Caneda habla claro: "Varios presidentes me propusieron amañar partidos"
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Expresidente de la SD Compostela

Caneda habla claro: "Varios presidentes me propusieron amañar partidos"

A pesar de ser uno de los presidentes más carismáticos del fútbol español, se le recuerda por su pelea con Jesús Gil en la sede de la LFP

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José María Caneda, en una imagen de archivo (Efe)

A pesar de no ser forofo del fútbol, José María Caneda (Santiago de Compostela, 1947) acabó presidiendo la SD Compostela. Aunque fue uno de los presidentes más carismáticos del fútbol español, se le recuera por su pelea en la sede de la LFP con Jesús Gil. En lo único que cambió durante su etapa al frente del club es que perdió dinero y se enfrentó a los políticos. Ahora juega a las cartas con su mujer. Y sigue hablando igual de claro.

Pregunta: ¿A qué se dedica ahora José María Caneda? ¿Sólo a jugar a las cartas con su mujer?

Respuesta: Yo estoy retirado porque tengo 74 años. Ahora la empresa la llevan mis hermanos y mis sobrinos. Me dedico a atender la casa, cuidar de mis nietos y hacer algún trabajo de inmobiliario.

P: Usted hizo dinero especulando en el mercado inmobiliario. ¿Lo sigue haciendo?

R: Genéricamente no porque estoy retirado. En su momento fue un negocio que hacía todo el mundo. Comprabas y vendías terrenos o lo que fuera.

P: Usted reconoció que no era un forofo del fútbol. ¿Cómo acabó entonces como presidente del Compostela?

R: Fui atleta nacional hasta que murió mi padre. A partir de ahí, tuve que ocuparme de la familia. Fui presidente de un equipo de fútbol modesto durante siete años y entrenador de otros clubes humildes. Los empresarios de Santiago acordaron hablar conmigo porque pensaban que era la única persona capaz de salvar el club. Ellos decían que yo entendía de fútbol, aunque realmente sabe todo el mundo. Me dejé liar y acabé en el club. No estoy nada orgulloso de haber entrado en el equipo.

P: ¿Por qué?

R: Porque fueron muchas traiciones. El Ayuntamiento de Santiago firmó contratos que no pagó; compró 2.000 carnés por temporada durante cuatro años y nunca abonó ese importe; subvenciones que no pagó. La Televisión de Galicia (TVG) también dejó contratos sin pagar. Había un caciquismo tan grande en Santiago que se permitían el lujo de arreglar esos asuntos con los jueces. Si el 90% de los jueces son honrados, hay un 10% que no lo es. Y te complican la vida. En ese aspecto, me vendieron todos. Hubo directivos a los que presté acciones que luego votaron en mi contra por presiones del alcalde. Tenían negocios ocultos con el ayuntamiento.

P: La deuda tuvo que ser alta…

R: El club tenía en aquel momento un superávit de 1.300 millones de pesetas (7’8 millones de euros). TVG y el Ayuntamiento tenían que pagarme lo que debían porque teníamos que pagar los gastos. Yo no era multimillonario. En algunos bancos, yo tenía avalado los créditos del club mientras no me pagaran el ayuntamiento o TVG. Ambas no pagaron y yo perdí todo ese dinero.

P: ¿Nunca recuperó ese dinero?

R: No. El Ayuntamiento y los empresarios que cogieron el club me dijeron que iban a poner dinero. Sin embargo, lo que hicieron fue deshacerlo. En el Compostela pusieron a gente cercana al alcalde y al consejero Pérez Varela. Lo que pretendían era que, a través del club, deshacerlo y no pagar nada. Yo lo dejé cuando me lo pidieron porque pensé que harían una buena gestión. Pero no fue así. Si lo hubiera sabido, nunca me hubiera marchado.

P: ¿No estaba cansado después de tantos años?

R: Yo tenía una oferta, que puedo demostrar por escrito, de unos empresarios allegados al Benfica. Un día fuimos a la sede de la RFEF a poner dinero en un talón, avalado por el banco, para pagar a los jugadores y a llegar un acuerdo para compensar el capital social del Compostela. Y al club todavía le quedaba dinero, así que de quiebra nada.

P: ¿Por qué los empresarios pensaron en usted en 1988 como la única opción para salvar al club?

R: Haciendo gestiones de fútbol soy un privilegiado porque creo que sé ver el fútbol. Sin embargo, no soy ninguna lumbrera. Esa gente confió en mí porque hice siempre buena gestión en los equipos de fútbol base; sabían cómo trabajaba. Si no me quieren acompañar, déjenme trabajar porque ese equipo tenía que ser profesional en tres o cuatro años. Si no, no me interesaba estar al frente del club.

P: En 1971 usted montó un taller de bobinados y le fue bastante bien. ¿Los buenos empresarios son válidos para presidir equipos?

R: Normalmente, la gestión en el fútbol está relacionada con ser buen empresario. Si hay un empresario que se mete en el fútbol, sin tener ni idea de lo que es, se puede arruinar perfectamente. Lo mejor que puede hacer un presidente, como hice yo, es prescindir de los intermediarios. Son la gran laca del fútbol.

P: ¿Tuvo problemas con los intermediarios?

R: Nunca me hicieron falta porque siempre fui yo directamente a fichar a los jugadores que me interesaban. A los futbolistas los firmábamos Fidalgo (gerente que fue agredido por Jesús Gil en la sede de la LFP) y yo. Algunos jugadores me citaban a su intermediario, pero yo les decía que no me interesaba porque yo quería llegar al acuerdo con el futbolista. Después que ellos le dieran a los representantes lo que quisieran.

P: ¿Qué diferencias encontró entre dirigir un equipo y una empresa?

R: En el fútbol la mayoría son unos tramposos. En cambio, en la empresa sueles tener clientes serios y honrados. En el fútbol dependes muchas veces de los políticos, sobre todo en equipos pequeños como el Compostela. Ellos te firman contratos que luego no pagan, pero se presentan a la relección como alcalde. Son una manada de tramposos. Y no hablemos del actual alcalde de Santiago. Ahora está siempre reclamando el IBI y otras cosas. ¿Cuándo me paga el dinero que era mío y no me pagaron?

P: He leído que usted se desvive por sus nietos. ¿Son los únicos que, si se lo pidieran, podrían hacer que regresara al Compostela?

R: No hace falta. Pase lo que pase nunca permitiría que el club se hundiera. Yo le dejé el Compostela a esta persona, a pesar de tener una oferta importante del Manchester United para que el Compostela fuera su filial. Esa oferta me arreglaba el tema económico. Sin embargo, confié en el actual presidente, que fue el primero en venderme. En cuanto hablan con los políticos, los convencen con facilidad. Los empresarios de la directiva que me traicionaron fue como consecuencia de acuerdos con los políticos.

P: Usted presume de haber sido un presidente con conocimientos futbolísticos. ¿Qué es saber de fútbol?

R: A veces sé menos de lo que dice la gente. Creo que entiendo de fútbol, sé dirigir un equipo y buscar jugador. Mi gran virtud es fichar diez jugadores que puedan jugar como mínimo en tres posiciones. Yo soy preparador físico desde 1967, que me saqué el título en Madrid. Toda mi vida estuve en el fútbol modesto y sé ver el fútbol. Ha habido grandes jugadores que luego no han sabido transmitir sus conocimientos cuando fueron entrenadores. Di Stéfano, que era un crack, no fue un buen entrenador. Igual a la inversa: malos jugadores que estuvieron mentalmente mejor preparados que grandes futbolistas. No hay que haber sido un gran jugador para ver el fútbol. Tampoco haber sido torero para ir a una corrida y saber si el torero lo hizo bien o mal.

P: A usted se le recuerda por su pelea con Gil en la sede de la LFP. ¿Cómo fue aquello?

R: Fue un día que ojalá nunca hubiera pasado. Me consideraba amigo de Gil. También es cierto que a él lo utilizaban los otros presidentes para presionarme porque estaba en juego el contrato de televisión. Yo conseguí que cada equipo tuviera un voto. Cuando yo llegué a la LFP, el Madrid y el Barcelona tenían siete votos y el resto, uno. El presidente del Éibar y yo cambiamos las reglas del juego. La LFP estaba mafiosa y sigue igual. Soy amigo de Tebas y así se lo digo.

P: Acaba de hablar de Tebas. ¿Qué opinión le merece su gestión en la LFP?

R: Es un tío muy inteligente. Lo conocí cuando fue directivo del Badajoz. Aquel equipo no había perdido ningún partido en la liga, pero nosotros lo eliminamos en el play-off. A aquel Tebas daba gusto escucharlo. Si no fuera por los intereses que hay ahora mismo, no veo a Tebas rajando como lo hizo de Florentino. Pérez no es mal presidente, pero ahora está perdiendo las formas. Tebas dijo que Florentino no estaba a la altura. Y él no le llega la suela de los zapatos.

P: ¿Cree que Florentino es un buen presidente?

R: Aprendió mucho porque estaba en pelotas cuando llegó al fútbol. Es un gran visionario de los negocios y del fútbol. Sabía que para conseguir grandes triunfos tenía que hacer grandes fichajes. Está en otra liga. Es un presidente fenomenal; el mejor presidente del mundo. Han tratado de involucrarlo en casos de corrupción, pero no lo logran porque es muy listo.

P: Fue el impulsor de la Superliga. ¿Se desarrollará el proyecto?

R: El proyecto lo presentaron mal. Indudablemente, la UEFA no puede pretender vivir de los equipos sin poner un duro. El Madrid, el Barcelona, el Bayern y el resto de equipos grandes son los responsables de estas cifras astronómicas que se están pagando. Son los que están pagando 150 o 160 millones por jugadores. A mí me gusta más la política del Dortmund: formar jugadores y luego venderlos en lugar de comprarlos por esas cantidades. Es un defecto que le veo a Florentino y a otros dirigentes. Sin embargo, Florentino ha frenado en los últimos años. Aunque ha metido la pata con Hazard, yo también lo hubiera fichado. Hay jugadores que cuando cambian de club se transforman.

P: Usted no tuvo buena relación con los políticos. ¿A qué se debió?

R: Porque los políticos son unos traidores y mentirosos. Y mafiosos. Usan a los poderes para apretarte las clavijas. A mí me está apretando Hacienda. Un juez gallego -hermano del concejal de Hacienda del Ayuntamiento de Santiago, que no pagó el contrato firmado con el Compostela- me cargó, por la desaparición del club, 120.000 euros en mi cuenta. Como no tenía esa cantidad, me aplicó el 300% de recargo. ¿Qué responsabilidad tienen las empresas públicas cuando no pagan? Es más fácil hacer a Caneda responsable. Los gestores del club no pagaron a Hacienda entre 2003 y 2008, cuando yo no estaba. De eso no tengo la culpa.

P: Fraga fue uno de los políticos con los que coincidió. ¿Cómo era? No sé si le costó entenderle la primera vez que hablaron…

R: Fraga me tenía mucho respeto porque sabía que yo hablaba claro. No tengo pelos en la lengua. Él me quería mucho. Sin embargo, un consejero de la Xunta falsificó un contrato de televisión lo conté todo y me llamó. Fui a su despacho y me preguntó que por qué hablaba con la prensa de sus consejeros. Le dije que era un tema de ellos y yo. Él me dijo: “Le exigo…”. “Usted a mí no me exige nada porque no era mi confesor”, le repliqué. Aquello a él lo desconcertó. Le dije que pensaba que era más humano porque se estaba posicionando del lado de un delincuente y que lo que yo le decía no valía para nada. Yo tenía pruebas de los que le decía. Además, estaban imputados por robos dinerarios en la Ciudad de la Cultura. Tanto el PP como el PSOE se han dedicado a taparlo todo. Hubo consejeros, como Pérez Varela, que llegaron con las manos vacías y se marcharon multimillonarios. ¿Cómo se hicieron multimillonarios en ocho años?

P: Usted también tuvo relación con Sito Miñanco. ¿Cómo lo recuerda?

R: Era un tipo extraordinario. En cuanto a la droga, le reproché muchas veces que se dedicara a ese tema. Como persona y amigo de sus amigos, te quitabas el sombrero. Muchas veces le machacaron porque hay interés en que pague el pato. Siempre hay que descargar sobre alguien los defectos que tiene la propia justicia. Cuando quiso salir de ese negocio, no pudo. Puedes intentarlo, pero la mafia no te deja. Además, te amenazan. Te advierten que si lo dejas te van a matar en la cárcel. El gran error de Sito, y de todos los que quieren salir, es que no son libres. Si hablan o no colaboran, los matan. Si se portan bien conmigo, me da igual que se llamen Oubiña, Miñanco… No tengo problema en que me vean con ellos.

P: ¿Alguna extravagancia con Miñanco?

R: Un día iba escuchando la radio camino de la playa de La Lanzada. La emisora dijo que el coronel Perotes se encontraba reunido con Sito en Lisboa. Era mentira. Yo paré en Vena y allí estaba, en ese mismo instante, tomando un café con él. Yo sé más de lo que cuento, como cuando denuncié la compraventa de partidos. Si hablas, te puedes meter en un jardín.

P: ¿Le ofrecieron alguna participar en amaño de partidos?

R: Sí, muchas veces.

P: ¿Algún presidente en concreto?

R: Muchos, pero no puedo dar nombres. En el fútbol tenía dos o tres presidentes a los que tenía mucho cariño. Al que más recuerdo es a Dalmau, del Mallorca. También tuve muy buena relación con los equipos del norte: Bilbao, Real Sociedad y Éibar. Los tres presidentes del Éibar que conocí eran auténticos porque estaban preparados y sabían de fútbol.

P: Usted dijo que los forofos no son buenos presidentes. Sin embargo, el Atleti ganó el doblete con Gil y el Deportivo seis títulos con Lendoiro…

R: No tiene nada que ver. Normalmente, si actúas como forofo eres mal directivo, fichas mal y le vas a hacer muchísimo caso a la prensa. Hay muchos directivos que actúan en función de lo que diga ‘El Chiringuito’. Es una vergüenza que los cuatro elementos que participan en ese programa, que se creen que saben de fútbol, hablen de cuándo echar a Zidane, cuándo debe continuar… Si tiene contrato en vigor, no se le puede faltar el respeto.

P: ¿Por qué ya no quedan presidentes como los de antes: Lopera, Núñez, Sanz…?

R: A Lendoiro le ofrecieron más dinero por los derechos de televisión si su equipo quedaba campeón, pero luego no cumplieron. Él pensaba que le darían lo mismo que a Madrid y Barcelona. No obstante, le siguieron proporcionando el mismo dinero. El problema mío con Gil llegó por los derechos televisivos. A mí me salvó José María García.

P: García siempre en el ajo…

R: Yo firmé un contrato con él y Antonio Asensio. Tuve un contrato que era igual que, por ejemplo, el del Athletic de Bilbao. No podías comparar nuestro caché con el de ellos porque acabábamos de ascender. García fue el encargado de que un 40% de los equipos firmaran el contrato de televisión con Asensio.

P: Usted coincidió con Arsenio Iglesias. ¿Cómo era?

R: Yo lo fiché en 1988. Cuando faltaban ocho partidos para terminar la Liga, íbamos octavos. El Deportivo necesitaba entrenador y me pidieron mi opinión. Les dije que él conocía muy bien La Coruña y a los jugadores. Yo estaba deseando desprenderme de él. No me gustaba cómo trabajaba y lo vendí. Fui el primer presidente en vender un entrenador.

P: ¿No le parece buen entrenador?

R: Es un visionario del juego. Su relación con el vestuario era a la vieja usanza: dictatorial. Él encerraba a los jugadores en las habitaciones del hotel y se quedaba con las llaves. En el Madrid quiso hacer lo mismo y lo echaron.

P: Luego dirigió al Súperdepor. ¿Quién tuvo más mérito en ese equipo, Arsenio o Lendoiro?

R: Arsenio no tuvo nada que ver en los jugadores ni en nada. Esa es una obra de Lendoiro. Él se supo rodear de unas personas que conocían bien el mercado brasileño. Gracias a ellos, el Deportivo fichó a Bebeto, Mauro Silva, Rivaldo… Además, Lendoiro había sido un buen jugador de fútbol. Era un artista del balón. Y buena persona. Él lo fue todo en Galicia. Fue secretario de Deportes de la Xunta, pero Fraga lo echó porque tenía más publicidad que él.

P: ¿Quién hizo más por el fútbol gallego, usted o Lendoiro?

R: Yo di una lección en el fútbol gallego porque el Compostela, que era un equipo construido de retales, hizo 43 puntos en una vuelta. Fiché a los jugadores que a mí me hacían falta porque nunca dejé fichar a los entrenadores. La única vez que lo permití fue un fiasco.

P: ¿Qué jugador era?

R: No puedo decirlo. Mi misión no es defenestrar a un jugador públicamente porque estás jugando con su pan.

P: Usted fichó a Penev en 1996, tras ser campeón del doblete con el Atleti. ¿Cómo los convenció a él y a Gil?

R: Gil era muy creyente, más de lo que la gente se cree. Cuando lo atacaba alguien, se ponía furioso. Sin embargo, en la distancia corta era un buen tipo. Antes de contactar con Gil lo hice con Penev. El año anterior, lo quise fichar del Valencia. Hasta última hora de la noche no me confesó que el Atlético de Madrid lo había fichado. Me preguntó por qué quería ficharlo si sabía que tenía un cáncer de testículos. Yo le dije que había tenido tres jugadores que lo habían superado. Era mentira, pero quería darle ánimos. Él me juró por una virgen que, aunque había firmado tres años en el Atleti, si estaba curado ficharía por el Compostela. Cumplió.

P: ¿Gil no puso impedimento?

R: Fui a ver a Gil la semana después de nuestra pelea. Le conté lo que habíamos hablado. Jesús lo llamó y le relató lo que habíamos acordado. Cuando le dijo que se lo había prometido a la virgen, le respondió que tenía que cumplirlo porque si no le echaría un mal hechizo. Los dos eran fanáticos de la religión. Nunca hubo un jugador en la Liga que jugara tan bien de espaldas.

P: He leído que usted enseñó a algunos presidentes a transportar el dinero B desde Suiza. Explíqueme eso.

R: Eran otros tiempos. Había un señor autorizado, con furgoneta y todo, que transportaba dinero desde Suiza a España. Ciertos contratos se hacían en el extranjero, pero yo no los hice porque no tenía dinero. El dinero que los jugadores querían neto era depositado por este señor en España, a cambio de un 2% de comisión. Los clubes se ahorraba un 30 o 40%. Era un contrato que sé cómo se hacía, pero no puedo explicarlo públicamente porque jodería a muchas personas.

P: Ohen fue uno de sus grandes fichajes. ¿Cómo localizaba jugadores desconocidos que luego rendían?

R: Fui a llevar a Juanito a probar al Madrid porque querían verlo. Llegué allí a las dos de la tarde. Estaban Ohen, Mutio y Oladimeye dando vueltas a 40 grados. Le dije a Del Bosque que lo que estaban haciendo los jugadores no valía para nada. “¿También tú entiendes de fútbol?”, me preguntó Vicente. “De fútbol no, pero de preparación física sé más que tú”, le contesté. Yo era preparador físico y él era entrenador. Me dijo que si quería a Ohen me lo mandaría al día siguiente a Santiago. Y apareció. El chófer del Madrid me indicó que Del Bosque tenía un mensaje: “Haz lo que quieras con él”. Fue un jugador extraordinario. Le corregí las lesiones que tuvo en el Madrid se las corregí.

P: Usted estaba en el palco cuando Ronaldo marcó el gol maradoniano. ¿Cómo recuerda aquel día?

R: Fue un golazo, pero es que le hicimos un pasillo. Pasó por delante de ocho jugadores y nadie le puso una zancadilla. Hoy no podría hacer eso Ronaldo. Era un jugador excepcional.

P: ¿No le dijo nada a Fernando Vázquez o a los jugadores sobre el gol?

R: No. A Fernando Vázquez no le hubiera tolerado que me hubiese dicho algo. Yo nunca bajé al vestuario ni antes ni después de los partidos. Si algún directivo iba, le llamaba la atención. Ahí sólo podían estar el técnico, los ayudantes y los jugadores.

P: Por último, ¿cuándo fue la última vez que le pidieron una foto?

R: Lo sigo haciendo todos los días. Cuando estoy en la cafetería y viene gente haciendo el camino de Santiago, me piden fotos. A veces me da rabia porque no estoy vestido decentemente. Pero no le voy a negar una foto a nadie. A nadie le gusta salir desaliñado.

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