neuer, héroe final para los teutones

Alemania se sacude su maldición y derrota a Italia en una increíble tanda de penaltis

Los germanos consiguieron ganar a Italia después de nueve intentos en un partido de eliminación. El empate a final de la prórroga dio paso a una magnífica tanda de penaltis

Foto: Buffon no alcanza el penalti de Hector (Reuters)
Buffon no alcanza el penalti de Hector (Reuters)

El fútbol, incluso en noches no tan brillantes, le regala al aficionado momentos geniales, brillantes y divertidos. Alemania consiguió saltar su última barrera, doblegar a Italia, algo que se les había resistido una y otra vez en partido de fase final. Ya no, ahora los germanos pueden decir que no hay fantasmas que le quiten el sueño eternamente. A la novena fue la vencida, aunque no les faltó sufrimiento. Solo consiguieron clasificarse en el decimoctavo penalti, después de ver pasar la muerte a su lado varias veces y pensarse casi fuera de la Eurocopa. Pero no fue suficiente. 

La tanda de penaltis fue lo más bonito del encuentro. Es, por derecho propio, una de las más vibrantes que se recuerdan, con grandes aciertos de los porteros y también fallos groseros, con lanzamientos perfectos y una tensión en el ambiente que, perdonen el tópico, se podía cortar con cuchillo. Burdeos vivió una de esas noches de las que se recordarán sus bondades y se silenciarán sus defectos. Lo que se vio, en cualquier caso, estuvo a la altura de lo esperado. 

Además, y por la lógica del fútbol, ganó el mejor. Alemania había hecho más durante el partido para llegar a las semifinales. El desenlace fue cruel para Italia, siempre lo son los penaltis, pero lo hubiese sido mucho más para los teutones en caso de que la moneda les hubiese salido cruz. La selección de Joachim Löw tenía que dominar porque posee muchos más recursos que los que ofrecen sus rivales. Italia es el culmen de la solidaridad, once jugadores que son un solo hombre, que se mueven acompasados y achican los espacios como si les fuese la vida en ello. Antonio Conte ha hecho una tremenda labor con ellos. Si tuviesen un poco más de calidad, algún jugador desequilibrante, podían ser una máquina perfecta. No los tienen.

Alemania no es tan colectiva porque no lo necesita tanto, ellos sí tienen hombres que pueden cambiar un partido, e incluso se pueden permitir desaparecer y solo dar fogonazos. El ejemplo más claro es el de Mesut Özil, que caminaba arrastrando los pies hasta que se encontró en el lugar adecuado para marcar el primer gol del partido. Otros, como Kroos, que hizo un partidazo, sí aparecieron. En ese momento Alemania dominaba mucho. Era el minuto 65 y los teutones ya habían comprendido cómo se jugaba a Italia. Todo parecía cuesta abajo hasta la victoria, pocos minutos hasta conseguir el objetivo. Incluso hubo una sensacional jugada que terminó con Buffon haciendo una parada tremenda a Chiellini, que con las urgencias de despejar se equivoco y casi sentencia a su equipo. Italia, que siempre parece tener una vida más en la guantera, no iba a caer en esas.

No necesitaron un gran esfuerzo para igualar, ni siquiera fue gracias a una presión agobiante o a un ataque bien trenzado. Todo se debió a una mano absurda de Boateng, que creyó de repente que más que un central de fútbol era un delantero de voleibol, alzó los brazos sin sentido y terminó dándole con la mano. Era absolutamente incomprensible, ni siquiera la jugada era relevante, solo un balón bombeado al área que no parecía tener destino claro. Fue la vía de escape para Italia que, sorprendentemente, eligió a Bonucci para que lo tirase. Una selección sin grandes jugadores suele ser también un equipo sin lanzadores claros, así que escogieron al central que en su vida había tirado un penalti en un partido. El caso es que lo marcó, lo tiró perfecto. Ese, porque el fútbol tenía preparadas unas cuantas vueltas hasta dar su veredicto final en el encuentro. 

Alemania no se vino abajo después del gol. Sabían que desde el balón encontrarían la respuesta. Como viene pasado en tiempos recientes en el fútbol, ambos equipos mostraron más miedo que interés por marcar. Los de Löw amasaban el balón, pues en los pies correctos no se sufre. Italia, que es una selección tremenda en defensa, apretaba para sobrevivir, pero cuando la cogía no se volvía loca tampoco. Todo muy calmado. La prórroga fue una extensión de esos minutos. Se miraban los unos a los otros con miedo, como para no hacerse daño. Los penaltis duelen, pero mucho mejor que encontrarse con un gol en el úitimo instante y no tener la oportunidad de contestarlo. 

La tremenda tanda de penaltis

Así que se llegó a la tanda, ese momento en el que se juntan miles de sonidos, de la grada, que no sabe si callar de miedo o animar porque es la última. Y de los jugadores, que siempre parecen con la mirada perdida, escuchando los latidos de su corazón que suenan como tambores en la niebla. Llegados a ese punto la estadística, que no es ciencia, arrojaba datos contradictorios. Por un lado Alemania nunca había eliminado a Italia, por otro los germanos solo habían perdido una tanda de las seis en las que se las habían visto. 

Por si eso fuese poco en las porterías era difícil acertar quién era mejor. Neuer, el que dicen mejor portero del mundo, es alto y elástico, llega a muchos balones. Buffon, el portero de mirada profunda, es toda una leyenda. El guardameta italiano, con todo lo que ha visto en su vida, no ha aprendido a estas alturas a mirar los penaltis que tiran los suyos propios. Como un sortilegio daba la espalda a lo que ocurría. 

Se entendieron las supersticiones cuando se vio el desarrollo de todo lo posterior. Primero dos goles, Insigne y Kroos. Dos penaltis tirados a la perfección. Le tocaba el turno a Zaza, que había salido en el último minuto de la prórroga con el único objetivo de lanzar un penalti. El jugador dio unos pequeños saltitos antes de acercarse al balón, miró al centro de la portería y la mandó a la Estación Espacial Internacional. Es muy difícil tirar peor. Claro, que poco después le iba a enmendar Müller, que está haciendo un horrible campeonato y tiró su lanzamiento manso y al centro, a un lugar en el que Buffon no va a fallar nunca. 

Gol de Barzagli que pone 2-1 a Italia y, en ese momento, se acerca al punto Özil, héroe por su gol que no por su juego. Se espera de él un tiro limpio, pues es de esos jugadores a los que sus pies suelen responder a lo que desea. Ajustó demasiado, tanto que se dio con el palo. Si marcaba Pelle Italia hubiese estado muy cerca de su objetivo. Pero no lo hizo. Todo lo contrario. Como le había pasado a Zaza, lo tiró fuera, muy lejos de la portería. La clave, dicen, es tirarlo entre palos. 

Revivió Alemania y lo hizo con gol de Draxler. Igualados. El siguiente era Bonucci, que había impresionado durante el partido por su control desde los once metros. Parecía seguro de si mismo, muy calmado y lo ejecutó muy bien, duro a la derecha del portero. El problema, en este caso, es que el portero es Neuer, que le adivinó el tiro, saltó como si fuese un atleta y despejó la bola. En ese momento parecía que la gloria era alemana, pero, una vez más, porque esta muerte súbita tenía más historias que La Colmena, iban a pasar cosas. 

El último lo tiraba un jugador con cientos de minutos en el campo, todo un experto. De esos que, en teoría, deberían saber calmar los nervios. Schweinsteiger, con todo eso a sus espaldas, hizo el ridículo en sus penalti. Se volvía a empezar, de los diez primeros penaltis sólo habían marcado cuatro, dos por bando. Empezaba la muerte súbita y, justo ahí, aprendieron a tirar penaltis. Marcaron Giaccherini, Hummels, Parolo, Kimmich, De Sciglio, Boateng, redimiendose de algún modo de su error. Y entonces llegó Darmian y tiró blando, al centro, en un lugar en el que Neuer podía pararlo. La responsabilidad era para un joven, un novato, Héctor. Y él no lo falló, aunque estuvo a punto. El balón pasó por debajo del lomo de Buffon, que lo había acertado pero no lo suficiente. 

La tanda fue tremenda, una montaña rusa de emociones, pura pasión. La moneda cayó del lado alemán, un equipo que tenía una pesada mochila que ahora se han quitado de encima. Ya no hay maldición, Alemania también puede ganar a Italia. 

Ficha técnica


1 - Alemania: Neuer; Höwedes, Boateng, Hümmels, Hector; Kimmich, Khedira (Schweinsteiger, m.16), Kroos, Özil; Müller; Mario Gómez (Draxler, m.72).

1 - Italia: Buffon; Barzagli, Bonucci, Chiellini (Zaza, 120+1); Florenzi (Darmian, m.87), Sturaro, Parolo, Giaccherini, De Sciglio; Pèlle, Eder (Insigne, m.108).

Goles: 1-0, m.65: Özil. 1-1, m.78: Bonucci, de penalti.

Tanda de penaltis: 0-1: Insigne, gol. 1-1: Kroos, gol. 1-1: Zaza, alto. 1-1: Müller, para Buffon, 1-2: Barzagli, gol. 1-2: Özil, al poste. 1-2: Pèlle, fuera. 2-2: Draxler, gol. 2-2: Bonucci, para Neuer. 2-2; Schweinsteiger, alto. 2-3: De Sciglio, gol. 3-3. Hummels, gol. 3-4: Parolo, gol. 4-4: Kimmich, gol. 4-5: De Sciglio, gol. 5-5: Boateng, gol. 5-5: Darmian, para Neuer. 6-5: Hector, gol.

Árbitro: Viktor Kassai (Hungría). Amonestó a los alemán Hector y Schweinsteiger y a los italianos Sturaro, De Sciglio, Parolo, Giaccherini

Incidencias: Partido de los cuartos de final de la Eurocopa disputado en el Estadio de Burdeos ante 38.764 espectadores. Hubo un minuto de aplausos en memoria de las víctimas del ataque terrorista en un restaurante de Dacca (Bangladesh), en el que han muerto al menos 28 personas, entre ellos nueve italianos. Por ese motivo, Italia lució brazaletes negros.

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