Shane Lowry, el triunfo de la naturalidad
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Primer gran triunfo del jugador irlandés

Shane Lowry, el triunfo de la naturalidad

No era seguramente el gran favorito para ganar el Bridgestone, pero igualmente quedó avisado que tampoco se trataba de un 'outsider' cualquiera. Él ya venía llamando a la puerta...

Foto: Shane Lowry se llevó el Bridgestone (Reuters)
Shane Lowry se llevó el Bridgestone (Reuters)

Shane Lowry (-11) no era seguramente el gran favorito para ganar el Bridgestone, pero igualmente quedó avisado que tampoco se trataba de un 'outsider' cualquiera. Él ya venía llamando a la puerta. De hecho, venía haciéndolo desde que ganara como amateur el Abierto de su país en 2009. Desde entonces y hasta hoy su evolución ha sido casi constante y al alza, año tras año.

Y eso que Lowry es el triunfo de la naturalidad y no tanto del laboratorio. El suyo es un golf menos 'elaborado', jugado casi desde el primer instinto que se tiene cuando uno se acerca a la bola. Golf en vena. Pero la naturalidad y la frescura, por supuesto, no están reñidas con la evolución. El instinto, sobre todo el más agresivo, también hay que domarlo, pulirlo, afinarlo. Y el irlandés de 28 años se ha ido haciendo más y más consistente, año tras año, lo que llevó primero a armar un potente año 2014, plenamente confirmado y revalorizado en la temporada actual.

Después, tienen que ocurrir también algunas otras cosas para conseguir el triunfo en un World Golf Championship. Por ejemplo, que Justin Rose encadene tres putts fallados en torno al metro de distancia. O que Furyk vuelva a sentir el vértigo dominical. Tiene que ocurrir, sobre todo, que uno sea capaz de sumar solo 24 putts en la ronda decisiva, para qué nos vamos a engañar. Mucho más si se consigue embocar un putt de cinco metros para salvar el par en el hoyo 14, justo cuando el torneo acaba de llegar a la encrucijada decisiva.

Un golpazo a lo Seve

También ayuda que en el momento de iniciar los últimos nueve hoyos del torneo, y después de pegar una escapada importante por la izquierda, uno pueda dropar sin penalidad porque se encuentra el tee del hoyo 11 en su camino. "Fue una situación afortunada, porque pude dropar en un lugar desde donde podía poner la bola muy alta rápidamente y salvar el árbol que tenía delante", comentaría el jugador después. La suerte influye, claro, está más que dicho, pero luego hay que saber aprovecharla y Lowry lo hizo desde el rough, pegando un golpazo a lo Seve que le dejaría el birdie dado. De un posible bogey o doble bogey que hubiera frenado todo el impulso, a un birdie que valía su peso en oro y que terminaba de apuntalar su candidatura al triunfo. Después, en el 18, de nuevo pegando la salida muy a la izquierda de la calle, más allá de los árboles, volvió a encontrar el modo de superar todos los obstáculos con un tiro de fantasía para llevar su bola hasta el green. Así, con gran naturalidad...

En cuanto a los españoles, Sergio García y Pablo Larrazábal no tuvieron un buen domingo. Demasiada irregularidad en un recorrido muy complicado como el Firestone. Sergio acabó 37º y Larrazábal 50º.

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