Mario Andretti, el sueño que Ferrari sólo hizo realidad por un día
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UNA CARRERA ÚNICA EN EL AUTOMOVILISMO

Mario Andretti, el sueño que Ferrari sólo hizo realidad por un día

Talento singular, pasión incombustible, y un carisma único. Mario Andretti fue campeón del mundo en 1978. Pero no ha habido ningún otro piloto como él

Foto: Mario Andretti posa en el podio del GP de EEUU de 2012 junto a Vettel, Hamilton y Alonso.
Mario Andretti posa en el podio del GP de EEUU de 2012 junto a Vettel, Hamilton y Alonso.

5 de septiembre 1954. Gran Premio de Italia, Monza. Tras la verja del circuito, un niño de 14 años quedódeslumbrado ante lo que veía en la pista. “El evento más importante en definir mi vida, es imposible para mí describir lo que sentí aquellos días...Fue el foco, la dirección de mi vida…”. Y se prometió imitara Alberto Ascari, su héroe.

Monza, 11 de septiembre de 1982. Ferrari había perdido a Gilles Villeneuve y a Didier Pironi. Para sustituir al francés, Enzo Ferrari llamó urgentementea aquel niño de tres décadas atrás. Es fama quepocas veces se ha escuchadounclamor como el que se vivió cuandopasó por meta para lograrla pole del Gran Premio de Italia. Aquel niño, aquel piloto, se llamaba Mario Andretti.

De las pistas de tierra a las 500 Millas deIndianápolis

La familia Andretti emigróa Estados Unidostras haber vividoen un campo de refugiados después de la Segunda Guerra Mundial. Aquello curtiósu carácter e hizo de él un ser humano singular. Nada más llegar, Mario y su hermano gemelo,Aldo, buscaron dinero por todos lados paracompetir en los ‘midget car’ americanos, una selva en la quese luchaba por sobrevivir incluso físicamente. “En dos carreras seguidas perdimos cuatro pilotos, pero esa era la realidad de aquellos días”, recordaba Andretti, “no querías intimar con nadie porque no sabías si seguirían vivos”. Progresó, ymeteóricamente.

Era un 'rookie', pero ganó en su primera temporada completa el título de laIndy (Fórmula 1 americana).No extrañaque Colin Chapman se enamorara de Andretti, al que conoció cuando competía en Indianápolis con Jim Clark. El italo-americano le confesóque algún díaquerría probarla aventura de la Fórmula 1. “Cuando estés listo, llámame”. En 1968 llamóy Chapman le dejó un Lotus 49. Logró la pole en su debut, en el Gran Premio de Estados Unidos.

"La guinda en el pastel"

En los primeros setenta acudía a la Fórmula 1 cuando sus compromisos americanos se lo permitían, a veces con Lotus, otras con Ferrari. En 1971 ganó con la Scuderia el Gran Premio de Sudáfrica. “Enzo Ferrari quiso que firmara allí mismo,hubiera sido la guinda del pastel”, recordaba Andretti, “siempre dije que el día más feliz de mi vida fue cuando me convertí en ciudadano americano, pero un pasaporte no cambiará mi sangre italiana en las venas. Quería firmar comoloco, pero mis contratos en América me lo impedían…”.

Andretti era ya una estrella en América cuando Colin Chapman le pretendíay por ello tardóaños en conseguirle para Lotus. Cuando se reunieron por primera vez para negociar, Chapman le dijo: “Mario, siempre quiero hacer los coches lo más ligeros posible”, “bien Colin, y yo quiero vivir tanto como sea posible, así que creo que tenemos que hablar…”.

Un carisma único

Al margen de su talento,Andretti tenía unapasión absolutamente incombustible,raras veces vista incluso entre los más consumados profesionales. “Hubo un tiempo de mi vida, un largo período, donde no tenía carreras suficientes. Mi mujer me decía: “¿No puedes tomarte un fin de semana libre?". Echando la vista atrás, no pudey no por un año, sino por muchos”. Viajaba desde localidad a la que emigró su familia, Nazareth (Pensilvania), porque siempre vivió en la calle que luego fue bautizada con su nombre. Por ello, fue el primer piloto que incluyóbilletes de primera clase en su contrato con Lotus, y el Concorde se convirtió en una rutina para él. “Podía llegar del viaje, coger su coche de alquiler, e irse directamente a los entrenamientos sin la mejor señal de jet lag”, contaban en Lotus. Y luego, volvía a casa. Así, cada fin de semana.

Pero, por encima de todo, Mario Andretti rezumaba un carisma único. Llenabasu entorno con un magnetismo especial. Sereno y firme, duro y amable, era un maná para la prensa porsu seco sentido del humor y sus lacónicas declaraciones. “En la Fórmula 1 no adelantamos por fuera”, le dijo James Hunt tras echarle fuera de la pista en el Gran Premio de Holanda de 1977. “De donde yo vengo, adelantamos por donde queremos”, le contestó el americano en la discusión posterior.Cuando en Francia 1978 se salió espectacularmente de la pista en los entrenamientos,al preguntarlepor el incidente contestó a la prensa: “Buen plan de vuelo, mal aterrizaje”.

"Como si estuviera pintado sobre el asfalto”

Así que en 1976 fichó finalmente porLotus y aquel año ganó el famoso Gran Premio de Japón. En 1977 fue el piloto con más triunfos, y sólo lafiabilidad le impidió ganar el título. Pero lo logró al año siguiente con el famoso y bellísimo Lotus 79 (“va como si estuviera pintado sobre el asfalto”, decía del coche y su enorme adherencia). Desgraciadamente,confirmóel títuloel mismo día que fallecía su compañero de equipo, Ronnie Peterson, tras suaccidente de Monza. No pudo celebrarlo.

A finales de aquel año, Ferrari volvió nuevamente a la carga yaceptó sus condiciones iniciales sin pestañear, pero Chapmancontraatacó con nuevos patrocinadores para satisfacerlas. “Pedí 750.000 dólares a Ferrari, tenía que haber pedido un millón…”, bromearía después. Pero Lotus falló a partir de 1979. Luego Andretti fichó por Alfa Romeo, a la postre un fracaso deportivo. Volvió a los Estados Unidos a partir de 1982, con algunas apariciónes esporádicas en Fórmula 1, comola deMonza. Compitió hasta los 54 años enel equipo propiedad de Paul Newman, quien incluso puso la voz a uno de los mejores documentales sobre Andretti. Cuando se retiró, tras cuatro décadas en activo, no se había roto ni una costilla en accidentes.

"No podíamos creer la suerte que tuvimos al ficharle"

Peter Warr,mano derecha de Colin Chapman y luegomáximo responsable de Lotus,recordaba en su biografía(“My View from the Pit Wall”)que “con 36 años, nos encontramos con el profesional último, alguien que nunca tenía un día “off”, y cuya vasta experiencia significaba que no había una situación con el coche, los neumáticos o la pista que no hubiera experimentado antes. Y era muy, muy rápido, hasta en la lluvia. Ninguno de nosotros se podía creer la suerte que tuvimos de ficharle cuando el equipo no estaba en sus mejores momentos”.

Warr,no tenía palabra negativa sobre Andretti, y hablaba de “talento natural”, “coraje” , “habilidad como piloto”, pero también de “su encanto increíble, su amabilidad y sensacional sentido del humor”, con un epílogo del que pocos pueden presumir: “Mario añadió algo a cada equipo en el que estuvo, y enriqueció las vidas de todos aquellos que fueron lo suficientemente afortunados para trabajar con él”. Hoy en Estados Unidos, Andretti es una auténtica leyenda. No en vano, fue él quien dio la primera vueltaal Circuito de las Américas. Con su Lotus 79.

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¿Elpiloto más completo de la historia?

Cojan aire y lean de corrido, por favor: Campeón del Mundo de Fórmula 1 (1978), ganador de las 500 Millas de Indianápolis (1969) de las 500 de Daytona (Nascar), ganador en cuatro ocasiones de la Indy americana, participó en las 24 Horas de Le Mans en cuatro décadas diferentes (fue segundoen 1995, el único gran éxito que le falta). Cuando ganó su última carrera en la Indycar, en 1993, fue el primero en lograr victoriasdurante cuatro décadas diferentes. Vale, vuelvan a respirar, todavía habría más, pero mejor paramos aquí… Y luego, decidan ustedes mismos.

Aquel 11 de septiembre de1982, en Monza, puso finalmente la guinda a la tarta con Ferrari, que siempre suspiró por él. No es de extrañar que los tifosi enloquecieran como pocas veces se ha visto en Monza."Vine a estemundo a conducir coches de carreras...".Si es que Mario Andrettihasta teníanombre de piloto...

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