Vuelven los Barbarians, el 'Dream Team' de la calavera… y lo hace con una española
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"Es un verdadero honor"

Vuelven los Barbarians, el 'Dream Team' de la calavera… y lo hace con una española

Isabel Rico es la tercera española en formar parte del icónico combinado de ruyby. Está en la convocatoria contra Sudáfrica que se celebra este mismo mes en Londres

Foto: Isabel Rico, durante un partido. (Imagen cedida)
Isabel Rico, durante un partido. (Imagen cedida)

El culto de los ingleses por sus viejas costumbres es algo que deben de enseñarles de pequeños en el colegio. Presumen de todo lo que tenga sabor añejo. Es como si llevaran en su piel tatuado “cualquier tiempo pasado fue mejor”. El rugby, en la isla, tampoco es ajeno a las tradiciones seculares. Se cuenta que durante una cena celebrada en 1890 en un restaurante de Bradford (Inglaterra), y de nombre Leuchters, a alguien se le ocurrió la idea de formar un equipo con figuras mundiales para salir de gira de vez en cuando y donde primara el juego ofensivo. Mientras degustaban ostras y un buen vino, surgió una especie de lo que hoy en día los técnicos de marketing conocen como brainstorming (tormenta de ideas) que desembocó en la creación de los Barbarians. Tres jugadores españoles han jugado en este equipo: Oriol Ripol, Diego Zarzosa e Isabel Rico. Esta última ha sido convocada por segunda vez para el partido contra Sudáfrica que se celebra el próximo sábado 27 en Londres.

Foto: Victor Matfield lleva el balón en un partido ante Argentina (Reuters).

Es a William Percy Carpmael, un delantero que jugaba en la universidad de Cambridge, a quien se atribuye el nacimiento de este combinado en el que a cualquier jugador que se precie le gustaría estar al menos una vez en su vida. Con su nuevo equipo llegó a disputar 20 partidos entre 1890 y 1893. Han pasado más de 130 años, y la idea de formar un conjunto de jugadores que acuden por expresa invitación para difundir los valores del respeto, compañerismo y camaradería sigue vigente. A los jugadores sólo se les exige el nivel suficiente para lucir la camiseta con rayas horizontales negras y blancas, así como mantener un buen comportamiento tanto dentro como fuera del campo. No existe discriminación alguna por raza, cultura o religión. Eso sí, cada uno se lleva de su casa las medias del club donde milita como hecho diferencial y como reconocimiento a los equipos que prestan a sus jugadores.

El bautismo de fuego de los Baa-baas (nombre con el que también se conoce a los Barbarians) fue el 27 de diciembre de 1890 en Hartlepool, una ciudad costera situada al norte de Inglaterra. Fue la primera vez que actuaban con la camiseta donde se podía ver una calavera y dos huesos cruzados sobre las letras B.F.C. Le siguieron otros partidos en localidades muy próximas, para extender poco tiempo después su ámbito de actuación a todos los rincones de la isla. Desde entonces ya han actuado en 98 ocasiones en 25 países de los cinco continentes, incluida su visita a España en 2007, con un saldo de 52 victorias, 42 derrotas y 4 empates. La versión femenina tardó más de un siglo en ver la luz. Lo hizo en noviembre de 2017 cuando sus jugadoras derrotaron en Limerick (Irlanda) a las locales del Munster. Suman dos victorias y una derrota.

placeholder Isabel Rico en el vestuario de Barbarians. (Imagen cedida)
Isabel Rico en el vestuario de Barbarians. (Imagen cedida)

El próximo 27 de noviembre este combinado reaparece después de dos años debido a la dichosa pandemia, y lo hace en el estadio londinense de Twickenham contra Samoa. Entre sus invitados de lujo figuran dos de los actuales campeones del mundo como los sudafricanos Malcolm Marx o Duane Vermeulen. Ambas selecciones disputarán la Killick Cup, un trofeo que data de 2011 y que enfrenta a los Barbarians con diferentes selecciones nacionales. En estos diez años los herederos de los ideales de Carpmael han hecho morder el polvo a selecciones del nivel de Argentina (2018) e incluso han empatado contra la todopoderosa Sudáfrica (2016).

Para el recuerdo quedan dos actuaciones memorables que los amantes del rugby son incapaces de olvidar. Ambas son en blanco y negro. La primera tuvo lugar en 1961 siendo testigos de aquella hazaña los espectadores que poblaban las gradas del mítico estadio Arms Park de Cardiff. Sudáfrica estaba de gira ese año por las islas y ya había conseguido vencer a Gales, Escocia y a Inglaterra. A esta última selección en dos ocasiones. Por tanto, los sudafricanos eran claros favoritos. Con todo en su contra, los hombres de blanco y negro les derrotaron 6-0. Fue el único partido que perdieron aquel año los Springboks.

Foto: Los neozelandeses volvieron a morder el polvo. (Reuters/Gonzalo Fuentes)

Sin lugar a dudas, la victoria el 27 de enero de 1973 frente a Nueva Zelanda es para la mayoría de los aficionados el mejor partido de rugby de la historia. Ganaron los Barbarians (23-11) con una jugada coral que remató el galés Gareth Edwards tras la línea de marca neozelandesa lanzándose en plancha y que había empezado su compatriota Phil Bennet a tan solo cinco metros de distancia de sus propios palos. El balón llegó a pasar por las manos de seis jugadores. En tan solo 23 segundos los de negro y blanco se zafaron de los placajes de los furiosos neozelandeses, que llegaron incluso a agarrar de forma violenta a uno por el cuello para impedir su avance. En esa jugada se resumen a la perfección los ideales que movieron a Carpmael a impulsar el nacimiento de un equipo que se volcara en ataque y que hiciera suyos los valores del compañerismo y la camaradería.

Pese a que el rugby español está a años luz de codearse con la elite, los Barbarians no se han olvidado de leones en sus convocatorias. Ni tampoco de las leonas. El primero que se estrenó con la camiseta blanca y negra fue el catalán Oriol Ripol. Lo hizo en 2003 en partido para recaudar fondos para el jugador neozelandés Jarrod Cunningham que sufría Esclerosis Lateral Amiotrófica (ELA). “La ocasión era muy bonita de cara a recaudar fondos para su fundación”, indica. En aquella época Ripol ya había conseguido hacerse un hueco en la élite del rugby inglés con los Northampton Saints y fue su entonces entrenador, Wayne Smith, quien le comentó la posibilidad de enfundarse la centenaria camiseta. “Imagínate, yo encantado”, señala este ex jugador internacional por España que a sus 46 años mata el gusanillo del rugby una vez al año en Dubai disputando partidos de veteranos de seven o viendo jugar a su hija en Suecia, “que lo hace muy bien”.

placeholder Los Barbarians, en su último partido. (Reuters/Andrew Boyers)
Los Barbarians, en su último partido. (Reuters/Andrew Boyers)

A Ripol no le impresionó mucho entrar en el vestuario de los Baa Baass. “Date cuenta de que en mi equipo de la Premiership ya había all blacks e internacionales ingleses como Ben Cohen”, afirma. Lo cierto es que el jugador catalán se tenía que enfrentar todos los fines semanas a figuras del rugby mundial y por eso no le resultó extraño jugar junto a un campeón del mundo como el sudafricano Percy Montgomery, el internacional galés Rob Hawley o los fidjinaos Waisale Sarevi o Viliame Satala. Las crónicas de aquel partido hablan de que el ala barcelonés logró aquel día tres ensayos, una cuestión que él mismo desea aclarar. “Se puede ver en Youtube que sólo conseguí uno y que, en realidad, en los otros dos me limité a dar una asistencia”, se sincera. Para el recuerdo queda haber lucido contra los London Irish la camiseta de los Barbarians, “un sueño que no todos pueden conseguir”.

A Diego Zarzosa la invitación oficial para lucir la camiseta blanca y negra le llegó por mail. Meses antes, el entrenador del Plymouth Graham Dawe que vino a verle entrenar en Harlequins con la intención de ficharle para la temporada siguiente, ya le había preguntado sobre su predisposición a jugar con los Baa-baas. “Lo que ocurre es que cuando meses más tarde llegué a España y vi que en un spam de mi cuenta de correo de Hotmail había un remitente que era @barbarians.com.uk pensé que era un virus”, dice riéndose. Pero no, era una invitación formal “así que después de frotarme los ojos y comprobar que todo era cierto, me puse en contacto con ellos para los temas organizativos y de viaje”. Como él mismo afirma, sintió la misma responsabilidad “de aquel que solo le queda una bala en el revólver y sabe que no puede fallar”. La cita estaba señalada para el 14 de noviembre de 2007, el día en que los ingleses celebran el “Remembrance Day” (Día del recuerdo) en homenaje a sus soldaos caídos en las dos contiendas mundiales. Perdieron 24-20 frente al equipo de la Armada Británica “pero lo importante es que el partido sirvió para recordar a toda esa gente”.

La noche antes del partido Zarzosa durmió “agarrado” a la camiseta de los Barbarians que todavía guarda en casa de sus padres junto a otros recuerdos de su etapa de jugador. Le trajo suerte porque debutó, fue titular y consiguió un ensayo. Todo en el mismo pack. Es el propio jugador el que cuenta una anécdota anterior a posar el balón detrás de la línea de marca rival. Quince minutos antes, Zarzosa había lanzado una touch al fondo del agrupamiento e hicieron un maul. Era la típica noche inglesa de niebla, barro y lluvia, así que confundió la línea de marca con la de cinco metros y se tiró con el balón pensando que había ensayado. “Me equivoqué y no me podía creer que hubiera llegado hasta allí para cagarla de esa manera”. Pronto se resarció con una jugada idéntica en su famoso ensayo, “y ya pude descansar en paz conmigo mismo”.

placeholder Diego Zarzosa en el tercer tiempo. (Imagen cedida)
Diego Zarzosa en el tercer tiempo. (Imagen cedida)

La historia de Isabel Rico no deja de ser curiosa. Le llamaron para jugar el primer partido oficial de las Baa Baas femenino contra Munster el mismo fin de semana que tenía un partido con la selección española contra Francia en Guadalajara “y, claro, mi compromiso siempre fue con ellas”, dice sin lamentarse de haber tenido que renunciar a aquella oportunidad porque “no sabes si te van a volver a llamar”. Tuvo su recompensa meses más tarde, en marzo de 2008, cuando la responsable de las Barbarians se puso de nuevo en contacto con ella. “La primera vez no te lo crees porque es un verdadero honor vestir esa camiseta y poder jugar y divertirme en el campo con las mejores jugadoras del mundo”, añade.

Para Rico todo lo que rodeó a aquel el partido fue “superemotivo”. Desde la llamada a sus padres para darles la noticia de su convocatoria hasta el día en que Ben Franks, un all black con 47 caps, le entregó en mano su camiseta con el número siete a la espalda que la guarda “como oro en paño” en casa que sus progenitores tiene en Talavera de la Reina. “Fue un honor verle aparecer por allí porque hablamos de un jugador de gran nivel que representa los valores del rugby tan arraigados en un país”, evoca. Todo se pudo ir al traste de repente porque Rico se ganaba la vida como profesora en un colegio. “Tuve que pedir una semana para ir a la concentración y, claro, resultaba difícil de explicar que era para un partido amistoso y que encima no era con la selección”. Y es que, además, acababa de regresar de Bélgica donde las leonas habían ganado el campeonato de Europa, “pero al final lo entendieron perfectamente y se mostraron superorgullosos de que pudiera jugar con ese equipo por los valores que representa”.

El Confidencial
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