uno de los mejores de siempre, es algo que está en duda. Quizá nunca vuelva a lograrlo. Tiene 30 años y, aunque la edad no inhabilita, su hoja de servicio es larga y tiene apuntadas demasiadas lesiones para considerar que llega nuevo a estas alturas. Él, incluso cuando era joven, recordaba que a un deportista no se le mira por la cifra del DNI sino por el camino recorrido. El suyo es fructífero y especialmente largo.

"Sé lo que tengo que hacer para mejorar y voy a hacerlo. Tengo dos meses y medio hasta que empiece la próxima temporada y llegar al nivel que necesito estar. Para mí esta temporada está casi acabada y lo acepto", dice Nadal, que concede unos meses pero no más. Es un luchador y conoce el tenis mejor que nadie. Se sabe el camino porque lo ha recorrido. Pero tener claras las cosas no siempre es sinónimo de poder materializarlas. El deseo y la realidad, en el deporte, se confunden con frecuencia. Y la pregunta, visto lo visto, es lícita: 'Quo vadis, Rafa?'

La frase deja claro que no se ve en el máster de final de temporada, el torneo más grande que le queda por ganar. Técnicamente aún le quedan opciones, pero su juego y sus ganas no están para ese campeonato. En realidad, el último tramo de la temporada siempre ha sido problemático para Nadal. Se juega en las condiciones más rápidas, en altura y pistas sintéticas, y él se siente incómodo. Ni París-Bercy, que sería en buena lógica su pasarpote para ir a las finales de Londres, ni el propio torneo de maestros han sonreído nunca al tenista español, y en este caso ni se plantea que la suerte le vaya a cambiar.

Perder con Troiki es una anomalía. Son de la misma edad y, hasta el momento, Nadal había ganado siempre que se habían enfrentado. La diferencia entre ambos es notable, uno es un buen profesional, el otro, en su mejor versión, una enorme estrella. El miedo, que está presente en todo esto, le convierte en un peor jugador, del mismo modo que lo haría con cualquier otro. Pocas cosas igualan más que eso.

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Tennis - Shanghai Masters tennis tournament - Shanghai, China - 12 10 16. Rafael Nadal of Spain plays against Viktor Troicki of Serbia. REUTERS Aly Song

Rechaza los psicólogos

Queda por ver cuáles son las soluciones a los evidentes problemas. El más lógico, si es una cuestión de miedo, sería recurrir a un psicólogo, un especialista dedicado a combatir los miedos. El problema, como pasa con excesiva frecuencia, es que en el deporte estos temas son tabú, casi un estigma. Nadal rechaza que necesite un "entrenamiento mental", un eufemismo como otro cualquiera para señalar al elefante en la habitación. No quiere, por más lógico que parezca, si tiene un dolor en las piernas irá al médico y al fisioterapeuta, pero estas cosas van por otra carretera que el español no está dispuesto a afrontar.

Foto: Rafa Nadal, tras quedar eliminado en los cuartos de final de Pekín. (REUTERS) Opinión

Eso, además, sería un cambio y en la carrera del español la línea triducional tiene más de conservadora que otra cosa. Toda la vida con su tío, desde siempre con su fisioterapeuta Rafa Maymo, años ya con Francisc Roig, su segundo entrenador... un equipo sólido, estable, porque lo que funciona no hay que tocarlo. Y cuando no funciona, cuenta la teoría, tampoco, porque si con esos mimbres se hizo el cesto en su día con los mismos medios se puede llegar al mismo punto. Ahí, sin embargo, hay opiniones para todos los gustos.

Tiene, además, problemas físicos evidentes que, en este caso, ni se preocupa en disimular. No son daños concretos sino taras en el funcionamiento general, las propias de alguien que no ha encontrado la regularidad y se ha pasado muchas semanas en el dique seco. "Necesito recuperar algo de electricidad en las piernas, moverme más rápido", concede el manacorí. Una cuestión añadida: Nadal siempre fue el mejor físico del circuito. Por lo menos en lo que se refiere a la velocidad, potencia y resistencia. Su capacidad para moverse por la pista es lo que le convirtió, amén de sus golpes, en un coloso.

Hay un hecho irrefutable: los números ya no salen como antes. En estas dos últimas temporadas no ha pasado de cuartos de final en ningún Grand Slam, solo ha ganado un Master, el de Montecarlo de este año, y ha ido paulatinamente dejándose puestos en la clasificación mundial. Sigue siendo parte de la élite, un tenista tan contundente probablemente estará en ella hasta el día de su retirada, pero ya no tiene ni la continuidad ni las sensaciones que en otros tiempos atesoraba. Sus resultados serían buenos para cualquiera que no fuese Nadal, pero es que él sí es Nadal, y cuando has logrado lo que has logrado las exigencias, empezando por las personales, se disparan.

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