así se vivió en maracaná la apertura de los juegos

España no tiene Gobierno, pero sí a Nadal para llevar alta su bandera en Río

Los Juegos de la XXXI Olimpiada empezaron con un espectáculo de luces, concienciación y orgullo brasileño en el que brillaron con fuerza las figuras de Gisele Bündchen y de Nadal

Guga Kuerten entró en Maracaná con la llama olímpica para empezar a poner fin a la apertura de los Juegos de la XXXI Olimpiada. Prácticamente cuatro horas de ceremonia en las que pasó de todo y en la que quedó claro el mensaje que quiso transmitir Brasil: igualdad y paz para un mundo nuevo y verde. Los anillos desplegados en el centro de Maracaná fueron formados por hojas verdes. Incluso se inventaron un pebetero híbrido más pequeño de lo acostumbrado. Miles de deportistas desfilaron por el templo futbolístico hasta que el último relevo, Vanderlei Cordeiro de Lima, encendió el pebetero e inauguró oficialmente los primeros Juegos que se celebran en Sudamérica.

Lima es una elección muy simbólica. Brasil tiene grandes campeones, sin ir más lejos los que portaron la bandera olímpica o la antorcha justo antes, y él no es uno de ellos, aunque su palmarés tiene algunos trofeos. El más recordado es el bronce en el maratón de Atenas 2004, una de las medallas más recordadas de las últimas décadas. El atleta brasileño lideraba la prueba cuando un sacerdote irlandés se le echó encima en el kilómetro 36 y acabó con su sueño. Tardó en reaccionar la seguridad y su oro se desvaneció. Quedó tercero, pero entró en la leyenda.

Vanderlei Cordeiro de Lima enciende el pebetero olímpico. (Lukas Schulze/EFE)
Vanderlei Cordeiro de Lima enciende el pebetero olímpico. (Lukas Schulze/EFE)

La ceremonia que no le gusta a Trump

Lima cerró la ceremonia, que comenzó con un espectáculo espectacular, inolvidable. "Trump la aborrecerá", avisó en Twitter antes del comienzo el cineasta Fernando Meirelles, uno de los creadores. En Maracaná, Brasil se desnudó: de su inabarcable patrimonio natural al cemento de sus grandes ciudades; de la inmigración que ha formando una de las poblaciones más diversas del mundo a la reivindicación de su historia; de la 'bossa nova' al rap; de Giselle Bündchen y su interminable desfile a la música de las favelas; de los negros a las mujeres transgénero. "¡Estamos aquí para celebrar nuestras diferencias!", gritó la actriz Regina Casé antes de que el cantante Jorge Ben Jor pusiera a bailar a todo el estadio.

No solo hubo orgullo, también una llamada a la acción contra el calentamiento global. En ella participaron los deportistas. Cada uno ellos entró al estadio con una semilla que será plantada en el Parque de los Atletas de Deodoro, al norte de la ciudad. "El mejor lugar del mundo es aquí y ahora", dijo Carlos Nuzman, presidente del Comité Organizador de los Juegos. "Hemos trabajado durante siete años y cada brasileño ha contribuido un poquito", añadió el carioca.

El largo desfile de Gisele Bundchen. (Mike Blake/Reuters)
El largo desfile de Gisele Bundchen. (Mike Blake/Reuters)

Por su parte, el presidente del COI, Thomas Bach, quiso reconocer el esfuerzo brasileño. "Os admiramos por este enorme trabajo en un momento complicado en la historia de Brasil. Nosotros siempre creímos en vosotros", añadió el máximo mandatario del deporte, en una clara indirecta a todo el ruido y las dudas de los últimos meses.

No lo parece, pero es Maracaná (Fabrizio Bensch/Reuters).
No lo parece, pero es Maracaná (Fabrizio Bensch/Reuters).

La sonrisa de Rafa

Y España... España no tiene Gobierno, pero al menos Rafa Nadal sujeta su bandera. El tenista pudo, esta vez sí, ser el abanderado en la ceremonia de apertura de unos Juegos Olímpicos. Hace cuatro años también había sido el elegido para hacerlo en Londres, pero una lesión le apartó de la cita. En Río de Janeiro estuvo a punto de suceder lo mismo, pero pudo encabezar al equipo español, uno de los más numerosos.

La representación institucional española en la inauguración de los primeros Juegos sudamericanos de la historia fue tan escasa que casi puede decirse que en Maracaná fue Nadal el líder de España. El secretario de Estado para el Deporte, Miguel Cardenal, fue el cargo más importante presente. La situación política del país llevó a la Casa Real a descartar el viaje de los Reyes a Río. Tampoco estuvieron el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, ni el ministro de Educación, Cultura y Deporte, Iñigo Méndez de Vigo.

Selfies, abanicos y muchas sonrisas en la delegación española. (Kai Pfaffenbach/Reuters)
Selfies, abanicos y muchas sonrisas en la delegación española. (Kai Pfaffenbach/Reuters)

De los miles de deportistas (y exdeportistas: ahí estaban Sabonis, el padre, y Bubka, por ejemplo) que componían las 207 delegaciones que desfilaron en Maracaná, los españoles fueron de los que más se divirtieron. Al menos eso es lo que pareció. Nadal mantuvo la compostura, con su sonrisa de anuncio, pero detrás había una juerga. Se amontonaron para que les cogiera la cámara, saltaron, bailaron... Nada que ver con otros países, mucho menos desenfadados. Faltaron algunos, como los ciclistas, las jugadoras de rugby o los gimnastas, que compiten este sábado por la mañana, pero los que fueron se tomaron el desfile como lo que es, una fiesta.

El emblemático estadio convertido en sambódromo. (Sergei Ilnitsky/EFE)
El emblemático estadio convertido en sambódromo. (Sergei Ilnitsky/EFE)

La ceremonia, como es común, fue demasiado larga y tediosa, sobre todo la segunda parte, con los discursos largos habituales, el himno olímpico, el izado de la bandera, un desfile... Remontó justo antes de la entrada de la antorcha, con un homenaje a la samba con Caetano Veloso, Anitta y Gilberto Gil y con un carnaval que se hizo esperar, pero que convirtió Maracaná en un sambódromo. Todo un espectáculo de luz y color antes de que llegue lo que todo el mundo espera: el deporte. Solo faltan unas horas para que empiece.

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