EL ACCIDENTE DE DIDIER PIRONI CON ALAIN PROST

Hockenheim 1982: el horror que cambió a un gran piloto para siempre

Favorito para ganar el título aquella temporada, el Ferrari de Didier Pironi salió por los aires. Lo que vio allí Prost transformó su visión de las carreras en agua

Foto: Hockenheim 1982: el horror que cambió a un gran piloto para siempre

7 de agosto de 1982. Circuito de Hockenheim. “Su coche me adelantó en el aire…”. Varios pilotos pararon, Nelson Piquet entre ellos. Cuando vió el Ferrari totalmente destrozado, sintió nauseas. Al volver con su monoplaza a boxes, estaba llorando. “Arrivederci mondiale” dicen fueron que las primeras palabras que pronunció Enzo Ferrari al enterarse del accidente. Alain Prost, después de aquel día, nunca más fue el mismo piloto cuando aparecía la lluvia.

Ferrari todavía estaba intentando recuperarse del brutal impacto de la muerte de Gilles Villeneuve, el 8 de mayo anterior, en Zolder. Didier Pironi encabezaba la clasificación del campeonato y era el gran favorito, un estímulo para todos en tiempos tan complicados. Ningún francés había logrado el título todavía. El 126 C de Ferrari era ligeramente superior a sus rivales aquella temporada. Ahora, Didier Pironi yacía atrapado por el amasijo de hierros en que se había convertido su Ferrari.

Una pared blanca de agua

El día anterior, Pironi había quedado sorprendidoante el dominio del 126 C “por haber sacado un segundo a los Renaults y BMW”. En la primera sesión de libres del sábado, el diluvio era impresionante. El francés no tenía necesidad de salir a la pista con semejante dominio, pero quería probar un nuevo compuesto de goma para la lluvia.

 

 

Era su cuarta vuelta y ya había pulverizado los tiempos de sus rivales con gran margen. Salió lanzado de la chicane, a toda velocidad para afrontar la última gran recta de la pista. Por delante, rodaban los monoplazas de Alain Prost y el irlandés Derek Daly, camino de la curva de derechas que daba entrada al enorme estadio de cemento del trazado.

“Iba reduciendo la velocidad para entrar en boxes al final de esa vuelta”, explicaría después Prost. “Rodaba por la izquierda, quizás a unos 200 km/h, y Dereck me adelantó por la derecha”. La cortina de agua dejada por el Williams del irlandés era una muralla blanca. Pironi pensó que Daly le dejaba espacio libre para pasar y se tiró a la izquierda, pero oculto entre la pared blanca estaba el Renault de Alain Prost.

Una visión horrorosa

“Didier iba muchísimo más rápido que yo y su coche me adelantó por el aire”. La rueda delantera izquierda del Ferrari hizo el ‘afilador’ con la trasera derecha del Renault y el monoplaza de Pironi despegó. “Aterrizó con la caja de cambios primero, justo delante de mí y empezó a dar vueltas. Fue terrible, incluso tuve miedo de golpearle porque yo no podía frenar, la parte trasera derecha de mi coche se había desintegrado”.

El Ferrari aterrizó, afortunadamente, ‘de pie’, pero pegó violentamente en el raíl de la parte derecha de la pista. Cuando se detuvo, el casco del piloto francés no se movía. Prost paró y se fue corriendo hacia el monoplaza. “Vimos que intentaba mover su brazo izquierdo. Estaba vivo, consciente, considerando la violencia del accidente, fue algo increíble”.

Piquet paró violentamente su monoplaza y salió corriendo hacia los restos del Ferrari. Le quitó el casco a Pironi. “Ver a Didier fue horroroso, verdaderamente horroroso”, recordaría Prost ante la visión de las heridas del francés, sobre todo en las piernas, la derecha, las rodillas y tobillos. Las asistencias médicas tardaron media hora en sacarle de su monoplaza. No sólo estaba atrapado en el amasijo de hierros, también había que estabilizar sus constantes vitales antes de ser evacuado en helicóptero.

Ridiculizado en Silverstone 1988, frente a Senna

Lo que vivió en Hockenheim determinaría la actitud de Prost en el futuro cuando llovía en una carrera. Incluso Ayrton Senna llegó a ridiculizarle en alguna ocasión por ello así como una parte de la prensa. “Aquel accidente me horrorizó”, reconoció después. “Me fui al motorhome de Renault y me quedé solo con Gerard Larrousse (uno de los responsables del equipo). Me dijo que intentara volver a la pista lo antes posible. Voy a volver al coche, pero te aseguro que, desde hoy, haré lo que quiera cuando llueva, seré el único juez para decidir lo que hay que hacer”, le contestó el francés.

En el Gran Premio de Gran Bretaña de 1988, bajo la lluvia, Prost decidió abandonar sin causa aparente. Era la primera prueba en mojado desde 1985. Después explicaría que el comportamiento de su monoplaza era infame, producto de un toque en la primera vuelta, algo que más tarde le confirmaron en el equipo: “Sabía que podía perder el campeonato, pero cada uno hace lo que quiere con su coche y su vida; decidí parar”.

Efectivamente, Prost perdió el título en la última carrera frente a Senna. Siempre frente al espejo del brasileño, un piloto magistral en lluvia, sin temor a cualquier maniobra en la pista, el francés era retratado como timorato con la primera gota de agua, una fama que quizás injustamente le acompañó durante toda su carrera.

“La gente decía que no podía pilotar en agua, pero era realmente bueno. Vale, era mi opinión, pero cuando se juntaban el aquaplanning y la baja visibilidad, nunca quise correr riesgos. Siempre pensaba en Didier. ¿Cómo le contaba yo eso a la prensa?”. Las imágenes de aquel día siempre rondaron por su cabeza. Alain Prost sería al final el primer campeón del mundo francés.

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