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"No se vive del waterpolo": el campeón del mundo que nunca se imaginó triunfar
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Ganó el Mundial en Hungría

"No se vive del waterpolo": el campeón del mundo que nunca se imaginó triunfar

A sus 20 años, ya ha logrado éxitos en el waterpolo y es una de las figuras de la Selección. Sin embargo, no descuida los estudios y ahora quiere "cargar las pilas"

Foto: Unai Aguirre, durante el partido ante Italia del Mundial. (Reuters/Lisa Leutner)
Unai Aguirre, durante el partido ante Italia del Mundial. (Reuters/Lisa Leutner)

Unai Aguirre acaba de proclamarse en Budapest (Hungría) campeón del mundo de waterpolo, le han designado mejor portero de la competición y con 20 años recién cumplidos aparenta una madurez impropia de su edad. Parece un chaval humilde y educado cuando habla por teléfono. "Disculpa si he tardado mucho en devolverte la llamada, pero es que estaba entrenando". También da a entender que es un joven sencillo, de esos que tienen los pies en el suelo y a quien la fama no le hace perder la perspectiva. La conversación telefónica se produjo el 14 de julio, es decir, justo el día de su cumpleaños y 24 horas después de que tuviera que regresar al tajo tras haber disfrutado de unas mini vacaciones. De vuelta a lo cotidiano, confiesa que le espera un verano "un poco jodido". Tiene que entrenarse a conciencia de cara a la World League y a los europeos que se celebran en septiembre en Split (Croacia) y para ello "hay que cargar bien las pilas si queremos volver a estar otra vez allí arriba".

Su madurez no es postureo. Se pudo comprobar en la tanda de penaltis que dilucidó quién iba a ser este año el campeón del mundo. En la primer ronda España e Italia acertaron cuatro de sus cinco lanzamientos. Por tanto, había que repetir hasta que metiera uno y fallara el otro. El seleccionador, David Martín Lozano, sacó al que hasta entonces había sido su suplente, Eduardo Lorrio, para obrar el milagro. "Pero, ¿cómo me va a dar rabia que mi compañero parara aquel penalti?", se pregunta. Casualmente, ambos porteros atajaron el balón al mismo jugador italiano. Para los que no son asiduos a ver este deporte, lo de cambiar de portero es algo "muy normal" porque los lanzadores les estudian "y si te lo cambian te descoloca un poco". Eso sí, que nadie busque envidias entre ambos. "Se lo merecía porque es muy buen portero y los grandes equipos tienen que tener dos buenos porteros y yo, personalmente, me alegro mucho de que pudiera disfrutar de su momento de gloria y que nos diera la victoria".

El nombre y el apellido dejan entrever de forma clara una ascendencia vasca. Pues no es así. "Yo nací en Cataluña, mis padres también son de aquí y por lo que respecta a mis abuelos una parte es valenciana y la otra andaluza, así que no tengo nada que ver con el País Vasco". Y entonces, ¿lo del nombre?. "Les gustaba a mis padres, así que me quedé con Unai". Como la mayoría de los chicos de su edad tiene cuenta abierta en Twitter e Instagram, aunque no las utiliza mucho. Es más de leer "de en vez cuando" o de ver series como la aclamada 'The Boys', basada en un cómic del mismo nombre de Darick Robertson y Garth Ennis que narra la historia de un grupo de personas que trata de desenmascarar a unos superhéroes en un mundo donde representan el lado oscuro de la celebridad y la fama, "y que es bastante guapa".

placeholder Unai Aguirre, durante la final ante Italia. (REUTERS/Marton Monus)
Unai Aguirre, durante la final ante Italia. (REUTERS/Marton Monus)

Mismo interés por los estudios que por el waterpolo

Su idilio con la piscina comenzó a los tres o cuatro años. "No recuerdo exactamente cómo fue todo aquello". Más claro tiene cuándo fueron sus primeros pinitos en el mundo del waterpolo. "Fue con siete años, y eso que en mi casa nadie lo había practicado antes." Lo que ocurre es que en el colegio donde estudiaba, el Josep Tous de Barcelona situado muy cerca del Club Esportiu Medirrani. Allí le ofrecieron la oportunidad de probar un deporte que hasta entonces desconocía y aceptó. Fue una especie de flechazo. Le gusta tanto que nunca le da pereza ir a entrenar, así que "desde entonces siempre me tomé el waterpolo como un hobby o, mejor dicho. como un estilo de vida".

Durante dos años compatibilizó la piscina con los entrenamientos de fútbol "una vez por semana" hasta que se decantó por el waterpolo. Tampoco fue casual que le pusieran de portero. En el fútbol, al igual que antes su padre, no lo hacía nada mal bajo los tres palos. Por eso no puso ningún reparo a ocupar un puesto tan poco gratificante y tan sacrificado al mismo tiempo. Vamos, que casi se presentó voluntario. Con esa vorágine de entrenamientos también le daba tiempo a estudiar. Y es que Unai Aguirre tiene "clarísimo" que el año que viene se va a presentar a la EBAU para estudiar luego una carrera que esté relacionada con el mundo del deporte.

Su figura como waterpolista ha ido emergiendo poco a poco, lo mismo que su altura. Mide 1,92 centímetros y con sus largos brazos hace que los rivales vean la portería más pequeña cuando arman sus brazos para lanzar el balón. En el deporte no hay un momento exacto para adivinar si alguien puede llegar a lo más alto. En cambio, sí hay detalles que dejan entrever quién posee capacidades que le pueden ayudar a ser una figura. "Me di cuenta de que podía ser bueno porque me metían menos goles que al resto", afirma entre risas. Sin embargo, el secreto era otro: "Ganábamos porque le ponía toda la pasión del mundo y como vi que aquello iba a más, lo de ganar se convirtió en una obsesión y en una pasión". Esa reflexión le lleva también a ser consciente de que se puede ganar dinero en el waterpolo "depende de quién seas". Señala, incluso, que se puede llegar a conseguir un buen colchón "si gestionas bien todo lo que ingresas". Eso, claro, sin dejar jamás de lado la idea de estudiar una carrera o montar un negocio. "No se vive del waterpolo, pero sí ayuda".

placeholder Unai Aguirre, dispuesto a detener un lanzamiento. (EFE/Tamas Vasvari)
Unai Aguirre, dispuesto a detener un lanzamiento. (EFE/Tamas Vasvari)

Iñaki Aguilar como referente

En sus comienzos tenía como referentes a otros porteros como Iñaki Aguilar, que llegó a ser más de 200 veces internacional, o a David López Pinedo, apodado 'El muro', a quien sustituyó en la titularidad de la selección tras su retirada en los pasados Juegos Olímpicos de Tokio. Sabe que para estar en la élite hay que sacrificarse como antes lo hicieron ellos, de ahí que procure no saltarse ningún entrenamiento. Y eso que a cualquier profano se cansaría solo de pensar las horas que meten al día los jugadores en el agua. En realidad, la carga de trabajo varía si es pretemporada (cinco horas) o si hay un campeonato en ciernes (entre tres y tres horas y media). A eso hay que sumar el tiempo que se machacan en el gimnasio "para hacer que estemos más explosivos y coger más fuerza en los brazos", aunque en su caso también debe potenciar sus piernas para adquirir la fuerza suficiente que le permita sacar su cuerpo por encima de la cintura con los brazos extendidos para tapar todos los huecos durante el mayor tiempo posible.

Con esta frenética actividad es fácil entender que cuando acaba la jornada le gusta ir a casa "para estar tranquilo con mi familia", pasear a 'Rolo', un gran danés al que tiene un enorme cariño, o desconectar "aunque nunca lo haces al 100 por 100". Su idea es que "siempre" hay que estar "un poco" conectado a todo lo que genera el mundo del waterpolo, porque "no es como la actividad de un funcionario que cuando acaba la jornada se despreocupa hasta el día siguiente". En su opinión, el waterpolo, lo mismo que ocurre con otros deportes, "es mucho más que eso".

Esa faceta de joven maduro no le convierte en alguien aburrido. "¡Para nada! A mí también me gusta irme de fiesta, salir con mis amigos cuando se puedo, jugar a la play o estudiar. Vamos, que me considero un chaval de lo más normal para mi edad". A Unai también le gusta leer, "pero más bien libros que hablen de nutrición o de preparación física más que novelas o literatura clásica". Su inquietud por la alimentación parece bastante lógica al ser uno de los tres pilares para luego tener un buen rendimiento deportivo junto a la preparación física y a las horas de sueño.

placeholder Aguirre, en pleno partido durante el Mundial. (Reuters/Gonzalo Fuentes)
Aguirre, en pleno partido durante el Mundial. (Reuters/Gonzalo Fuentes)

No le hace feos a la comida

Dice que no le hace ascos a ninguna comida, sobre todo los fines de semana que no hay partido. "Me inflo a pizza o a todo lo que pille por delante". De lunes a viernes la cosa cambia de forma radical. Ya no come todo lo que le apetece. Intenta cuidarse "mucho". Combina hidratos de carbono, proteínas y verduras para hacerse platos como atún con brócoli, pollo con pasta o con arroz "y cualquier otro que sea bueno para cuerpo". Él mismo suele hacerse la comida porque sabe que su alimentación debe ser “diferente” a la del resto de su familia, salvo cuando su madre hacer arroz o pasta "que es para todos".

Con solo 20 años ya ha saboreado los éxitos y las decepciones. Año y medio antes de llegar a la selección, los jugadores llevaban casi un lustro quedándose a las puertas de la gloria. El año pasado Grecia les apartó por un solo gol (12-11) de disputar la final de la Liga Mundial y las dos medallas de plata en los europeos de 2018 y 2020 disputados en Barcelona y Budapest, respectivamente, el mismo trofeo que el obtenido en el mundial de Geangju (2019) sabían a poco para una selección acostumbrada a ganar. Sin embargo, quedarse sin metal en las Olimpiadas el año pasado no fue para el portero catalán ninguna decepción. "Al final ves que España siempre está arriba peleando porque una vez quedas octavo, otras cuarto y otras ganas. Eso, lo que demuestra, es que somos una de las mejores selecciones", espeta. Las estadísticas avalan su teoría. No hay una selección claramente dominadora a nivel mundial. "Un año te puede ganar Serbia, otro España y otro Grecia, Hungría o Italia, y eso es bueno para el deporte".

placeholder Unai Aguirre no fue capaz de detener ese lanzamiento. (Reuters/Gonzalo Fuentes)
Unai Aguirre no fue capaz de detener ese lanzamiento. (Reuters/Gonzalo Fuentes)

Su compromiso de lealtad con la selección se ha mantenido inalterable desde que empezó muy joven en categorías inferiores. "He ido a todos los torneos que he podido", asegura. Con el combinado absoluto debutó con 18 años cuando le convocaron para disputar la Liga mundial. "Hay gente que llega antes y otros tardan más, pero al final la edad no importa tanto si eres lo suficientemente maduro, das el nivel y además hay un seleccionador que no discrimina por estos aspectos". Los veteranos le acogieron "bien" cuando se incorporó al grupo. "No creo que haya mal rollo en ningún vestuario, ni siquiera en los de los equipos de fútbol, porque muchas veces son cosas de la prensa que anda metiendo cizaña". Al contrario, la experiencia de Unai Aguirre le hace hablar de vestuarios "unidos" donde la gente se entrena "al máximo" y luego juega "el que esté a mejor nivel". Para forjar amistades en el grupo, su edad no ha sido un factor determinante. Sus mejores amigos como Alberto Munarriz, Marc Larumbre o Felipe Perrone le sacan en algunos casos más de ocho años y, pese a ello, “congenio muy bien con los tres”.

A sus rivales los analiza como si fuera un entrenador. "Todos tienen sus puntos fuertes y sus puntos débiles", admite. Los húngaros, "cuando están muy enchufados y empiezan a meter goles es algo horroroso". Los italianos "ya vio todo el mundo el otro día que pelean hasta el último minuto" y los croatas "tienen un boya increíble y juegan muy bien en estático porque, al igual que los serbios, han mamado el waterpolo desde muy pequeños". Sobre los griegos dice que son "muy pacientes" y que siempre juegan al mismo ritmo “ya vayan perdiendo de cinco goles que ganando de ocho”. Ese conocimiento del waterpolo a nivel internacional no le hace aun pensar en llegar a jugar algún día en el extranjero. “Es una cosa que habría que pensar si bien ahora mismo estoy muy a gusto en el Barceloneta, donde espero poder quedarme unos años más, y con la mente puesta en la World League y los europeos”.

Unai Aguirre acaba de proclamarse en Budapest (Hungría) campeón del mundo de waterpolo, le han designado mejor portero de la competición y con 20 años recién cumplidos aparenta una madurez impropia de su edad. Parece un chaval humilde y educado cuando habla por teléfono. "Disculpa si he tardado mucho en devolverte la llamada, pero es que estaba entrenando". También da a entender que es un joven sencillo, de esos que tienen los pies en el suelo y a quien la fama no le hace perder la perspectiva. La conversación telefónica se produjo el 14 de julio, es decir, justo el día de su cumpleaños y 24 horas después de que tuviera que regresar al tajo tras haber disfrutado de unas mini vacaciones. De vuelta a lo cotidiano, confiesa que le espera un verano "un poco jodido". Tiene que entrenarse a conciencia de cara a la World League y a los europeos que se celebran en septiembre en Split (Croacia) y para ello "hay que cargar bien las pilas si queremos volver a estar otra vez allí arriba".

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