El brasileño puede ganar su octava Liga

Robinho se reinventa en un barrio de Estambul a la sombra de Erdogan

El brasileño puede ganar su octavo título de Liga, el primero del Başakşehir, mientras espera la resolución de una condena de violación por nueve años

Foto: Robinho celebra un gol al Besiktas en la liga turca con el Basaksehir (Efe).
Robinho celebra un gol al Besiktas en la liga turca con el Basaksehir (Efe).

El 22 de enero de 2013 Robinho participó, en el guardarropa de la discoteca Sio Café de Milán, en una violación en grupo de una joven albanesa de 22 años. Así lo dictaminó la sentencia de la sección 9ª del Tribunal de Milán, que le condenó, junto a cinco hombres más, a nueve años por “abusar de las condiciones de inferioridad psíquica y física de la persona agredida, que había tomado sustancias alcohólicas, con el agravante de haberle dado de beber hasta que quedó inconsciente y fue incapaz de oponerse”. La sentencia, que data de noviembre de 2017, era en primera instancia, lo que debe ser ratificado en apelación, algo que podría tardar años en producirse. De ahí que Robinho recurriera la misma y se marchase a Brasil poniendo tierra de por medio. Algo que Italia le permitió sin exigir su extradición.

Años antes, en enero de 2009, recién llegado al Manchester City, el brasileño fue investigado por una presunta agresión sexual en un club nocturno en Leeds. La policía de West Yorkshire le interrogó, poniéndole en libertad bajo fianza después de que negase las acusaciones. En abril se cerró el caso y Robinho no llegó a ser juzgado.

Después del incidente en Milán, Robinho se marchó a jugar a Brasil, al Santos, del que saltó al Guangzhou chino, para regresar a su país y enrolarse en el Atlético Mineiro. En el Galo retomó su mejor fútbol y se convirtió en una de las estrellas del Campeonato, lo que disparó de nuevo los rumores de traspaso de Robinho a equipos de primer nivel europeo. Pero entonces, en noviembre de 2017, se hizo pública la condena por la violación y las puertas se cerraron. Todas menos una, la exótica propuesta del Sivasspor turco, un equipo modesto de la región de Anatolia, que el brasileño acabó aceptando para ser presentado en enero de 2018.

Única y exótica propuesta

Lejos del calor de Brasil Robinho siguió ofreciendo un rendimiento más que convincente, anotando 12 goles en los 30 partidos que jugó con su equipo. Eso le llevó a ser traspasado en enero de 2019, por dos millones de euros, al emergente Başakşehir, un club fundado en 1990 que pretendía hacer frente a los tres grandes del fútbol otomano: Besiktas, Fenerbahçe y Galatasaray. Allí se encontró con un puñado de viejos rockeros del fútbol europeo como Clichy, Skrtel, Demba Ba, Topal ,Babacan o Inler, y algunas de las promesas más brillantes del fútbol local.

Ubicado en las afueras del puerto de Rumeli, en el lado europeo de Estambul, el barrio nació entre las fábricas de municiones para el Imperio Otomano y las oficinas militares. Un distrito humilde con más de 300.000 habitantes que veía en su equipo de fútbol una forma de reivindicarse. La figura del empresario Goksel Gumusdag fue clave, ya que se convirtió en su presidente y tomó algunas decisiones fundamentales para explicar el éxito del club hoy en día. La primera, mudarse del mastodóntico estadio Ataturk, con capacidad para 80.000 personas y al que apenas acudían diez mil, por un estadio nuevo ubicado en el barrio. El Fatih Terim Stadium, en el que entran 18.000 espectadores, disparó la masa social del club, que en 2011 jugó la final de la Copa de Turquía, perdiendo en los penaltis con Besiktas.

Gradas del estadio del Başakşehir en su partido de ida de octavos de final de la Europa League, el 12 de marzo pasado, contra el Copenhague (1-0) (Ege).
Gradas del estadio del Başakşehir en su partido de ida de octavos de final de la Europa League, el 12 de marzo pasado, contra el Copenhague (1-0) (Ege).

Detrás de la irrupción del Istanbul Basaksehir aparece la sombra del presidente Erdogan

Hoy el club presume de juventud y modernidad, con un complejo de entrenamiento con 11 campos en el que juegan los niños del barrio a un paso del Mar de Mármara. El club tiene un grupo de aficionados que se hacen llamar "1453 Basaksehirliler" y que se preocupan por las necesidades del vecindario y las escuelas, al tiempo que prohíben insultos y violencia en el grupo y en el estadio. Sin embargo, muchos ven en el número del nombre, el del año de la conquista de Constantinopla por los otomanos, un guiño al partido AK, conservador y afín al antiguo régimen. De hecho, los rivales afirman que detrás de la irrupción del Başakşehir aparece la sombra del presidente Erdogan, que afirma ser seguidor fan del Fenerbahçe, pero estuvo en la inauguración del Fatih Terim y se crió en el barrio.

En este particular contexto se ha reinventado Robinho a sus 35 años en un jugador que administra sus esfuerzos para poner su magia al servicio del equipo y lograr el primer título de su historia. El Başakşehir es líder a falta de cuatro jornadas para el final con dos puntos de ventaja sobre el Trabzonspor, siete con el Sivasspor y un trecho insalvable para los tres grandes: Galatasaray, Besiktas y Fenerbahçe. Robinho ha recuperado la sonrisa y podría ganar su octavo título de Liga (en el sexto país diferente) y volver incluso a jugar la Champions. Aunque se ahorraría los viajes a Italia, donde le espera aún la resolución de una condena que podría meterle nueve años entre rejas.

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