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El Clásico ya no es una fiesta en Siria
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un 70% de la población no podrá verlo

El Clásico ya no es una fiesta en Siria

"El día del Clásico siempre fue muy festivo, pero ahora la población está más pendiente de la guerra", relata Osama Abdul Mohsen, el refugiado sirio zancadilleado que encontró cobijo en España

Foto: En la imagen, Osama Abdul Mohsen junto a su hijo Zaid. (Reuters)
En la imagen, Osama Abdul Mohsen junto a su hijo Zaid. (Reuters)

Siempre fue un día de fiesta en toda Siria, pero ahora la situación es tan dramáticamente diferente que la gente no seguirá el Clásico con la misma pasión. “Ahora la población está más pendiente de otra cosa, de la guerra”, relata a El Confidencial Osama Abdul Mohsen. Su caso dio la vuelta al mundo, al sufrir la vergonzosa zancadilla de una periodista húngara. Con su hijo Zaid en brazos, este refugiado sirio dejó el anonimato al rodar por el suelo tras la patada de Petra Lazslo. Padre e hijo encontraron un hogar en España gracias a la solidaria iniciativa de Miguel Ángel Galán, presidente de CENAFE Escuelas (Centro Nacional de Entrenadores de Fútbol), que le abrió las puertas para ejercer su profesión.

Osama aprende español a marchas forzadas para empezar a entrenar en breve. Le espera un equipo juvenil del Villaverde Boetticher, donde podrá ejercer su trabajo y dar rienda suelta a su infinita pasión por el fútbol. Esta semana habla y no para del Clásico, “un partido que siempre ha sido muy importante en Siria, con unos aficionados que se reparten casi por igual entre madridistas y barcelonistas”. Como sucede en España, muchos equipos tienen sus peñas, aunque no sean oficiales, y Real Madrid y Barcelona cuentan con grupos de aficionados unidos en torno a un escudo.

Lleva días soñando con encontrar un par de entradas para ir al Santiago Bernabéu junto a su hijo Zaid, que es el que le ha vuelto literalmente “loco” para que las consiga. No ha habido suerte y ambos se deberán conformar con ver el Real Madrid-Barcelona por televisión. A miles de kilómetros, en su país, se seguirá lo que “siempre fue un día de fiesta, porque como tal se vivía el Clásico español, pero no será igual esta vez”, comenta Osama. “Antes se podía vivir en todo el país, pero ahora sólo se podrá ver en Damasco y Latakia”. Estima que “en el 70% de Siria” será imposible verlo. La guerra lo ha devastado casi todo…

“La guerra lo ha cambiado todo”

“No será igual, por desgracia, este Clásico en mi país. Lo normal siempre fue que la gente joven lo viviera en bares y cafeterías, mientras la gente mayor y las familias se quedaban en sus domicilios delante del televisor”, explica Osama para resaltar la enorme pasión que despierta este partido en Siria. “La guerra lo ha cambiado todo y seguramente no será igual en esta oportunidad”, añade, destacando que el fútbol también ha sido castigado por la guerra en su tierra “y ahora la liga del país sólo se disputa en Damasco”.

Durante 90 minutos, aunque sea delante de una pantalla, Osama y su hijo Zaid sólo estarán pendientes del fútbol. Un mínimo oasis para olvidar la cruda realidad que vive Siria. Padre e hijo han encontrado un lugar donde empezar una nueva vida, pero la felicidad no es plena. La madre y dos hijos están en Turquía, esperando que el destino les lleve a Madrid. Zaid, de siete años de edad, lleva casi dos sin abrazar a su madre y sufre por ello. Con los pasaportes ya listos, dentro de poco tienen previsto viajar a tierras turcas para que la familia vuelva a estar unida, aunque sólo sea por unos días.

Osama sólo puede hablar una vez al mes con sus hermanos, que sufren en suelo sirio la dramática situación. Los días se le hacen interminables hasta que puede contactar de nuevo con ellos para confirmar que están bien. Este sábado no disfrutará tanto del Clásico; una parte de su mente recordará tiempos en los que acompañado por los suyos vivía el gran partido con emoción. “Siempre fui aficionado del Real Madrid por los buenos jugadores que ha tenido siempre y porque su juego siempre me ha gustado. Espero que gane esta vez”, comenta Osama.

Un partido por la paz

“Yo soy de Cristiano Ronaldo como aficionado del Real Madrid que soy, pero lógicamente en Siria hay muchos seguidores a los que les gusta más Messi. Son, sin duda, los dos futbolistas más queridos y admirados en mi país”, dice Osama, que cuando vuelve a recordar la dura situación que padece su pueblo reconoce abiertamente que “será el Clásico, por desgracia, más triste de la historia de mi país. Se vivirá de una manera diferente, menos festiva de lo que ha sido habitual siempre”.

“Claro que sí, Siria podría tener una selección competitiva en otras circunstancias”, dice el entrenador, que subraya que “nuestros futbolistas no pueden jugar tranquilos viendo lo que está sucediendo en el país”. No conviene olvidar que importantes futbolistas sirios han fallecido y otros han renunciado a su selección mientras Bashar Al-Asad sea el líder del régimen. “El fútbol siempre ha sido en Siria algo para unir a la gente, dejando al margen las clásicas y deportivas rivalidades. Al pueblo sirio le encanta el fútbol y siempre ha vivido este partido con un gran entusiasmo”.“Ojalá esté encuentro entre Real Madrid y Barcelona sea un ejemplo de armonía y convivencia; que sea el Clásico de la paz...”, significa Osama para acabar.

Siempre fue un día de fiesta en toda Siria, pero ahora la situación es tan dramáticamente diferente que la gente no seguirá el Clásico con la misma pasión. “Ahora la población está más pendiente de otra cosa, de la guerra”, relata a El Confidencial Osama Abdul Mohsen. Su caso dio la vuelta al mundo, al sufrir la vergonzosa zancadilla de una periodista húngara. Con su hijo Zaid en brazos, este refugiado sirio dejó el anonimato al rodar por el suelo tras la patada de Petra Lazslo. Padre e hijo encontraron un hogar en España gracias a la solidaria iniciativa de Miguel Ángel Galán, presidente de CENAFE Escuelas (Centro Nacional de Entrenadores de Fútbol), que le abrió las puertas para ejercer su profesión.

Osama Abdul Mohsen
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