El enigma Maverick Viñales, el 'curroromero' de Moto GP ¿Dr Jekyll o Mr. Hyde?
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LA IRREGULARIDAD DE UN GRAN TALENTO

El enigma Maverick Viñales, el 'curroromero' de Moto GP ¿Dr Jekyll o Mr. Hyde?

El prometedor talento de Viñales no parece ser canalizado adecuadamente para el potencial que atesora, pero esta temporada será crucial para demostrar que puede explotarlo al máximo

placeholder Foto: Viñales ha dado una de cal y otra de arena en el comienzo de la presente temporada
Viñales ha dado una de cal y otra de arena en el comienzo de la presente temporada

En la primera y segunda carrera del mundial celebradas en Qatar hemos visto las dos caras de Maverick Viñales, el ‘curroromero’ del motociclismo actual. Si existe un piloto difícil de descifrar en la parrilla de MotoGP, ese es Maverick Viñales. Imbatible el día que su universo está alineado y anodino cuando las cosas se tuercen. Esas dos versiones hemos podido contemplarlas en apenas una semana y en el mismo circuito de Doha. Si en la primera carrera el gerundense estuvo imperial, en la segunda se le vió errático y fuera de sitio.

Obviamente, sería muy imprudente sacar conclusiones rotundas cuando se hace un análisis de apenas dos carreras y nada mas comenzar un mundial, pero sirva quizá la metáfora para ilustrar una constante que ha acompañado a lo largo de su carrera a Viñales: su desconcertante irregularidad.

El ‘Guadiana’ del motociclismo.

Hace exactamente cuatro años por estas fechas y precisamente en Qatar Viñales tenía un debut estelar en el equipo Yamaha, logrando una trabajada victoria. Cómo logró aquel triunfo parecía indicar que, además de mucho talento, el piloto de Rosas, ya contaba con la madurez necesaria para poner las cosas muy difíciles al intratable Marc Marquez. En definitiva, todo indicaba que el campeón de Cervera había encontrado a su nuevo némesis. Sin embargo, aquella ilusión se desvaneció enseguida. Bastó una carrera para que Maverick desapareciera incomprensiblemente de la cabeza de carrera y comenzara una montaña rusa de malos resultados, caídas, reproches con el equipo, quejas con los neumáticos, etc.

Esta conflictividad no era nueva en Viñales, pues ya dio cuenta de su imprevisibilidad cuando dejó compuesto y sin piloto a su equipo allá por 2012, como consecuencia de unas discrepancias con los gestores de su escudería. Una cosa es tener discusiones, lo más normal en entornos tan competitivos como el mundial de motociclismo, y otra bien distinta rescindir unilateralmente un contrato y no presentarse en el circuito. No fue un buen antecedente y sí una señal de futuro. Pasó el tiempo y al año siguiente un Maverick más centrado conseguía su primer y hasta ahora único título mundial en la categoría de Moto 3. Al año siguiente dio el salto a Moto2 con el equipo de Sito Pons y sus buenos resultados captaron inmediatamente la atención de Davide Brivio, que como nuevo jefe de Suzuki, buscaba un joven talentoso para construir el equipo de la marca japones después de un tiempo fuera de la competición. Brivio, que siempre ha tenido merecida fama de manejar bien la compleja mente de los pilotos, fue poco a poco puliendo el talento del catalán en la categoría reina y en 2017 llegó la primera victoria.

A la estela de 'Vale'

Aquel triunfo impresionante en Silverstone, provocó que Yamaha pusiera toda la carne en el asador para ficharle pero, una vez logrado, comenzó el desvanecimiento de su estrella. Así, cada carrera que llegaba una nueva decepción más notoria se hacía la ausencia de un consejero sólido como Davide Brivio o un Sito Pons a su lado. Alguien sólido que metiera calma al mar de dudas que parecía asaltar permanentemente al catalán.

Es evidente que nunca debe ser fácil convivir en un equipo compartiendo Box con Valentino Rossi. Sin embargo, mientras Jorge Lorenzo sí demostró ser capaz de poner en Yamaha el cascabel al gato de VR46, Maverick sucumbía una y otra vez a la guerra psicológica del pluricampeón italiano. El ‘abrazo del oso’ de Rossi sobre Viñales funcionaba. Daba la impresión que ‘Vale’ era igual de fuerte como en sus mejores días, un pilotazo como ‘Mack’ a menudo quedaba detrás de él, pero la realidad era bien distinta. Valentino ya había comenzado su lento declive y aunque poderoso todavía, la realidad es que el español estaba casi siempre lejos de su mejor versión.De cuando en cuando, llegaba esa victoria dominante que nos hacía recordar el extraordinario piloto que nunca ha dejado de ser Viñales, pero parecía, que una vez hecha la demostración, había permiso de nuevo para regresar a una incomprensible mediocridad.

A la caza del ‘culpable'

Comenzó entonces la búsqueda del culpable de que el enorme potencial del gerundense no se materializara. Hace dos temporadas, el primero en caer fue su ingeniero de pista Ramón Forcada, un técnico de más que probada solvencia que fue sustituido por Esteban García. Sin embargo, la tendencia irregular continuaba y bastó que apareciera una nueva estrella en el universo Yamaha de nombre Fabio Quartararo para que Maverick, ahora sí, tuviera el revulsivo para dar de nuevo su mejor versión. Las ‘pole position’, victorias y vueltas rápidas del prodigio francés demostraron que no había ningún problema en la Yamaha, más aun tratandose como era su caso de una semioficial. Ni chasis, ni motor, ni neumáticos: el problema estaba en la cabeza de Maverick. Especialmente dolorosa fue la situación, ya que la lesión de Marc Márquez a comienzos de la temporada pasada abría una ocasión única para que Maverick emergiera por fin como la real alternativa ‘anti-marquez’ que todo el mundo esperaba. La realidad, es que no sólo ocurrió eso, sino que le arrebató el puesto otro talentoso español de nombre Joan Mir, a bordo de una Suzuki, ¡la moto que él mismo, había abandonado tres temporadas antes!.

El propio Maverick admitía el año pasado que no había sido capaz de plasmar todo el potencial que atesoraba. Pero lejos de asumir las culpas como propias decidió cambiar todo su entorno, prescindiendo de Alex Salas, su asistente personal, así como de su manager y abogado Paco Sanchez. De nuevo, parecía indicar, que ‘la culpa’ era de otros y no de él. Y quizá sea cierto, que su entorno no fuera todo lo profesional o competente como cabría esperar, pero la trayectoria del piloto catalán no indicaba que fuera el caso, sino más bien su recurrente falta de autocrítica.

"Este chico es especial"

A finales de la temporada pasada, Lin Jarvis, el team manager de Yamaha, tomó una decisión dolorosa y valiente: relegar a Valentino Rossi a una escuadra semioficial y promover al equipo oficial al brillante Quartararo. Después del rendimiento de ambos en 2020, era una decisión no exenta de lógica, pero decía mucho de la fe del manager inglés en las capacidades de Viñales, que renovara por dos temporadas al español y promoverle a líder del equipo. Mientras, Maverick se casó con Raquel, una chica de su misma ciudad con la que precisamente anunció de forma reciente su próxima paternidad. Asimismo, contrató los servicios de Julián Simón para que ejerciera de persona técnica de confianza. El expiloto manchego es un gran ‘confesor técnico’, justamente lo que ha faltado tanto a un piloto siempre empeñado en ir ‘por libre’.

Acertado o equivocado en todos estos cambios, la victoria de Maverick en la carrera inaugural de 2021 nos daba indicaciones de que estábamos ante un piloto renacido, más centrado y confiado en sus posibilidades. Sin embargo, ayer fue su compañero Quartararo el que se llevaba la victoria, mientras que el gerundense entre dudas y errores, acabó con un quinto puesto que no dejó buen sabor de boca. ¿Estamos ante un simple contratiempo, o hemos regresado al ‘Jekill y Hyde’ de las dos versiones de Maverick? Personalmente, seguiré apostando mi dinero por él, porque, como me dijo una vez Kenny Roberts, ‘Este chico es especial’.

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