La larga travesía de Marc Márquez se aproxima a su final
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GRAN PREMIO DE ALEMANIA

La larga travesía de Marc Márquez se aproxima a su final

581 días después de su último triunfo, el español logra la victoria en Sachsenring, el circuito donde ha ganado todas las carreras de MotoGP que ha disputado

placeholder Foto: El piloto español, en acción este fin de semana. (Reuters)
El piloto español, en acción este fin de semana. (Reuters)

Parecía que estuviera escrito que si Marc Márquez tenía que ganar, debía lograrlo en Sachsenring, el circuito del Gran Premio de Alemania. Por muchos motivos, pero solo el hecho de pensar que siempre que ha corrido allí en MotoGP ha salido ganador, era un motivo más para tener confianza, a pesar de que aún hoy Márquez sigue arrastrando un importante hándicap físico. Sus rivales ya lo señalaban así antes de que las motos echaran a rodar, pero no era una posición estratégica ni gratuita, era la constatación de la evidente evolución de Márquez.

placeholder Márquez lidera la carrera. (Reuters)
Márquez lidera la carrera. (Reuters)

Márquez se dejaba querer. ¿A quién no le gusta que le regalen los oídos? Y decía que no, con la boca pequeña, que él no estaba para ganar todavía. Pero en su fuero interno tenía la determinación de aprovechar la oportunidad si se le presentaba. El hecho de que no formara parte del grupo de pilotos que participa en la rueda de prensa de los jueves ya era un indicativo del grado de concentración con el que abordaba la carrera. Simplemente quería enfocar todas sus energías en la competición, con las mínimas distracciones posibles, aprovechando las buenas sensaciones que tenía.

Porque ya en el pasado Gran Premio de Cataluña su temprana caída –solo aguantó en pista cinco vueltas- ocultó su evidente progresión, y los entrenamientos realizados al día siguiente en el Circuit constataron su mejora en el plano físico, realizando 87 vueltas, más que cualquier otro piloto. Pero ya se sabe que una jornada de pruebas no tiene la intensidad de un Gran Premio.

En Sachsenring flotaba en el ambiente un aire de confianza. Márquez se sentía mejor. Más cómodo en el más asimétrico de todos los circuitos del Mundial, donde diez de las trece curvas de la pista se orientan a la izquierda, el mismo sentido de giro que el 'dirt track', la especialidad en la que tanto se ha entrenado Márquez, y a la que volvió por primera vez desde su lesión una semana antes de viajar a Alemania. Allí le esperaba otra grata sorpresa: Michelin pondría en pista el mismo compuesto de neumáticos empleado en 2019. Dado que el año pasado no hubo carrera en Sachsenring, Michelin carecía datos con los que trabajar de cara a esta temporada, así que optó por recuperar esos neumáticos, a los que la Honda parece más adaptada que los actuales, lo que también ha sido una valiosa ayuda en la victoria.

placeholder El piloto de Honda celebra la victoria. (Reuters)
El piloto de Honda celebra la victoria. (Reuters)

Pero por encima de todo, el éxito de Márquez ha residido una vez más en su inteligencia, en su capacidad para leer la carrera, para analizar las variables de cada situación. Tuvo la determinación de arrancar bien y ponerse en cabeza, marcando un ritmo no demasiado rápido que conjuraba los posibles intentos de escapada que pudieran sucederse. Era la única forma de tener una oportunidad, estar delante y llevando el peso de la carrera. Y cuando en la octava vuelta cayeron unas pocas gotas, pero suficientes para sentir su repicoteo sobre la pantalla del casco, apretó los dientes y se dijo: “Esta es la mía”. Ya sucedió en Le Mans.

Determinación

La lluvia pone en alerta a todos, pero con Márquez separa el grano de la paja. Y en ese par de vueltas de incertidumbre y duda, Márquez les endosó 1'7 segundos con su pilotaje preciso y decidido. Cuando quisieron reaccionar su ventaja rayaba los dos segundos, y el único que fue capaz de plantarle cara fue Miguel Oliveira, el portugués de KTM que sigue en estado de gracia. Fue una carrera de tensión y de concentración. Con su inteligencia habitual le dio carrete a Oliveira, más rápido que Márquez en la segunda mitad del circuito. Lo que perdía allí lo recuperaba en el tramo inicial, más revirado.

Y así fue jugando al ratón y al gato con el portugués, que llegó a estar a menos de un segundo del piloto de Honda. A cuatro vueltas del final, Márquez se vació, atacó de nuevo y ya nadie pudo pararle, logrando una de las victorias más importantes de su vida, la 57ª en MotoGP, la 83ª de su carrera deportiva.

placeholder Marc Marquez, Miguel Oliveira y Fabio Quartararo en el podio. (Reuters)
Marc Marquez, Miguel Oliveira y Fabio Quartararo en el podio. (Reuters)

Es un triunfo más valioso que la mayoría de los demás porque es el comienzo del final de su larga travesía, esa que le ha llevado a atravesar los parajes más sombríos de su joven vida. Unos lugares repletos de dolor, de desesperanza, de incertidumbres y dudas. De ahí que esta victoria signifique mucho más, emocione y haga brotar las lágrimas, pensando en todo lo que ha recorrido y lo poco que le queda por recorrer, convencido de que pronto, muy pronto, volverá a ser el mismo piloto que a todos nos maravilló.

Y ahora, a soñar. Él, de momento, no cree que pueda ser una amenaza a los aspirantes al título. Se encuentra a 90 puntos de Fabio Quartararo, que cada día se muestra más sólido y ahora disfruta de un holgado liderato de 22 puntos sobre Johan Zarco. Tienen por delante 275 puntos en juego. Si Márquez logra mantener el tono mostrado en Sachsenring y se mantiene en las posiciones de podio, podría desequilibrar la balanza de MotoGP, donde Quartararo se consolida y las Ducati muestran su irregularidad y sus flaquezas, lo mismo que Suzuki, mientras que KTM progresa. ¿Y Honda? Su destino está en las manos de Márquez.

Fórmula 1 - GP de Alemania Marc Márquez MotoGP