leo le echó un pulso, como ahora a luis Enrique

Guardiola ya pidió la salida de Messi del Barcelona: "Hemos creado un monstruo"

Al igual que le ha pasado a Luis Enrique, una suplencia mal llevada de Messi en Anoeta acabó por desesperar a Guardiola con el argentino. Un ex de su cuerpo técnico lo reconoce

Foto: Guardiola da instrucciones a Messi (EFE)
Guardiola da instrucciones a Messi (EFE)

Casualmente, también sucedió en Anoeta. El 10 de septiembre del 2011, en este caso tras un parón por partidos internacionales y no por Navidad, Pep Guardiola hizo lo mismo que Luis Enrique el pasado domingo y decidió dejar a Messi en el banquillo del estadio donostiarra. Lo sacó a media hora de final de un encuentro que el Barça ganaba por 0-2 a los diez minutos, pero que la Real Sociedad empató (2-2). Aquella suplencia sentó tan mal al argentino que se rebeló contra su entrenador y estuvo varios días sin dirigirle la palabra, además de hacerle más de un desplante delante de sus compañeros. 

Más repercusión ha tenido su malestar con Luis Enrique, quien le dio entrada en la segunda parte del partido ante la Real, aunque el 1-0 tras un autogol de Jordi Alba en el minuto 2 no se movió y el Barça se dejó tres puntos que le hubieran acercado al Real Madrid. Leo no se presentó en el entrenamiento del lunes por una presunta gastroenteritis y, aunque el técnico asturiano no quiso "ni desmentirlo ni confirmarlo", el diario Sport aseguró que quiso abrirle expediente y que sólo la intervención de los capitanes -Xavi, Iniesta y Busquets- lo evitó.

Sabido es que Messi no es muy locuaz. En su caso lo de matarlas callando es literal. Después de aquel episodio de 2011 en Anoeta, Guardiola no sólo no volvió a dejarle más en el banquillo, sino que dio por perdido el pulso que Leo le echó. En su cuarta temporada como técnico del Barça, después de haberlo ganado todo y hacerlo con un juego que marcó un antes y un después en el fútbol, Pep llegó a la conclusión de que era él o Messi. Como quiera que el 10 era intocable para la entonces directiva presidida por Sandro Rosell, quien no tenía la mínima intención de prescindir él, fue Guardiola quien hizo las maletas. Aunque no la única, no soportar al argentino fue una de las razones que llevaron al de Santpedor a no renovar y dejar el Barça.

Messi, en el banquillo de Anoeta
Messi, en el banquillo de Anoeta

Un año después, Tito sentó a Leo en Getafe, también después de un parón. La decisión fue previamente consensuada. Messi salió en la segunda parte y en 20 minutos marcó dos goles. Tito también tuvo que tener mucho tacto con el 10 a la hora de darle descanso en Champions. Le dejó fuera del once ante el Benfica, en el último partido de la liguilla con la clasificación ya garantizada para octavos y como primeros de grupo. 

"A él le gusta estar siempre y no creo que esté más cansado que otras temporadas a estas alturas. Es muy competitivo y le hace ilusión jugar el partido. Ya entrenando se lo deja todo", dijo Jordi Roura, ayudante y sustituto durante muchos partidos del malogrado Vilanova. Con la llegada del Tata Martino, más de lo mismo. Messi era (y es) ingobernable, y con su paisano rosarino en el banquillo no sólo no cambió de actitud, sino que cuajó la peor temporada que se le recuerda. 

"Hemos creado un monstruo", reconoce un miembro del cuerpo técnico del Barça que dirigió Pep Guardiola. El tiempo da y quita razones, y lo cierto es que se la ha dado al ahora entrenador del Bayern, quien vio claro cuándo había terminado su etapa como técnico culé. Luis Enrique se las prometía muy felices cuando regresó al Camp Nou, ahora como técnico del primer equipo. “Los líderes no se pueden imponer, surgen de forma espontánea”, aseguró tras sus primeros días al frente del equipo azulgrana. “En mi caso, yo ya soy un líder, yo lidero a mis equipos, si consigo o no tener ascendencia con los jugadores ya te lo diré”, añadió. 

Pero muy poco ha tardado Luis Enrique en comprobar quién es el verdadero líder, aunque habría que decir amo, del vestuario del Barça. A diferencia de Guardiola, que supo sacar lo máximo del argentino antes de tener que ceder ante la dictadura que ha impuesto, el asturiano no ha demostrado ni capacidad ni mano izquierda suficientes como para hacerlo. Ver a su banquillo riéndose tras el autogol de Jordi Alba en Anoeta, con Neymar diciéndole a Messi que calentara, dice muy poco del respeto que le tienen sus jugadores. 

"Me gustaría que Leo acabara su carrera en el Barça", dijo Guardiola recientemente. Pep lo dice ahora que él no está y el problema lo tiene otro. Nadie puede negar lo mucho que Messi le ha dado al Barcelona, pero los que están dentro también saben lo que les está quitando, sobre todo desde que empezó a pensar en irse, pero comprobó que no es tan sencillo. Con una elecciones convocadas a final de temporada y en un año en el que el Barça tiene prohibido fichar tras la sanción de la FIFA, gestionar a Messi es prioritario para el club que todavía preside Josep María Bartomeu.   

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