la crisis política y económica marca los JJOO

¿Está preparado Brasil para un ataque terrorista en los Juegos Olímpicos?

Los atentados de Bruselas recuerdan la importancia de la seguridad en las grandes citas. Brasil, en una profunda crisis política y económica, genera grandes dudas en ese campo.

Foto: Manifestaciones en la playa de Copacabana (Reuters).
Manifestaciones en la playa de Copacabana (Reuters).

“Mira lo que acaba de pasar en Bruselas. Si un país como Bélgica no consigue evitar un ataque terrorista, imagínate nosotros”. Paulo es un fotógrafo carioca que vivió tres años en Francia. El pasado 13 noviembre, el día en que un atentado múltiple causó la muerte de 130 personas, estaba en París. “Brasil no está preparado para prevenir un ataque durante los Juegos Olímpicos”, sentencia.

Manifestación contra Dilma en Río de Janeiro (EFE).
Manifestación contra Dilma en Río de Janeiro (EFE).

Faltan 133 días para el inicio de los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro, los primeros que se disputarán en Suramérica, y Brasil se encuentra sumido en un caos político. El ‘impeachment’ contra la presidenta Dilma Rousseff parece cada vez más probable, mientras la economía pasa por la peor crisis de los últimos 15 años, y los casos de zika y dengue se multiplican por momentos.

En la actualidad, la principal preocupación de Dilma Rousseff es mantenerse en el poder y garantizar la inmunidad del expresidente Luiz Inácio 'Lula' da Silva. Con un otoño caliente por delante y múltiples manifestaciones antigubernamentales en las calles, la seguridad de atletas, visitantes y turistas durante los juegos parece un problema secundario y lejano.

El pasado mes de febrero, la Cámara de Diputados aprobó el primer proyecto de ley que tipifica el terrorismo como crimen, en un país que hasta la fecha nunca ha sufrido atentados de este tipo. El texto define como acto de terrorismo “la práctica, por uno o más individuos, de actos por razones de xenofobia, discriminación por raza, etnia o religión, con la finalidad de provocar terror social o generalizado” y que puedan poner en peligro “personas, patrimonio o la paz pública”, además del uso o transporte de explosivos o gases tóxicos, así como las acciones de terrorismo cibernético.

Para algunos observadores es una ley que pretende castigar a grupos como los ‘black blocks’, principalmente orientada a evitar protestas como las que se produjeron contra el Mundial de Fútbol en 2014, más que una herramienta eficaz para prevenir hipotéticos ataques de grupos islamistas como el que se acaba de producir en Bruselas.

Los Juegos Olímpicos de Múnich

Algunos expertos recuerdan que, en 1972, Alemania no era un blanco terrorista y, sin embargo, durante los Juegos de Múnich, miembros de la delegación de Israel fueron secuestrados por un grupo palestino. La acción provocó la muerte de 11 atletas y técnicos. “La cuestión del terrorismo es preocupante porque no tenemos en nuestra cultura herramientas para lidiar con eso. Nuestra inteligencia, fuerzas policiales y autoridades de seguridad pública no están acostumbradas a este problema; y las organizaciones extremistas podrían intentar promover acciones, y más en un país vulnerable como el nuestro”, ha afirmado recientemente Paulo Storani, excapitán del Bope, el batallón de asalto de la Policía Militar.

La seguridad de las 33 instalaciones olímpicas distribuidas en cuatro grandes regiones (Barra, Deodoro, Copacabana y Maracaná) estará a cargo del Gobierno federal. Las autoridades brasileñas tienen previsto un despliegue de 85.000 hombres, más del doble de los efectivos empleados en Londres en 2012. Entrenamientos específicos y la adquisición de carros blindados y helicópteros, así como la cooperación con las fuerzas policiales de otros países, forman parte del “mayor esquema de seguridad de la historia de Brasil”. Además, 38.000 soldados actuarán en las aéreas en las que habrá competiciones olímpicas. Actualmente, están siendo entrenados para enfrentarse a eventuales ataques con armas químicas, biológicas, nucleares o radioactivas.

Con el fin de evitar acontecimientos dramáticos como los de Atlanta, en EE UU, cuando una bomba en el Centennial Olympic Park mató a dos personas y causó 111 heridos durante los Juegos Olímpicos de verano de 1996, Brasilia también ha adoptado un plan táctico de seguridad pública y defensa civil para los JJ OO. “En nuestra planificación estratégica, analizamos los principales riesgos para los juegos y tenemos 12 acciones previstas para cada área. Estudiamos el terrorismo, la criminalidad urbana, la violencia en las manifestaciones: en resumen, una secuencia de acciones para las que vamos a definir un plan táctico”, señala el coordinador nacional de Seguridad de los Juegos, Andrei Rodrigues.

Militares del ejército brasileño participan en una capacitación contra atentados biológicos (EFE).
Militares del ejército brasileño participan en una capacitación contra atentados biológicos (EFE).

Por lo pronto, la cidade maravilhosa parece incapaz de luchar contra el lastre histórico de la delincuencia. Los datos oficiales muestran que la violencia sigue creciendo de forma alarmante. Los homicidios dolosos subieron un 23,3% en febrero con respecto al mismo mes de 2015. También ha aumentado un 27,9% el número de robos callejeros, según el Instituto de Seguridad Pública (ISP). Concretamente, el robo de teléfonos móviles ha subido un 55% en tan solo un año.

Ataques a turistas

Los turistas no son inmunes a esta ola de violencia que sacude la ciudad en el medio de la peor crisis financiera del Estado de Río de Janeiro, donde los profesores universitarios y los funcionarios públicos tardan más de 15 días en recibir su salario por falta de liquidez. En febrero, una turista argentina murió apuñalada en la playa más famosa de Río, a pocos metros del mítico hotel Copacabana Palace. Laura Pamela Viana, de 25 años, estaba con un grupo de amigas cuando fue abordada por un grupo de chicos, que primero intentaron asaltarla y acabaron clavándole un cuchillo en el pecho.

No ha sido el único caso. En el mismo mes, otro turista checo resultó herido tras ser apuñalado en el pecho y en el brazo durante un atraco, de nuevo en Copacabana. Aunque el autor del robo ha sido arrestado, la polémica sobre los bajos niveles de seguridad en la ciudad olímpica ha estallado con fuerza.

La escasez de dinero en las arcas públicas del Estado de Río de Janeiro no ayuda a mejorar la situación. El secretario de Seguridad, Mariano Beltrame, había anunciado hace un mes que dos batallones especiales de la policía pasarían a patrullar las calles, junto a la Policía de Grandes Eventos. Sin embargo, esta semana ha revelado que no hay fondos para articular un dispositivo de emergencia. “Recibo dos o tres millones de reales (500.000 o 750.000 euros) para planificar dos o tres meses. Para mí, lo más importante y más crítico es la imposibilidad de planificar”, ha afirmado Beltrame.

En juego está el futuro de las Unidades de la Policía Pacificadora (UPP), que desde finales de 2008 intentan mantener el alto el fuego en las favelas cariocas ubicadas en los barrios turísticos y olímpicos. En el último año y medio, los tiroteos y las balas perdidas han vuelto a acaparar las portadas de los periódicos. En algunas favelas, como Jacarezinho, ha sido necesaria la intervención de los cuerpos de élite de la policía (BOPE) para restablecer el orden ante una situación conflictiva de guerra urbana no declarada.

“La mal llamada pacificación es un paripé de cara a la galería, sobre todo para impresionar a los gringos. En mi favela se producen tiroteos casi todos los días, a pesar de que hay varias UPP instaladas. Lo mismo pasa en otras favelas ‘pacificadas’, como Cantagalo e incluso Santa Marta, que es un centro de turismo oficial incrustado en un barrio de clase alta. La semana pasada, la policía mató a tiros a un joven narcotraficante. Desde luego, no se vive una situación pacífica en las favelas cariocas”, asegura Diogo, residente en el Complexo do Alemao.

La inseguridad ciudadana y la aparente incapacidad de prevenir un ataque terrorista son los dos puntos débiles del dispositivo de seguridad de Río 2016. Los recientes atentados de Bruselas han reforzado la sensación de que algo más debería hacerse para enfrentar una posible amenaza terrorista en un país que, hasta hoy, nunca ha sido blanco de este tipo de atentados.

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