La quedada de Alonso en Tokio que acabó en un 'fiestón' cancelado por la Policía
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NO SE PODÍA GARANTIZAR LA SEGURIDAD

La quedada de Alonso en Tokio que acabó en un 'fiestón' cancelado por la Policía

Alonso organizó una quedada de fans para promocionar su marca de ropa, pero acudió una multitud de gente que obligó a cancelarlo. La reacción de los japoneses no dejó indiferente a nadie

placeholder Foto: Pancarta en el pasado GP de Malasia. (EFE)
Pancarta en el pasado GP de Malasia. (EFE)

El evento estaba previsto a las 16:30, en una estatua cercana al cruce. Minutos después, Alonso dejaba este mensaje en Instagram. "Habéis superado todas las expectativas... No hemos podido hacernos la foto juntos porque la Policía nos ha pedido evitarlo por seguridad. ¡Lo habéis petado!". Nadie, ni siquiera Alonso, contaba con que acudirían tantas personas a verle. La aglomeración era tal, que la Policía tuvo que cancelarlo por no cumplir unas mínimas medidas de seguridad. Y no sin algún momento de tensión entre medio. En una metáfora, lo que prometía ser una quedada discreta acabó en un 'fiestón' que se le fue de las manos.

"Hacer un acto aquí es muy optimista..."

Alonso apareció ante el público, pero desde una cristalera en la estación del metro. Bajar a saludar a toda esa aglomeración hubiera generado un 'caos' que ni los más de diez agentes de policía trasladados serían capaces controlar. La quedada se anunció de forma discreta y sólo en las redes, pero la gente se empezó a amoltonar desde una hora antes. Una aficionada traía una camiseta con una imagen suya con Alonso para que se la firmara. Lo mismo en muchos otros con gorras de McLaren... e incluso banderas de España. Salvo por los rasgos asiáticos, cualquiera pensaría en algunos puntos que era la afición de Montmeló. Todo eran sonrisas y emociones.

placeholder Una aficionada muestra su camiseta en Tokio. (Foto: El Confidencial)
Una aficionada muestra su camiseta en Tokio. (Foto: El Confidencial)

Poco duró el entusiasmo. El entorno de Alonso empezó a discutir con la Policía a las 15:30. Avisaron con antelación de que se produciría el evento y no veían grandes impedimentos in situ, pero la seguridad es un punto inestimable en la tranquila vida pública de Japón. Los agentes se oponían por tres bandas: el exceso de gente, la mala ubicación –el cruce más transitado del mundo–, y una 'ola humana' con efectos desconocidos para el tráfico. A golpe de megáfono, se anunció la cancelación. "Hacer un acto así, en este sitio, era muy optimista", contaba a este diario un periodista que medió en las negociaciones. Pero ni siquiera esto ocultó la magia del evento, aquella que los japoneses ya se habían encargado de construir por su cuenta.

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Una reacción ejemplar de la afición

El evento ya estaba cancelado, pero la gente seguía en pie junto a la estatua. Se resistían a marcharse, quizá con la esperanza de que Alonso bajara de la estación de metro a saludar en cuanto se disolviera toda la montonera. Pocas veces iban a coincidir con su ídolo de forma tan distendida (en plena calle) y en un acto tan espectacular. De ahí que no se movieran, también impulsados por un típico rasgo cultural japonés del 'honor' a sus ídolos, ese mismo que les hará llenar otra vez las gradas de Suzuka este jueves... aunque ni siquiera vaya a haber actividad en pista. Para la mayoría, algo incomprensible. Para ellos, una respuesta emocional.

placeholder Asturias en Japón. (Foto: El Confidencial)
Asturias en Japón. (Foto: El Confidencial)

"Alonso es el mejor, es mi ídolo", contaba una aficionada japonesa, que traía todo el 'merchandising' completo de McLaren y una pequeña bandera española. Hubo incluso un 'fan' que se prestó a la Policía como traductor de japonés a inglés con tal de solventar el problema y conocer a Alonso. Tampoco faltaban banderas de Asturias, e incluso camisetas nostálgicas de Ferrari. Una la llevaba un aficionado que estuvo esperando junto a la estatua con más de una hora de antelación. Cualquiera hubiera esperado una reacción de rechazo ante lo que luego iba a ocurrir. Pero Japón (y Shibuya) juegan en otra liga.

En cuanto se anunció la cancelación, el público japonés permaneció en absoluto silencio. No se escuchó ningún abucheo, ni pitido, ni ruido. Lo más destacable eran algunas caras de tristeza y decepción. Muchas de ellas contenidas, como la de un aficionado que se había presentado ante una persona de confianza de Alonso y acabó pidiéndole a él 'un selfie' para compensar la ausencia de su ídolo. "Al menos le vamos a ver en Suzuka", era la reacción generalizada. Alonso venía a alentar este sentir cuando al final de su mensaje prometía "hacer algo grande" este fin de semana en el circuito...

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Porque Alonso eligió hacer este acto en Tokio a buena conciencia, de cara a un público muy leal que siempre le ha amado. "Pase lo que pase, ahí estaremos", insistía aquella aficionada con la ropa de McLaren. Fue de las últimas en marcharse. Poco después, Shibuya recomponía su vida propia. Con los hombres en falda, los zapatos de plástico y los perros con luces. Porque así como éste no es un sitio normal, lo que planeaba Alonso tampoco lo parecía. Quizá cayera preso de su amor por esta ciudad, donde ni siquiera la 'normalidad' de la Policía empañó el ímpetu desmedido de los japoneses o toda la ilusión que había puesto Alonso. Una locura. Tokio...

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