se vio desbordado por su ex equipo

La enésima noche aciaga de Gonzalo Higuaín

El delantero argentino es uno de los futbolistas más caros de la historia. Durante la temporada rinda, pero cuando llegan los momentos importantes desaparece súbitamente

Foto: Higuaín recoge cabizbajo su medalla de plata. (Reuters)
Higuaín recoge cabizbajo su medalla de plata. (Reuters)

Gonzalo Higuaín lleva en la piel la marca de la derrota. No es un perdedor, es un jugador grande, con muchos goles, que ha jugado en los mejores clubes de Europa, ha sido titular y ha marcado en todos ellos. El argentino es todo eso, sí, un hombre importante en el mundo del fútbol. Pero también es un contenedor de frustraciones, y eso es algo que le acompañará durante toda la vida. Tiene demasiadas muescas en su fusil para olvidar que pudo reinar y no lo hizo.

Cardiff es solo una más de las finales en las que fue irrelevante, no aportó nada. Al principio del encuentro se mostró deseoso de agradar, incluso tiró un par de veces a puerta. Pero con el paso de los minutos Higuaín desapareció, se difuminó completamente y solo pudo aceptar una de las derrotas más duras. Porque duele más, sin duda, cuando quien te supera es un ex. Y él no pudo hacer nada para evitar la catástrofe de un equipo que le ha dado todo su cariño.

El argentino no salió especialmente bien del Real Madrid. Tuvo buenos años, marcó goles y el club le ayudó a su formación como jugador de élite, pues llegó con solo 20 años a Valdebebas. Nunca llegó a sentirse del todo cómodo, especialmente después de que se marchase del club el presidente Ramón Calderón. Consideraba que Florentino no le veía como uno de los suyos, y al llegar Benzema le entró el complejo de patito feo. Eran dos jugadores por un solo puesto y quien tenía el favor del presidente, también comúnmente de los entrenadores, era el delantero francés.

A Higuaín la pasaba algo similar a lo que ahora mismo le puede suceder a Morata, y es que con los números en la mano podía tener un caso muy bueno a su favor, pero las sensaciones suelen beneficiar al francés, que igual ve menos puerta, pero consigue el cariño de sus compañeros por su extrema capacidad asociativa. Cuando hubo que elegir, cuando la cosa era insostenible, Florentino Pérez no tuvo dudas, Higuaín era el rival más débil.

El mal fario con Argentina

En su tiempo en Madrid se había cruzado con el Barcelona de Guardiola, con lo que eso supone para un palmarés. Tres ligas, una Copa. No está mal, claro, pero le faltó la caza mayor, que cuando vas de blanco solo se corresponde con la Champions League. Y en ese sentido él nunca rindió. Con el Madrid marcó ocho goles en 48 partidos en la máxima competición, una cifra bajísima para alguien que presume de ser ariete. No marcó, por descontado, en ninguna de las finales que disputó. Y peor es la cosa si se tiene en cuenta que se marchó hace un lustro y en ese tiempo a los blancos les ha dado tiempo de llevarse tres veces el título europeo. Que será casualidad, pero es una de las que duelen.

Esa mala fama, la de no aparecer en las escenas más grandes, tiene que ver con su tiempo de blanco, con esta final de la Juventus pero, sobre todo, con su tiempo en la selección argentina. Messi no es campeón del mundo, tampoco lo es de América, pero sin duda lo hubiese podido ser si el delantero nacido en Brest hubiese estado más atinado en los partidos finales.

La final de 2014, contra Alemania, vio como Higuaín se llenaba de balón y terminaba fallando goles que un delantero que así se quiera llamar nunca puede fallar. En la Copa América, más de lo mismo. La leyenda de uno de los mejores jugadores de siempre sería aún mayor si su escudero hubiese sido un delantero con nervios de acero.

Higuaín quería vengarse del Madrid. Las semanas previas al partido de Cardiff a buen seguro soñó en mil ocasiones con otro resultado, con una victoria de la 'vecchia signora', con un gol suyo que sometiese al club que le trajo a Europa pero nunca le dio el cariño suficiente. No sucedió, la frustración sigue ahí, la marca de la derrota sigue tatuada en su piel. Le queda todo lo que ya tenía antes, la fama de buen delantero, el precio que se pagó por él, una temporada feliz con muchos goles marcados de blanco y negro. Todo eso, sí, pero siempre con el resquemor de lo que pudo ser y no fue.

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